lunes, 29 de septiembre de 2014

Pujol está tranquilo / Joaquín Abad *

Y es que me da que en el caso Pujol, si, en el caso del que fue presidente de la Generalitat durante más de veinte años, hay gato encerrado. La pasada semana lo vimos, en esa comparecencia en el parlamento, abroncando a los diputados que le pedían explicaciones. Argumentando que gracias a que su padre era un contrabandista de divisas y de algodón, la industria catalana floreció. Vamos que era lícito delinquir para beneficiar a la nación... Y con esos mimbres, y muchos otros, la verdad es que muchas familias catalanas son ahora muy pudientes.

Porque ya lo vienen diciendo desde siempre. Detrás de una gran fortuna siempre hay un origen delictivo. Y la fortuna de los Pujol, padre, hijo, nietos, no es diferente. Pero además, en el caso de Jordi, durante tantos y tantos años los gobiernos de Felipe González, los gobiernos de Aznar y los gobiernos de Zapatero han mirado para otro lado mientras se lucraban con el tres, cuatro o cinco por ciento de las famosas comisiones denunciadas en sede parlamentaria por Pascual Maragall. Y por supuesto, si miraban para otro lado sería por algo. Si dejaban que durante treinta años se delinquiera habría algo a cambio. Si, claro, razones de estado.

Y se le notaba a don Jordi que estaba muy tranquilo. No por la vergonzosa defensa de CiU, atacando a los parlamentarios en lugar de pedir explicaciones al Honorable. Se le notaba tranquilo porque, entre otras cosas, gracias al fiscal de Barcelona la banca andorrana no revelará los movimientos de los millones de la familia en ese país. La jueza adorrana basa su negación a que el fiscal de Barcelona, en agosto, se negó a que se formara una comisión rogatoria para indagar, in situ, sobre la fortuna oculta en bancos andorranos.

Pues ya lo saben, lectores. A la fiscalía, que obedece criterios jerarquizados, se le ordenó que no colaborara en el caso Pujol. Algo oculta el gobierno. Los sucesivos gobiernos, para ordenar a su ministerio fiscal, ese que generalmente muerde como un perro rabioso, a que se convirtiera en un lindo gatito zalamero y en favor de la tesis del abogado del delincuente. Hay gato encerrado, seguro.
(*) Periodista y editor de www.muyconfidencial.com

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