miércoles, 27 de julio de 2011

El FMI avisa del riesgo de un "choque de generaciones" en países avanzados

NUEVA YORK.- La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, ha advertido de que las economías avanzadas se enfrentan a un "choque de generaciones" por las dificultades de los jóvenes para acceder a un empleo en contraste con la defensa por parte de las generaciones mayores de sus beneficios en materia sanitaria o de pensiones, por lo que es necesario el "tipo de crecimiento correcto" que permita crear puestos de trabajo.

   En un discurso pronunciado en Nueva York, la directora gerente del FMI destacó que los principales desafíos para la economía global son la resolución de los problemas de deuda soberana, tanto en Europa como en EEUU, así como el crecimiento económico en sí mismo, cuestiones que, sin una adecuada respuesta pueden alentar una inestabilidad social como la observada en los países del norte de Africa y Oriente Medio.
   A este respecto, Lagarde subrayó que la crisis de deuda soberana en Europa refleja los problemas de una unión monetaria y económica "incompleta" y reconoció que "incluso tras las duras medidas estructurales adoptadas por los países afectados, los mercados no están convencidos de que se trate de soluciones duraderas".
   En este sentido, la ex ministra francesa de Economía reclamó a los líderes europeos una "rápida implementación" de los compromisos adquiridos en la reciente cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona.
   Por otro lado, Lagarde subrayó que en EEUU "el reloj no se detiene" respecto al límite de endeudamiento y advirtió de la necesidad de que esta cuestión debe "resolverse inmediatamente", ya que, de no hacerlo, habría consecuencias graves para el resto del mundo.
   Asimismo, la directora gerente del FMI añadió que, aparte de un acuerdo para ampliar el techo de deuda en EEUU, es necesario un plan "creíble" de ajuste fiscal.
   No obstante, Lagarde advirtió de que las medidas de consolidación anunciadas en la actualidad, tienen a corto plazo un impacto negativo, por lo que expresó la oportunidad de aquellas medidas aprobadas ahora, pero cuyos efectos sobre el déficit se produzcan cuando el crecimiento sea más robusto.
   "A corto plazo, el impacto probablemente será negativo (...) por esta razón las medidas aprobadas ahora, pero que reducen los déficit en el futuro, cuando la recuperación sea más robusta, serían de particular ayuda", destacó Lagarde, quien señaló que, a largo plazo, la reducción de la deuda puede estimular la actividad económica al reducir los tipos de interés reales y dejar margen para rebajas fiscales.
   Así, Lagarde recomendó a las economías desarrolladas, donde la crisis ha provocado "cicatrices profundas", un cambio en sus políticas para recuperar el terreno perdido durante la crisis.
   En el caso de EEUU, la directora del FMI indicó la posibilidad de que se produzca una recuperación sin creación de empleo, por lo que reiteró que la necesaria consolidación fiscal al mismo tiempo no debe ser excesivamente precipitada y debe contemplar políticas activas de empleo para frenar el alza del paro estructural.
   En el Viejo Continente, Lagarde, destacó que la destrucción de empleo fue menor que en EEUU, por lo que el mayor desafío debe ser la competitividad, para lo que destacó la necesidad de profundizar en la integración de los mercados.

martes, 19 de julio de 2011

Esta insoportable levedad / Juan Luis Cebrián *

Hace poco más de un mes asistí en Madrid a varios debates entre intelectuales, políticos, empresarios y ciudadanos del común. A pesar de reunir muy diferente y variopinta asistencia, en todos ellos tuve ocasión de comprobar el singular sentido de ánimo de la sociedad capitalina (creo que la española en general) ante lo que podríamos llamar, parodiando a Kundera, la insoportable levedad del devenir de España. Dos de esos actos estaban relacionados directamente con la recuperación de la memoria colectiva. Uno fue organizado por la Asociación de Defensa de la Transición y el otro, por la Fundación Fernando Abril Martorell, que otorgaba el Premio de la Concordia a Antonio Muñoz Molina. Salvo el incombustible Enrique Múgica y yo mismo, creo que prácticamente no hubo coincidencias entre los presentes en ambas ocasiones. Sin embargo, resultaron tan evidentes la convergencia de actitudes y lo similar de las preocupaciones allí expresadas, que bien puede entenderse que reflejaban un verdadero estado de opinión. Gentes de derechas, de centro y de izquierdas, antiguos comunistas y viejos franquistas arrepentidos, católicos fervientes y ateos recalcitrantes, mujeres, hombres, profesores, jueces, militares, diputados, periodistas e intelectuales, reclamaban, con la serena parsimonia de su experiencia y la firmeza de su convicción, una recuperación del consenso y el pacto como únicas vías para salir del agujero en el que parece hundirse la sociedad española.

Por los mismos días me reuní en un par de escuelas de negocios con jóvenes empresarios y directivos, la mayoría de ellos bien instalados, y con otros profesionales y universitarios víctimas del paro, algunos de ellos ocasionales pero frecuentes visitantes, como tantos ciudadanos, de la acampada de los indignados en la Puerta del Sol. Eran gentes nacidas en los años setenta y ochenta, algunos más jóvenes aún, cuyos puntos de vista no divergían mucho de los de la generación de sus padres y coincidían en una expresión de simpatía hacia el movimiento del 15-M, por más que algunos se sintieran molestos por la invasión de la vía pública.

Todo ello me sirvió para comprobar la existencia de un creciente malestar que no conoce fronteras ideológicas, generacionales ni de clase social. Puede pensarse que cuanto nos sucede se resume en la profundidad de la recesión económica y la atribulada gestión de la misma. En muchos países europeos, los Gobiernos y los partidos que les sustentan vienen siendo contundentemente desalojados del poder central o local por los electores, en busca de una alternativa posible que mejore la vida de los ciudadanos. Pero la crisis no es solo económica, aunque sus efectos sobre el aumento del paro y el descenso de nivel de vida de las gentes sean los más inmediatos y dolorosos, sino también política y de convivencia. Es además sistémica no únicamente en lo financiero, sino que afecta de lleno al modelo de organización social y al desarrollo individual y colectivo de las gentes. El descontento español, griego, islandés o portugués, ahora italiano también, anida con diferentes expresiones en muchas otras latitudes, y en el norte de África y Cercano Oriente comienza a cuajar en guerras civiles larvadas, o no tan larvadas, como las de Libia y Siria. La falta de liderazgo, en ocasiones capaz de afirmarse solo por la fuerza, la resistencia al cambio de quienes ocupan posiciones establecidas y la inflexibilidad de la respuesta frente a un mundo en continua ebullición, no harán sino prolongar la decadencia de una realidad insostenible.

Nos enfrentamos, desde luego, a problemas globales, por lo que las soluciones lo tienen que ser también. Pero la expresión local de unos y otras evidencia las carencias del Estado-nación a la hora de enfrentar estas cuestiones. Eso explica la deriva hacia el populismo de tantos líderes políticos, dispuestos a deslizarse sin mayores cauciones por la senda del proteccionismo comercial, la xenofobia racista y la insolidaridad. El cortoplacismo, atizado por la frecuencia de comicios de todo tipo y las urgencias de las campañas electorales, caracteriza la mayoría de las decisiones de los dirigentes occidentales, que no entienden su incapacidad de competir con algunas sociedades emergentes en las que el calendario -como en el caso de China- corre a diferente velocidad que en el resto del mundo.
Sobresale el distanciamiento entre la clase política y los ciudadanos, no solo en los regímenes dictatoriales o autoritarios, sino en democracias más o menos consolidadas. Los acampados en las plazas protestan contra el sistema sobre todo por haber sido excluidos de él. Están contra los partidos, los sindicatos, los banqueros y... los periódicos, o los medios de comunicación en general. A todos se mide por el mismo rasero, como integrantes de una casta reacia a propiciar los cambios que la gente demanda. A todos se les reprocha ignorar que las nuevas tecnologías de la comunicación han empoderado a los pueblos más que algunas de las instituciones democráticas que rigen la vida de los países. Y en todos los casos aspiran a más participación ante lo que consideran el fracaso de la representación política. Los reclamos de reforma de la ley electoral, o contra la presencia de imputados en las listas, se basan en la percepción, desde mi punto de vista acertada, de que los representantes no nos representan, o lo hacen cada vez menos. No digo esto a la búsqueda de alguna popularidad que no merezco entre los nuevos levantiscos. Hace un cuarto de siglo, en mi libro El tamaño del elefante, escribía: "No es ya el Parlamento el que controla al Gobierno, sino el Gobierno el que controla a la mayoría parlamentaria, la diseña de antemano.... Y de acuerdo con los sondeos electorales, la domestica, la manipula y utiliza... Una reforma de todo el sistema de representación política en España es necesaria si se quiere que la democracia avanzada que la Constitución define se haga efectivamente realidad". A partir de aquella fecha, los problemas no han hecho sino empeorar en ese terreno. Ahora se ven agudizados por la profundidad de la crisis, la destrucción de empleo, la falta de horizonte de las nuevas generaciones y la perplejidad e irritación que producen ver a los dirigentes políticos disputarse el poder por el poder, reproduciendo promesas que nunca se cumplen y rindiendo tributo a una demagogia persistente e inútil.

Algunos comparan las revueltas juveniles de ahora con los acontecimientos de Mayo del 68. La escenografía es en parte similar, con esas chicas ofreciendo flores a los robocops policiales, remedando imágenes de una época en la que los manifestantes entonaban el haz el amor y no la guerra. Pero pese a la idílica utopía del movimiento hippie, Mayo del 68 acabó siendo violento, y mayo del 2011 apenas lo ha sido. Las revoluciones han perdido prestigio y habrá que esperar a ver en qué desembocan los acontecimientos del norte de África para saber si son capaces de recuperarlo. En el entretanto, conviene no desdeñar el significado de las protestas. No es solo la representación política lo que está en entredicho, sino un entramado institucional anquilosado y clientelista que sume a los ciudadanos en la desesperanza y el desasosiego.

Por lo mismo, hace años que deberíamos haber encarado una reforma constitucional que actualizara la gobernación de este país. Una reforma capaz de instaurar un Estado federal moderno, culminando y corrigiendo el proceso de las autonomías, que cuestione la provincia como distrito electoral y establezca las prioridades para las próximas generaciones de españoles. Un programa así exige no solo un liderazgo del que hoy carecemos, sino una voluntad de acuerdo en la política que permita abordar también, de manera urgente y eficaz, la reforma del sistema financiero y la modernización de las relaciones laborales, sin lo que será imposible dinamizar la economía y generar puestos de trabajo. Pero mientras el país confronta la amenaza de ruina, se desvanece la cohesión territorial y aumentan los conflictos sociales. La pérdida de confianza en la gestión del actual presidente del Gobierno es clamorosa dentro y fuera de España. Es imposible suponer que de una legislatura como la que hemos padecido se derive ya ninguna de las soluciones que los ciudadanos reclaman. El deterioro preocupante del partido en el poder amenaza con desequilibrar el futuro inmediato de nuestras instituciones políticas. Y aunque su recién estrenado candidato ha procurado, con éxito inicial, devolverle la esperanza, no es imaginable que acuda a los próximos comicios sin un congreso previo que restaure su maltrecho liderazgo y diseñe un proyecto que le permita recuperar al electorado y elaborar los pactos que el futuro demanda. Para que todo eso suceda, José Luis Rodríguez Zapatero debe de una vez por todas abandonar su patológico optimismo y renunciar al juego de las adivinanzas. Los titubeos, las dudas y los aplazamientos a que nos tiene acostumbrados son la peor de las recetas para una situación que reclama medidas de urgencia. Su deber moral es anunciar cuanto antes un calendario creíble para el proceso electoral. Solo así podrán los españoles soportar la levedad del ser.

(*) Periodista

Si Zapatero quiere rendir un último servicio a su país debe abandonar el poder cuanto antes

Gestionar el final de un ciclo de gobierno no resulta tarea fácil para ningún gobernante y las circunstancias por las que atraviesa España en la actualidad no contribuyen ciertamente a allanar ese cometido. Desde que el presidente del Gobierno desatara las dudas sobre su continuidad en un comentario tan informal como irresponsable a finales del año pasado, los acontecimientos se han precipitado. Para peor. 

A la fecha nos encontramos con un país amenazado de ruina (atrapado en la vorágine de los mercados financieros desatada sobre Europa), sin perspectiva, con serios problemas de cohesión social y aun territorial, en el que cunde la desilusión entre los ciudadanos sin distinción de ideologías o de clase social. Existen motivos más que fundados para la intranquilidad, patente desde luego tanto en las manifestaciones de los indignados como en los resultados electorales de los recientes comicios.

Las turbulencias en los mercados de deuda se han cebado en España con una intensidad que no solo amenaza con estrangular las finanzas públicas, sino que asfixia también desde hace tiempo a empresas de todo tamaño al encarecer su financiación, enterrando la perspectiva de una pronta recuperación económica. 

El sendero hacia la nada por el que se precipitaron con anterioridad Grecia, Irlanda y Portugal viene siendo recorrido a trompicones también por España, pese a las bienintencionadas declaraciones de las autoridades o los anuncios continuados de iniciativas y reformas que devienen luego ineficaces por su falta de ambición inicial, o sus demoras y continuos retardos, como es el caso del sector financiero, cuya urgencia aconsejaba una diligencia extrema en su resolución. Ni el Gobierno ni el Banco de España han sido consecuentes con ello.

Sería injusto responsabilizar de todos los males a nuestras autoridades. Una parte no menor de nuestras aflicciones tiene su origen en Europa y se necesitan por ello soluciones que trasciendan las fronteras nacionales. Pero es imposible no reconocer la parvedad de la aportación española a esas soluciones. 

Más allá de la impotencia de Europa para solventar sus problemas, la pérdida de confianza en la gestión de José Luis Rodríguez Zapatero parece irreversible y el creciente escepticismo sobre la gobernabilidad española en las circunstancias actuales amenaza con acrecentar nuestros males. La crisis no es solo económica, sino también, y acaso sobre todo, política.

Hace ya mucho que las respuestas del presidente del Gobierno a los desafíos a los que se enfrenta España apenas merecen crédito alguno por parte de los ciudadanos. Las encuestas lo venían demostrando de forma consistente (una reciente coloca al Gobierno del Estado como la institución peor valorada de una lista de 39), y el escepticismo y el desconcierto fueron rubricados por el descalabro de los socialistas en las pasadas elecciones, al tiempo que crecía la contestación en la calle.

Más allá de cualquier consideración sobre el origen de las protestas del 15-M, sobre su legitimidad o sus intenciones, resulta evidente que el aprecio que han merecido por parte de la opinión trae causa del profundo malestar en el que se ha sumido el conjunto de un país con cinco millones de parados, en el que 300.000 familias han perdido sus casas en los últimos tres años, y en el que su primer gobernante es incapaz de ofrecer ninguna esperanza razonable de alivio a sus angustias.

Rodríguez Zapatero dispone de toda la legitimidad y todo el derecho para terminar la legislatura si así lo quiere y nada en las leyes le obliga a disolver las Cámaras. Pero tras el anuncio, hecho en marzo, de que no concurrirá de nuevo a las elecciones, este periódico sostuvo que sus propósitos de agotar la legislatura solo eran moral y políticamente justificables a condición de que culminase las reformas imprescindibles que asegurasen la estabilidad necesaria, política y económica, para que el país afrontara el periodo electoral en las mejores condiciones posibles. 

Esa condición no se ha cumplido. Aún peor: su incapacidad en la gestión, los magros resultados de las reformas apenas incoadas, más el lastre y la impotencia de una legislatura agónica auguran un deterioro imparable al que resulta imprescindible poner fin cuanto antes. 

A este respecto, la fecha sugerida por algunos dirigentes socialistas para celebrar elecciones (finales de noviembre) es del todo tardía. Si de verdad Rodríguez Zapatero quiere rendir un último servicio a su país, debe hacerlo abandonando el poder cuanto antes y reconociendo la urgencia de que nuestro Gobierno recupere la credibilidad perdida. Los españoles en su conjunto, y los votantes socialistas en particular, se lo agradecerán.

(Editorial de 'El País' - 18-7-2011)

lunes, 18 de julio de 2011

‘The Economist’ elogia el 15-M español

LONDRES.- Puede que no sepan lo que quieren, pero están empezando a conseguirlo". Con estas palabras el semanario The Economist define al movimiento de los indignados, a los que la publicación británica califica como los más "serios" de Europa.
  
En el artículo, recogido en el último número de la revista, se detallan algunas de las "victorias" del movimiento y se valora el hecho de que sus "educados" miembros las hayan conseguido sin la necesidad de lanzar piedras o ser reprimidos por gases lacrimógenos.
De los logros del movimiento, The Economist señala algunos de los anuncios del candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba. 
Entre ellos, la reforma electoral basada en el modelo alemán y su alusión a la responsabilidad de los bancos en la crisis hipotecaria. Un guiño a las protestas que la publicación califica de "educado", pero del que critica sus "trazas de populismo". Además, el semanario atribuye a la presión ejercida por el 15-M la rápida aprobación en el Congreso de medidas de protección para los embargados o el impulso al anteproyecto de Ley
Pero la publicación tampoco ignora los puntos débiles del 15-M y recuerda las protestas frente al Congreso en las que había "más diputados dentro [de la Cámara] que manifestantes fuera [de ella]". También critica a los indignados su falta de concreción a la hora de afirmar "qué representan" y su sistema asambleario "terriblemente lento". El artículo subraya que el vicepresidente Manuel Chaves comparó las asambleas del 15-M con las del ficticio Frente Popular de Judea que aparece en la comedia La vida de Brian.
No obstante, recuerda que el 80% de los españoles apoyan al movimiento y destaca las "buenas maneras" como su punto fuerte, a pesar de incidentes violentos como el bloqueo del Parlament de Catalunya, que, según el semanario, no han minado la popularidad del 15-M. 
La simpatía que generan los indignados, prosigue, tiene que ver con su conexión con el malestar que sienten muchos ciudadanos españoles hacia los políticos, que trasciende la ideología "izquierdista" incluso de "extrema izquierda", afirma- de muchas de sus propuestas.
"No sólo la gente de izquierdas está indignada", prosigue el artículo. 
En este sentido, el texto contrapone la buena acogida que ha tenido al 15-M con el escaso 4% de votos que obtiene Izquierda Unida en las urnas. El semanario también da cuenta de los motivos de indignación entre los que señala la corrupción de las administraciones locales y autonómicas, el desvío de fondos de la SGAE o el caso Botín, según recoge 'Público', de Madrid.

Rosell pide acabar con los funcionarios "incumplidores" y con quienes se apuntan al paro "porque sí"

MADRID.- El presidente de CEOE, Juan Rosell, ha expuesto sus recetas para facilitar la salida de la crisis en España y, entre otras cosas, ha señalado que hay que acabar con los funcionarios "prepotentes e incumplidores" y con aquellas personas que se apuntan al paro "porque sí".

   "Quien se apunte al paro porque sí, habrá que decirle que no", ha dicho Rosell, que ha añadido que todos los parados que estén inscritos en los servicios públicos de empleo deben formarse al mismo tiempo que cobran la prestación.
   En relación con los funcionarios, ha apostado por evaluarles y hacerles ver que "no son dueños" de su puesto de trabajo. También ha pedido que se penalice el absentismo laboral y se combatan los abusos asociados a las visitas al médico y el fracaso estudiantil.
   "Al estudiante hay que decirle que un fracaso se le puede consentir, pero que esté ocho años para acabar una carrera de cinco, no se le puede consentir y no se lo vamos a pagar siempre", ha precisado Rosell, que ha agregado que para conseguir todo eso debe cambiarse el funcionamiento de los servicios públicos.
   Durante su intervención en unas jornadas organizadas por 'El Economista' y Ernst & Young, el líder de la patronal española ha advertido de que, pese a los "graves problemas" que tiene España, la sociedad está inmersa en un proceso de "cierta complacencia" y ha señalado que para salir de la crisis habrá que hacer sacrificios y trabajar mucho y con "coraje".
   Rosell ha avisado de que España no creará empleo si su economía no crece por encima del 2% y ha abogado por acometer las reformas pendientes, por que el Estado simplifique "mucho" su estructura y por que éste y los gobiernos locales y autonómicos reduzcan sus gastos generales, "como están haciendo también las empresas".
   Preguntado por si haría falta una subida de impuestos para obtener más recursos, el presidente de la CEOE ha indicado que esa medida no le gusta, pero ha precisado que si en algún momento, "de manera excepcional y temporalísima", hay que elevar algún impuesto o eliminar alguna deducción o bonificación, "todo el mundo lo entendería".
   Rosell ha afirmado que la gestión de la crisis no ha sido buena, sobre todo porque el déficit se ha disparado y ha alcanzado una dimensión "monstruosa", que hay que parar y ante la que "no se ha presionado suficiente" a los gobiernos (estatal, autonómico y local) para cortarlo.
    Sobre si es necesario anticipar elecciones generales, Rosell ha afirmado que dependería de si el Gobierno actual se siente o no "fuerte" para acometer las reformas necesarias en lo que resta de legislatura. "Si la respuesta a esa pregunta es no, que deje paso, pero primero debe responder a esa pregunta", ha asegurado.
   Para el dirigente patronal, "es hora de pactar entre todos, y sin apriorismos", corriendo riesgos y haciendo las reformas necesarias, pero con un orden. "No va a ser nada fácil, nos va a costar muchísimos sacrificios y pagar a lo mejor más impuestos y tener menos servicios, pero así es la vida. La vida no es fácil", ha dicho.
   Rosell ha manifestado que gane quien gane las elecciones generales, habría que hacer, "entre todos", un gran pacto para salir de la crisis. Precisamente y sobre las negociaciones que mantienen Gobierno, empresarios y sindicatos en materia de empleo y contratación, el presidente de la CEOE cree que, aunque hay muchos temas sobre la mesa y diferencias entre las partes, podría haber acuerdos "puntuales".

sábado, 16 de julio de 2011

El Príncipe vincula en Barcelona buena parte del paro juvenil español a la falta de formación

BARCELONA.- El príncipe Felipe ha hecho en Barcelona un llamamiento a mejorar la formación de los jóvenes, ya que ha subrayado que "buena parte del paro juvenil tiene su causa en la falta de una adecuada preparación de nuestros jóvenes".

En la entrega del XVIII Premio Joven Emprendedor que otorga la Asociación Independiente de Jóvenes Empresarios de Cataluña (AIJEC), el príncipe Felipe también ha vinculado a la formación el éxito empresarial de los jóvenes, junto con tres claves más: el espíritu emprendedor, la innovación y la internacionalización de los productos y servicios creados.
Para el Príncipe Felipe, la economía tiende hacia un modelo basado en "la sociedad del conocimiento", lo que exige una mayor y mejor cualificación para diferenciarse y progresar.
La formación -ha dicho- es un requisito esencial para desarrollar ideas emprendedoras, pero también para relanzar el empleo juvenil, ya que ha subrayado que la falta de preparación explica buena parte del elevado paro entre los jóvenes.
El Príncipe Felipe ha alabado la internacionalización de las empresas, que "enriquece nuestro tejido empresarial, nos potencia como economía y nos refuerza la imagen de país".
"Exportar ya no es una novedad en las empresas ni una opción, sino algo consustancial a su propia existencia", ha sentenciado el Príncipe Felipe, que considera que las empresas ya no pueden tener una concepción local y no sobrevivirán a la competencia sin una mirada al mercado mundial.
A los jóvenes empresarios, el heredero de la corona española les ha pedido valentía para ser un emprendedor de éxito: "Es necesario modificar los hábitos y conductas, adoptar una nueva mentalidad, en la que la iniciativa, la imaginación y la capacidad de asumir riesgos y de superar los fracasos".
No obstante, el Príncipe de Gerona ha reconocido "las circunstancias difíciles de hoy" y ha apuntillado que las ideas emprendedoras "requieren un entorno normativo y financiación adecuada".