jueves, 31 de julio de 2014

El oscurantismo de La Moncloa / Joaquín Abad *

Dicen que todo lo que se habla en el Despacho Oval, ya saben, ese donde el presidente más poderoso del mundo sienta sus reales, queda registrado en grabaciones de voz y ahora de video. Todo para que en su momento se pueda comprobar que el inquilino de turno no utiliza su despacho para hacer negocios, ni para asuntos ilegales. Ya saben, esas grabaciones que le costaron el puesto al presidente Nixon allá por el año 1974.

Pues eso. Que en Moncloa debían instalarse micrófonos y cámaras para que en los encuentros entre Rajoy y Mas, y los siguientes, no se pudiera pactar echar tierra a escándalos, a corrupción sin que en su momento supiéramos, con pruebas, que nuestros políticos han delinquido porque esos pactos son ilegales. Y me temo que los fantasmas que deambulan por los pasillos del complejo, deben estar llenos de secretos. Llenos de pactos vergonzosos. Llenos de historias de nuestros presidentes que una y otra vez han cometió ilegalidades por no actuar, o por actuar equivocadamente, o por tapar corrupción a cambio de algo, claro. Siempre es a cambio de algo.

No sabemos lo que Mas le ha pedido a Rajoy en su reciente encuentro de dos horas en Moncloa. No nos creemos lo que se nos ha dicho tras el encuentro. Ambos han mentido y más que nunca necesitamos luz y taquígrafos, como se decía en las Cortes de Cádiz. Ahora la tecnología nos provee de voz e imágenes. Y los españoles tenemos derecho a saber qué discuten nuestros gobernantes. Porque no es un asunto privado. No, nada de eso. 

Como no es privado el escándalo que sacude Cataluña después del caso Pujol, que ahora Mas quiere reducir al ámbito familiar, cuando se trata de aflorar los cientos, quizá miles, de millones que ha recaudado, de su parte del famoso tres por ciento, mientras fue presidente de la Generalitat, más de veinte años.

Lo que está claro es que ese encuentro ha sido secreto. Muy secreto. Y que los dossier's que Mariano Rajoy ha podido enseñar, sólo como aviso a navegantes, algún día los conoceremos. Porque todo, al final, se sabe. Pero mejor que alguien legisle que todas las conversaciones de nuestros gobernantes dejen de ser secretas y existan las correspondientes grabaciones.
 
(*) Periodista y editor de www.muyconfidencial.com

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