domingo, 29 de junio de 2014

Nueva generación / Joaquín Abad *

Me temo que en España se está produciendo un cambio de ciclo. Pero no un cambio de ciclo económico, sino un cambio de ciclo generacional de la clase política. Porque hasta ahora nos han gobernado los hijos del franquismo, en democracia, claro. Pero casi todos los miembros de los sucesivos gobiernos tenían lazos familiares con personajes del antiguo régimen. De los colegios marianistas salían las hornadas, que luego gobernaban, y eran nombrados altos cargos simplemente por haber sido compañero de pupitre del presidente.

Lo del 15-M en la Puerta del Sol marcará un antes y un después. Porque será un después de casi cuarenta años de gobiernos democráticos en el nombre, pero no en la forma. Cuarenta años de partidos que imponían en lista cerrada a sus candidatos. Y estos, los candidatos, no eran elegidos por los militantes. Nada de eso. Eran elegidos por los aparatos de los partidos, donde se cocinaban nombres, comisiones de las grandes empresas...

Hay una corriente imparable que quiere renovación. Sí. Una renovación del rey abajo. Rubalcaba parece que por fin lo ha comprendido y se retira. Como se van a retirar toda una vieja guardia que todavía quiere teledirigir los aparatos de los partidos para seguir influyendo. Para seguir beneficiándose de esas grandes empresas que les ponen de consejeros, les dan sueldo sólo por figurar, que no por trabajar. 

El fenómeno podemos ya está contagiando a casi todos los partidos. Hasta en Izquierda Unida van a proponer que Alberto Garzón contrarreste al "coletas". Y los aparatos que durante cuarenta años han llevado a este país a la ruina, al despotismo, a la corrupción generalizada, pues les quedan dos pelados. 

Y la corriente afectará incluso al Partido Popular. Ya lo verán. O salen nuevos líderes en la derecha o la izquierda sociológica se impondrá a un reducido grupúsculo de populares que por la inercia conservarán algunos ayuntamientos, pero me temo que el gobierno caiga en otras manos. Y no se equivoquen. La muñeca diabólica de La Moncloa no tiene gancho, aunque está muy bien preparada y tiene mucho mérito, pero no vale como cartel electoral, por mucho que Rajoy la prefiera. La cuenta atrás ya ha empezado.
(*) Perriodista y editor de www.muyconfidencial.com

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