domingo, 18 de enero de 2015

Pedro Sánchez acusa a Pablo Iglesias de mentiroso

BARCELONA.- El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha acusado hoy al jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, de "fracturar" a España económica, social y territorialmente y de ser el "presidente del fraude", y ha asegurado que el país "no se merece" un gobernante "asediado por la corrupción".

En un acto en Viladecans, junto al líder del PSC, Miquel Iceta, Sánchez ha cargado duramente contra el presidente del Gobierno, pero también ha lanzado críticas al líder de Podemos, Pablo Iglesias, "un personaje político que miente más que habla" y que "está dispuesto a que gobierne la derecha antes que el PSOE".
Ha acusado así a ambos dirigentes de "irresponsables" por "estar importando las elecciones griegas a España".
 "Con todo el respeto a los griegos, España no es Grecia. Y lo mejor que se puede hacer para ayudar al pueblo griego -ha añadido- es ofrecer propuestas y no quedarse en un mero mitin, como han hecho Rajoy e Iglesias".
En una asamblea ante medio millar de personas en el Espai Cúbic de Viladecans, el líder socialista ha lamentado que "es verdad que hay mucha mentira en la política española y catalana", pero ha dejado claro que es el jefe del Ejecutivo "quien se lleva la palma".
"Es el presidente del fraude. Ahora van de estabilizadores, dicen algo así como que son 'o yo o el abismo'. Pero al final son ellos (el PP) los que están desestabilizando el país, con sus recortes en derechos están fracturándolo socialmente", ha señalado.
Como están, ha agregado, "fracturando económicamente" el país con la reforma laboral y también "territorialmente" con su "incapacidad para poder resolver la crisis en Cataluña".
Pero especialmente contundente se ha mostrado con los casos de corrupción vinculados al PP, que están "fracturando la confianza necesaria entre ciudadanos y sus instituciones".
 "España no se merece un presidente asediado por la corrupción. Y exigimos no solo explicaciones, sino también responsabilidades políticas, al PP".
Ha criticado asimismo que Rajoy diga defender la Constitución, pero "la incumple consejo de ministros tras consejo de ministros con sus recortes en derechos y libertades".
Sánchez ha subrayado que el reto del PSOE es convertirse en "la primera fuerza política" del país a partir de las elecciones municipales y ha advertido de que "en ganas de ganar no me gana nadie", porque el PSOE es "la alternativa del PP".
"Dejemos de lamentarnos por los votos perdidos y empecemos a pensar en los votos que ganaremos si somos fieles a los ideales y valores del PSOE", ha resaltado Sánchez, que se ha dirigido a Pablo Iglesias, un "personaje político que miente más que habla" y que ahora "calla y reniega" de algunas de sus propuestas de hace meses.
"Más que Podemos, deberíamos llamarle 'no sabemos'. Por no saber, no saben ni qué hacer con la Semana Santa", ha ironizado, recordando que el PSOE "sí hará que España sea por fin un estado laico".
En su opinión, Podemos "está dispuesto a que gobierne la derecha antes de que gobierne el PSOE", ha denunciado el dirigente, que ha lamentado los reproches desde esa formación hacia el pacto entre socialistas y populares para luchar contra el terrorismo yihadista.
"A Iglesias le digo que el PSOE siempre va a acordar con el resto de fuerzas defender la libertad de los españoles. Sabemos que solamente con la unidad de todos los demócratas vamos a ser más fuertes para vencer esa amenaza. ¿Cuál es la alternativa de Podemos? ¿Romper esa lucha? No nos van a encontrar ahí, sino unidos con todos los demócratas", ha sentenciado.

Rajoy descarta nuevos escándalos sobre corrupción en el PP

MADRID.- El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no teme que alguna resolución de los tribunales sobre casos como Gürtel o Bárcenas le amargue el final de la legislatura. "Creo que todo lo que hay -afirma- es lo que es sobradamente conocido".

Rajoy se refierió a estos casos de corrupción antes de que se conociera el viernes que la Fiscalía Anticorrupción solicita 42 años y medio de cárcel para el extesorero del PP Luis Bárcenas por supuestos hechos delictivos cometidos en la trama Gürtel, y casi 110 años de prisión para el cerebro de la red, Francisco Correa.
Al respecto, ante la pregunta de si teme que alguna decisión judicial le pueda provocar algún sobresalto en el tiempo que queda hasta la convocatoria de elecciones, espera que eso no ocurra.
"Yo creo que todo lo que hay es sobradamente conocido", subraya el presidente, que precisa que lo que le gustaría es que, en la medida que sea posible, las actuaciones judiciales se llevaran a cabo con la mayor rapidez y la mayor diligencia.
Asume que eso no es fácil, pero lo considera muy importante "para que se sepa que el culpable es culpable o que el inocente es inocente".
Respecto a la posibilidad de que el Gobierno y el PP hayan hecho realmente todo lo que tenían que hacer contra la corrupción, insiste en que "siempre se puede hacer más" y resalta que es muy positivo el que se pueda constatar que no hay impunidad.
"Muchas de las cosas que ahora están en los sumarios en los tribunales, están porque se ha propiciado que estuvieran. Aquí, ahora, no hay impunidad", reitera.
A su juicio, saber que la Fiscalía y los tribunales actúan y que funciona el Estado de Derecho debe enorgullecer a todos como país.
Recuerda que el PP ha adoptado decisiones ante las personas del partido involucradas en casos de corrupción y que hicieron "cosas que no deberían haber hecho", y ya no forman parte de esta fuerza política.

Podemos y Ciudadanos acorralan a PP y PSOE / Rafael Alba

Toda la clase política española está en alerta. Para bien o para mal, ya hemos empezado 2015, un año que será decisivo y en el que todo parece indicar que, tras las correspondientes citas con las urnas, el poder institucional cambiará de manos y reflejará en pocos meses las nuevas preferencias de los españoles que anticipan las encuestas y que, con todos los matices correspondientes, indican una y otra vez que el bipartidismo tiene los días contados.

En los últimos días hemos conocido los resultados de tres sondeos muy diferentes, patrocinados por El País, la Cadena Ser y La Razón, que, a pesar de atribuir diferentes porcentajes de intención de voto a los distintos partidos, marcan de un modo casi homogéneo una serie de tendencias comunes. Las mismas que dibujan el actual panorama en el momento del inicio de la batalla decisiva que viene.

Ya saben. Quizá el partido más votado vuelva a ser el PP, pero su batacazo va a hacer historia. Y en ningún caso parece que pueda volver a gobernar en solitario, porque ni siquiera alcanzaría la mayoría suficiente para hacerlo en minoría con apoyos puntuales. Así que, digan lo que digan, en Génova y en La Moncloa sólo cuentan con una posible tabla de salvación: el eventual pacto con el viejo enemigo socialista por el bien de España.

Y, en cuanto al PSOE, lo único claro es que ya no constituye una alternativa real de poder. Aunque sí podría aspirar a colocar a unos cuantos altos cargos en algún gobierno. Del PP preferiblemente, claro. Aunque la militancia de base del partido sigue sin entender que no sea posible acercarse más a Podemos y formar una alianza de ‘izquierdas’ en la que también tuviera sitio IU, el aparato, controlado ahora por Susana Díaz, ni se plantea esa posible opción.

Ni unos ni otros está por el cambio. Al contrario. La renovación terminaría con las familias que ahora están instaladas en las cúpulas de las que fueron las dos grandes formaciones políticas españolas de las últimas décadas. Más de uno tendría que afrontar responsabilidades, incluso penales, en una coyuntura hostil. Así que la jugada es evidente. Evitarlo como sea.

Pero el panorama cada vez se le complica más. Contra todos los pronósticos de los asesores palaciegos de cabecera de unos y otros, Podemos, sigue ganando terreno. Aunque sea más lentamente que al principio. Y, para colmo, la campaña de desprestigio y acoso contra el partido de Pablo Iglesias patrocinada por las huestes de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez ha terminado por favorecer a Ciudadanos un inesperado tercero en discordia.

El partido de Rivera empieza a recoger en toda España los frutos de su trabajo y su firmeza en Cataluña. También es un buen refugio para los desencantados de UPyD y esa parte de los antiguos votantes del PP que, sencillamente, no pueden volver a introducir esa misma papeleta en la urna ni tapándose la nariz con unas pinzas.

De modo que la sangría de votos que está debilitando a ojos vistas al partido que ahora Gobierno, acaba de iniciarse por un flanco imprevisto. Y más complicado de cerrar. Aunque habrá quien crea que Rivera y los suyos pueden ser una especie de segunda marca del PP que facilite un futuro pacto alternativo, en el que eventualmente podrían estar también los de Rosa Díez.

Sin embargo, no parece que Ciudadanos vaya a repetir los errores de UPyD. Por lo menos, de momento. Cualquier signo de cercanía actual al PP, incluso en Cataluña, devolvería a las catacumbas a este partido emergente. Y su dirección lo sabe. Así que va a tener mucho cuidado con sus próximos movimientos y va a evitar de todas las formas posibles caer en las trampas políticas que la competencia tiene preparadas.

Y, en cuanto a Podemos, todo parece indicar que se disponen a iniciar el ataque decisivo para ese asalto al poder del que hablaron en su asamblea constituyente. Y que la batalla se va a seguir librando en Internet pero también en el mundo real. Pocas jugadas han aumentado tanto las expectativas de este grupo, como el mitin de Pablo Iglesias en Cataluña. Una intervención que, puso en serios problemas a las fuerzas soberanistas, hasta el punto que desde entonces CiU y ERC no tienen ni idea de cómo seguir jugando la partida.

Por eso, tal vez, estos dinámicos adalides de la ‘nueva política’ hayan decidido repetir la jugada en Andalucía. El último bastión electoral del PSOE y un lugar en el que cualquier partido que aspire a gobernar España necesita tener un buen resultado. Iglesias dará un mitin en Sevilla el próximo 17 de enero. La cita será, además, el primer acto importante del periodo de preparación de la ‘Marcha del Cambio’, la manifestación del 31 de enero, con final en la Puerta del Sol de Madrid, con la que Podemos quiere demostrar su poderío y la inevitabilidad de su ascenso a las alturas.

En Sevilla, Iglesias actuará con Teresa Rodríguez como telonera. La eurodiputada andaluza, supuesta líder del sector crítico a quien, sin embargo, el grupo dirigente del partido va a entregar la batuta en esa región de importancia capital para el éxito del proyecto. Con IU, cada vez más dividida, y una Susana Díaz cada vez más enrocada, el resultado de esta apuesta de Podemos puede marcar el principio del fin del predominio del PSOE en la región.

Y si los socialistas pierden el último bastión que les queda, la situación podría precipitarse. Por eso, nadie descarta que en unos meses, PP y PSOE gobiernen juntos Andalucía con tal de evitar unas elecciones anticipadas que Díaz no podría permitirse ahora. Porque podrían ser las primeras y las últimas a las que tuviera oportunidad de presentarse como cabeza de cartel. Ni más ni menos.

'Ciudadanos' augura un "proceso natural" de trasvase de apoyos desde UPyD

BARCELONA.- Ciudadanos augura como un "proceso natural" un trasvase de apoyos de UPyD a su proyecto de "tercera vía" para España, más allá de los cargos públicos y orgánicos que empiezan a desmarcarse de la decisión de la dirección del partido que lidera Rosa Díez de no llevar a cabo una alianza C's-UPyD.

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera,  ha hecho un análisis de las próximas elecciones generales, en las que los sondeos apuntan que puede convertirse en la cuarta fuerza política de España por encima de UPyD tras las negociaciones fallidas con Rosa Díez para formar una alianza electoral.
Con las negociaciones rotas y "sin vuelta atrás", Ciudadanos está impulsando una "tercera vía" para reformar España en "profundidad" pero sin "rupturas", proyecto que ha ofrecido a los votantes en general y a los militantes y simpatizantes de UPyD en particular porque, ha razonado Rivera, "es lógico que la gente que piensa igual acabe junta (...). No se puede trazar una línea en el agua".
Rivera, en este sentido, ha subrayado que "se ha acabado la etapa de llamar en la puerta" de UPyD, después de cuatro intentos de llegar a un acuerdo con este partido en los últimos siete años, por lo que Ciudadanos está inmerso ahora en su proyecto "sólido" de "tercera vía" de cara a las generales, una opción de voto que el líder de Ciudadanos califica de "real".
"Queríamos incorporar a UPyD en este proyecto para acelerarlo, pero como no ha sido posible desde la dirección, se están incorporando de forma natural por la vía de militantes, cuadros, cargos públicos y orgánicos e, incluso votantes, como apuntan los sondeos con el cruce de votos", ha explicado el presidente de Ciudadanos.
No obstante, si la dirección de UPyD "rectifica" algún día para "entrar en la propuesta de tercera vía, llamar a la puerta (de Ciudadanos) e incorporarse, pues bienvenidos y ya hablaríamos", ha precisado Rivera, quien ha añadido que "con la dirección actual ha sido imposible" cerrar un pacto.
Con la irrupción y el ascenso de Podemos y Ciudadanos en la escena nacional, Rivera ha opinado que se ha abierto una "vía" de cambio en la que concurren dos polos, los partidos de la "vieja era" -PP y PSOE- por un lado, y los de la "nueva era", que representan su partido y el de Pablo Iglesias, que "ponen fin" a más de tres décadas a un bipartidismo que "ha muerto".
En este contexto, el dirigente de Ciudadanos ha afirmado que el PP y el PSOE han pasado de reclamar el "voto útil" al del "miedo", ante el ascenso de Podemos y su formación.
 "En estas elecciones generales, los ciudadanos no se moverán por miedo, sino por ganas de cambiar las cosas, y nosotros seremos un mecanismo de cambio para la gente que quiere reformas pero no rupturas", ha subrayado.
Rivera, así, aboga por una reforma "profunda" de España, una especie de "plan renove", frente a la "operación de maquillaje" de los diferentes gobiernos del PSOE y del PP, cambios en ámbitos tan amplios como la ley electoral, partidos, sindicatos, patronal, la administración pública o un pacto nacional para la educación que esté por encima de los diferentes ejecutivos.

Cuatro claves de por qué 'Ciudadanos' le está comiendo la tostada a UPyD / Borja Ventura *

Dos datos, uno real y otro estimado, hacen pensar que Ciudadanos emerge como fuerza política de centro en el panorama nacional. El primero, su buen resultado en las elecciones europeas, donde consiguió dos eurodiputados en su primera aventura 'seria' a escala nacional tras varias legislaturas en el Parlament catalán.

 El segundo, el sondeo de Metroscopia que publicaba hace unos días el diario El País, en el que le otorgaban un 8,1% de intención de voto y le colocaban como cuarta fuerza política tras el tripartidismo que se ve venir de PP-PSOE-Podemos.

Se trata de dos formaciones similares en muchos planos: ambas nacen de plataformas culturales casi al mismo tiempo (C's en 2006 y UPyD en 2007), ambas intentan captar el voto 'de centro' con un mensaje dirigido a los descontentos de los grandes partidos, ambas tienen liderazgos carismáticos con una potente capacidad oratoria, ambas se muestran críticas con el nacionalismo como primer punto programático y ambas tienen su origen precisamente en las regiones más nacionalistas del país (unos en Cataluña y otros en Euskadi). 

Sin embargo, y a pesar de los muchos intentos, ambas formaciones han fracasado a la hora de converger en una gran 'tercera vía' y, a la hora de competir, parece que Ciudadanos está ganando la partida. ¿Por qué?

Estrategia de lo regional a lo nacional

A pesar de que ambas nacen fuera de Madrid, la construcción de su identidad ha sido bien diferente. Mientras UPyD bebió de movimientos opuestos al nacionalismo vasco, el entorno de las víctimas del terrorismo y algunos intelectuales y políticos de Euskadi, su estrategia ha sido nacional desde el principio: es en Madrid donde más fuerza tiene, con diputados nacionales y regionales, y donde se ha dado su crecimiento pese a que sus dos grandes líderes son precisamente vascos.

Ese origen 'centralista' les ha dificultado su posterior implantación regional, donde carecen de estructura fuerte. Además de en Madrid, sólo en otras dos autonomías han conseguido un diputado regional, junto al diputado nacional logrado en la Comunidad Valenciana.

El fracaso de esa estrategia se evidencia especialmente en Euskadi, a cuya población no nacionalista se dirigían especialmente, y sólo tienen un diputado, como en Asturias. Peor es en Cataluña, donde UPyD es inexistente (llegó a conseguir menos votos que el partido de Carmen de Mairena en las elecciones autonómicas de 2010) precisamente porque Ciudadanos se centró en el ámbito catalán desde el principio: estaba en el Parlament desde 2006 con tres diputados, repitió cifra en 2010 y desde 2012 cuenta con nueve asientos en la Cámara.

Mensaje más conciliador

El programa de UPyD se ha criticado por parecer en ocasiones un compendio de muchas propuestas de distinto signo, pero donde no falta claridad es en su defensa: los dirigentes de la formación tienen a gala la vehemencia con la que defienden sus ideas, y precisamente esa vehemencia les ha pasado factura. Y no sólo en los mensajes a los votantes, sino también a sus rivales políticos. En la mesa de negociación entre UPyD y Ciudadanos, por ejemplo, se sentaba el diputado Carlos Martínez Gorriarán, que pocos meses atrás hablaba de la formación de Rivera como 'Movimiento Tertuliano'.

Mientras, Ciudadanos ha hecho campaña en plena escalada soberanista catalana con una estrategia menos frentista, con lemas como 'Juntos sumamos' y usando como imagen un corazón con los colores de la bandera catalana y española. Han sabido vender su mensaje no como el de la exclusión de la identidad catalana, sino el de su coexistencia con la española, escenificándolo con sus intervenciones en catalán o castellano en el Parlament, igual que los diputados del PP. Y han sabido aprovechar la ola soberanista, vistos los resultados.

Las percepciones

Ciudadanos ha sabido jugar mejor sus cartas combinando los dos puntos anteriores: en el imaginario del ciudadano español UPyD es un partido reciente, pero no nuevo, mientras que la formación de Rivera emerge como renovadora, a la vez que él parece un líder joven y fresco, y el único del panorama nacional que aprueba en el citado sondeo.

Sin embargo, son percepciones irreales: Ciudadanos se fundó antes que UPyD, y Albert Rivera también tiene un pasado político, en su caso en Nuevas Generaciones del PP. Eso sí, ese pasado es mucho menos visible que el de Rosa Díez, que fue consejera en Euskadi con el PSE gobernando en coalición con los nacionalistas del PNV a los que ahora critica, y que luego intentó ser candidata a la lehendakaritza (y perdió) y secretaria general del PSOE (y también perdió).

Lo que sí es real, y aunque no sea político sí es importante en un momento de desafección política, es que ella casi le dobla la edad: 62 años la líder de UPyD por 35 del líder de Ciudadanos. En cuestión de imagen, él gana.

Menos tensiones internas

La formación de Rosa Díez ha estado rodeada de polémica casi desde el principio, con unas fuertes tensiones internas que han desgastado la imagen de la cúpula del partido con acusaciones de excesivo personalismo. Una de sus bajas más llamativas llegó poco después de su nacimiento con el adiós de Mikel Buesa, y recientemente la formación vivía otro momento de tensión con la salida de su cabeza de lista en el Parlamento Europeo, Francisco Sosa Wagner, por haber pedido una alianza con Ciudadanos en una columna pública.

De Ciudadanos, sin embargo, no han trascendido ese tipo de luchas internas ni críticas, ya sea porque no las hay de forma tan evidente, porque sus miembros no son tan conocidos o porque no han estado tan expuestos a los medios de comunicación nacionales por haber sido, hasta ahora, una fuerza regional.

En cualquier caso, la ruptura de las negociaciones de ambas formaciones se ha asociado más a la falta de voluntad de los de Rosa Díez, y esa percepción de inflexibilidad ayuda poco a la imagen de la formación ante sus votantes. De hecho no sólo ha sido Sosa Wagner: muchos ciudadanos, algunos líderes de opinión e incluso miembros del partido han lamentado la falta de un proyecto común. Por ejemplo el eurodiputado Fernando Maura, que intervino en un acto político de Ciudadanos tras la ruptura de sus negociaciones.

(*) Periodista y profesor 

Ciudadanos (C's) apuesta por apoyar a los autónomos

MADRID.- Primero fue el anuncio de que el partido de la ciudadanía (Ciudadanos) va a presentarse en todo el territorio nacional y ahora que van a luchar por un hueco en el incierto panorama político. Las propuestas directas parecen convertir a Albert Rivera en un nuevo competidor a tener en cuenta. 

En este caso el partido C's propone reducir la cuota mensual de autónomos a 50 euros en el primer año de alta y a partir del segundo contar con una aportación variables en función de los ingresos de cada persona.  Algo a tener en cuenta para mejorar los datos de paro y además observando que países vecinos funcionan mejor aplicando cuotas razonables.
Para crear puestos de empleo será imprescindible apostar por la figura del autónomo y para que la gente se anime a emprender será necesario tener unas condiciones accesibles para poder intentarlo.
La revista Forbes publicó una comparativa que no deja en buen lugar a España y, sobre todo, a las facilidades que da nuestro país para comenzar a trabajar por cuenta propia. El autónomo debe, además de su cuota, hacer frente a declaraciones trimestrales de IVA y de IRPF, cuyas cantidades varían en función de la facturación y del tramo de cotización.
Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, ha decidido apostar por este colectivo y ha propuesto un cambio para poner los pies en la tierra y crear empleo.

El Sur / Ramón Cotarelo *

Vientos de diversas frondas baten las tierras hispanas, desde los páramos castellanos a los olivares andaluces, pasando por los viñedos catalanes. Es el rebufo que producen las siempre agitadas manifestaciones de Podemos que levanta polvaredas y solivianta los ánimos hasta ese momento sometidos a apacibles rutinas. Con Podemos llega el escándalo, la tribulación, el barullo y, pasado el ciclón, los autóctonos ven que las cosas ya no serán como antes.

La primera experiencia de este tipo se hizo en Cataluña en donde Podemos puso rostro multitudinario a una opinión que no encajaba en los dos bandos enfrentados, independentistas/unionistas. Hubo hasta piques personales y, al final, ha quedado sembrada la duda de qué posición final adoptarán los novísimos de la izquierda española en el contencioso catalán.

Después, los hijos de Marx y el 15M pusieron rumbo al Sur, al mezzogiorno gramsciano. Como el de un repentino pedrisco de verano, el impacto ha sido considerable, entre otras cosas porque Andalucía es España, es decir, no hay más nacionalismo que el español y en ese se entienden todos, a diferencia de Cataluña.

El primer resultado del impacto ha sido la enésima fragmentacion de IU. Las gentes de la CUT, de Sánchez Gordillo y Diego Cañamero, se han pasado a Podemos que ya les ha reservado cinco puestos de un total de 35, creo, en el órgano directivo. Dos observaciones:

Primera: repartirse los puestos de los órganos en negociaciones de las cúpulas no parece algo enteramente concorde con la filosofía de Podemos. Supongo que habrá protestas. El discurso de la organización, todavía en ascendencia lúdico-vital, tropieza una y otra vez con el principio de la realidad. Y la realidad parece decir que las asambleas sirven para todo lo que se quiera pero que las decisiones las toman las elites.

Segunda: prosigue el triste desmigajamiento de IU. A este paso va a llegar a las elecciones de mayo en estado terminal. La batalla que se vive en la organización de Madrid a cuenta del enfrentamiento en Rivas forma parte del mismo escenario, aunque sin respetar la regla de la unidad de acción porque los conflictos en Madrid y Andalucía son muy distintos.

Pero eso es lo de menos. Lo de más es la audacia de la ocasión. Está perfectamente expresado en ese lema de "el momento es ahora". Una trivialidad, pero poderosamente movilizadora. Si en Cataluña Podemos no consiguió perfilarse del todo entre el independentismo y el unionismo, en Andalucía aspira a hacerlo porque el momento es ahora en que, como claramente expuso Iglesias -que es siempre meridiano-, Sánchez, el dirigente socialista, está desnortado, entre Atenas, a donde no va porque nadie lo llama y Washington, en donde lo llaman pero se pierde por el camino. Es el momento. Hay que aprovecharlo.

La audacia del ahora consiste en ir a reñir al PSOE su baluarte andaluz en su propio territorio. El lider hizo acto de seduccion, pero no está claro qué efecto tenga ese andalucismo impostado del que los andaluces suelen desconfiar. Tuvo además una referencia denigratoria para la presidenta que requiere verificación y actuación en consecuencia. Si es cierto que Susana Díaz hizo la llamada a la televisión andaluza y prohibió la entrevista al coletas debiera dimitir. Si no lo es, Iglesias debiera disculparse precisamente porque es cierto que los medios públicos no pueden ser cortijo de nadie. De no ser así se generalizará la impresión, ya muy presente en las redes, de que Iglesias ha ido al Sur a ofender a los andaluces. Y eso no es un acierto.

De todas formas está bien que Andalucía haya sido el punto en que se ha lanzado la convocatoria de la manifa del 31 que, en forma de marcha sobre Madrid, promete ser también uno de esos episodios que mueven masas, entusiasmos, pasiones.

La verdad es que, en comparación con este empuje movilizador, los demás partidos parecen negociados tranquilos de la administración pública.
 
(*) Catedrático de Ciencia Política en la UNED

sábado, 17 de enero de 2015

Iñigo Errejón, dirigente de Podemos: 'Hace falta un Gobierno al servicio de la mayoría social empobrecida'


MADRID.- Conversar con los dirigentes de Podemos es casi una hazaña estos días. No hay medio de comunicación, nacional o extranjero, que no pida una entrevista con alguna de sus caras visibles; el precario equipo de prensa está desbordado, y el líder máximo, Pablo Iglesias, parece haber decidido dejar de conceder entrevistas suicidas por una temporada.

Tras una semana de whatsapps, cinco periodistas de ctxt (tres plumillas de tres generaciones distintas, un fotógrafo y un videorreportero) acuden al pequeño cuartel general de Podemos. El local, situado en un edificio feo y gris del centro de Madrid, tiene una habitación diáfana de unos treinta metros cuadrados, una sala auxiliar más pequeña —con una mesa para unas diez personas— y dos despachos diminutos. Apenas hay decoración, salvo una bandera morada del partido occidental más joven y pujante del momento: en un solo año, cabalgando sobre la desesperación causada por las políticas de ajuste dictadas por Angela Merkel y aplicadas con fervor por el Gobierno de Mariano Rajoy, Podemos ha canalizado el malestar de millones de españoles y se ha erigido en la primera fuerza política —según algunas encuestas— de la cuarta economía de la zona euro.

La actividad en el politburó es febril, y el ambiente recuerda más a una ONG o a una redacción que a un partido clásico: unas veinte personas, la mayoría del Equipo Técnico, trabajan a toda pastilla en portátiles, casi todos Mac, y dispositivos móviles. Sobre un armario hay una caja de aguacates vacía y restos de fruta. Se ven más damas que caballeros. La media de edad debe rondar los 30 años. Viendo su energía y su soltura, y conociendo su capacidad, es fácil pensar que este puñado de jóvenes de clase media que caminan por la oficina sin pisar la moqueta van a ser la clave del futuro de España, los protagonistas del gran cambio generacional llamado a enterrar el régimen del 78.

Alto, afable y flaquísimo, Íñigo Errejón (Madrid, 1983) recibe a los periodistas en la puerta del cuartel general con un sólido apretón de manos y luego conduce al pelotón hasta uno de los despachos. Sobre la mesa está el artículo de José María Ruiz Soroa El peligro de una sociedad sin divisiones (El País, 9 de enero), que define las ideas de Podemos como “totalitarias”. El texto, según Errejón, “es muy bueno pero totalmente equivocado”. Lo dice con media sonrisa: “Mola de vez en cuando tener críticas así. No estamos acostumbrados a ese nivel”.

El secretario de Política de Podemos gana en el cara a cara. Durante hora y media, desgrana sus argumentos a una velocidad endiablada, demuestra una inteligencia sólida y autocrítica, y parece una persona honesta y cabal. Oyéndole, es imposible no recordar las alternativas al bipartidismo clásico surgidas en los últimos años en Francia (la saga Le Pen), Italia (Berlusconi, Grillo) o Reino Unido (Nigel Farage). Los jóvenes de Podemos representan, en buena medida, la vía contraria: formados, leídos y viajados, respetan las instituciones, defienden el Estado de Derecho y no hay rastro de xenofobia en su discurso. ¿Revolución bolivariana en ciernes, comunismo camuflado? Escuchando a Errejón se diría que todo es bastante menos dramático. Su visión es que Podemos representa a una legión de jóvenes y adultos desencantados con una clase política y económica que ha sido incapaz de proteger los derechos colectivos como prometieron y que les ha tocado a ellos impulsar el relevo de un "régimen agotado".

Con su aspecto de estudiante modelo, este investigador de Ciencia Política recuerda a sus 31 años a una reencarnación, madrileña y postmarxista, de Antonio Gramsci. Hijo de militantes comunistas, se curtió como adolescente en un colectivo libertario y más tarde en el movimiento antiglobalización junto a Pablo Iglesias, con quien mantiene una estrecha amistad; en los últimos años, el intelectual orgánico de Podemos ha participado en docenas de debates en la factoría del movimiento (la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense (Somosaguas, Madrid), y ha cultivado su verbo revolucionario ma non troppo durante sus frecuentes viajes a Latinoamérica como vocal de la Fundación CEPS (Centro de Estudios Políticos y Sociales), para la que ha realizado diversos trabajos, sobre todo en Bolivia y Ecuador.

Aunque lo niegue, Errejón es un político nato. Más reflexivo y menos demagógico que Iglesias -él apenas utiliza la retórica deportiva de resonancias berlusconianas-, el secretario de Política es el gran estratega del partido: fue director de campaña en las elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo, y repetirá en los comicios municipales, autonómicos y también en las generales.

Durante la entrevista, se muestra relajado, seguro de sí mismo, a ratos un poco profesoral, y no evade ninguna cuestión. Asegura que, si Podemos llega al Gobierno, lanzará un proceso constituyente "para blindar los derechos de la mayoría empobrecida por las élites que han secuestrado el poder”. Aunque añade que el proceso en ningún caso se planteará como una "demolición de las instituciones".

Pregunta. Hay unas 40 personas en esta oficina. ¿Son todos voluntarios?
Respuesta. La proporción de liberados es de uno a diez. La mayor parte de la gente viene a hacer trabajo militante. Los únicos recursos que tenemos son los que vienen de Europa. Pero los recursos de Europa, en su mayor parte, se los come Europa.

P. Sus análisis de ciencia política son brillantes; ¿ha hecho ya la transición de científico a político?
R. La subjetiva, sí; la interior, no.

P. ¿Todavía no se siente político?
R. No, no. Pero lo vivo desde una cierta… Llevo militando desde los 14 años. La novedad es que ahora de repente se te ve: te hacen fotos.

P. ¿Tiene Podemos la fuerza estructural y organizativa para ganar las elecciones generales?
R. Sí.

P. ¿Ya la tiene?
R. Creo que para ganar sí, aunque no es fácil, las encuestas de ahora…

P. ¿Están infladas?
R. Pero no porque nadie las haya trucado, sino porque todo el que quiere votar a Podemos se muere por decirlo y muchos de los que van a acabar votando a los partidos tradicionales del régimen, como eso ahora no viste mucho, no lo quieren decir.

P. ¿Qué esperan de PSOE y PP? ¿Rivalidad, pánico, más ataques?
R. Creemos que la campaña del miedo va a ser todavía más dura. Vamos a vivir un año terrible, la campaña de infamias y de acoso irá a más. ¿A qué nos van a retar ellos? ¿A discutir de política? ¿Tal como está el país y con sus capacidades? No nos van a buscar ahí. ¿Dónde nos van a buscar? En desgastarnos, en que no lleguemos políticamente vivos o intelectualmente sanos a la cita de noviembre. Así que vamos a tener un año infernal y va a ser difícil aguantar. Pero hemos dicho muchas veces que lo importante no es que Podemos gane. Lo importante es que esa grieta que Podemos es capaz de abrir y de capitalizar sea llenada por mucha energía y creatividad popular. Si no es a lomos o a hombros de esa energía y creatividad popular, no se llega; y si llegas, llegas cercado.

P. Las encuestas dicen que un 24,7% de quienes votaron a Rajoy hace tres años votarían hoy a Podemos. ¿Cree que se mantendrán fieles a un partido recién nacido, cuyas bases aspiran a asaltar los cielos?
R. La tensión clásica militante-simpatizante, que tan bien enseñaba José María Maravall, es muy intensa en nuestro partido. Y no tiene buena solución. Pero hay formas de gestionarla: una es el modelo organizativo; las primarias garantizan que las grandes decisiones están en manos de la gente, no de los militantes. Esa decisión fue complicada, porque te obliga a pedir a los imprescindibles que cedan en la toma de decisiones para no burocratizarte y no tomar decisiones malas por amiguismo o politiqueo. Y luego está la duda de cómo diriges la fuerza de transformación: nosotros hemos puesto los qués por delante de los cómos; en el 15-M no sabíamos qué hacer. En el congreso decidimos y dijimos: “Viene un ciclo electoral corto, vamos a ir a la batalla de noviembre construyendo una máquina política capaz de formar una nueva mayoría en España”. ¿El modelo organizativo es perfecto? En absoluto. Lo estamos intentando construir, pero no lo mitificamos.

P. ¿Y dónde se ve usted en el futuro?
R. Sigo teniendo el corazón y las ganas escindidas, porque sigo intentando sacar tiempo para leer, para escribir cosas académicas, que lee un 0,1% de la gente que ve una intervención mía en televisión. Soy consciente de que vas un sábado por la noche a la tele, dices algo y tiene muchísima repercusión. Pero trabajar en la estrategia política y cultural es lo que me gusta hacer, y es ahí donde me veo cuando esta aventura se acabe, se acabe como se acabe. Y eso significa que vaya donde vaya tiene que ser en algún espacio en el que pueda por lo menos seguir...

P. ¿Investigando?
R. Intentando compatibilizarlo. ¿Que eso implica asumir a veces responsabilidades políticas? Pues claro. Porque además en los momentos históricos uno está un poco donde las cosas le colocan. Nosotros tampoco teníamos tan claro antes de la noche del 25 de mayo que de repente íbamos a tener que estar jugando este papel. Yo me creía la hipótesis. Creía que era correcta y que podía funcionar. Pero no me esperaba que fuera a funcionar en tres meses. Ha pasado un año desde que lanzamos Podemos (el 17 de enero), pero aquello ni siquiera fue lanzar Podemos, fue lanzar a ver si hay ganas de una candidatura. Un año después estamos ante una posibilidad inédita de cambio político en este país como había sido difícil que alguien se imaginara hace doce meses. Y eso te coloca en posiciones en las que, si me apuras, y a lo mejor suena muy trascendente, muy cristiano, no tienes derecho a negarte.

P. Si Podemos no ganara, ¿cree que el PSOE y el PP moverán ficha para incluir a algunos de los sectores próximos a ustedes? ¿O ya está asumido que no contarán con esas alianzas?
R. Es una relación siempre compleja, pero el PSOE y el PP han entendido ya, en el plano simbólico y estético, que no se pueden parecer tanto a ellos mismos. Si quieren seguir teniendo una capacidad de convencimiento amplio, tendrán que tomar medidas de renovación estética, de renovación del lenguaje. Yo creo que eso puede ir más allá. Lo estamos viendo con la discusión sobre la deuda, en la que el PSOE empieza a moverse desde su posición inicial, conforme se van moviendo también algunos economistas reputados y nada sospechosos de ser peligrosos. Esos economistas van diciendo: “La crisis de la deuda no tiene solución profundizando en las mismas políticas que han llevado a su agravamiento. Es perfectamente normal reestructurar las deudas, negociarlas”. Vamos a ver ese cambio con la deuda, y lo vamos a ver con muchas otras cuestiones.

P. Si no alcanzan el poder en este curso político, ¿qué haría Podemos?
R. Mucha gente nos dice: “Con que lleguéis hasta aquí, yo ya os lo agradecería muchísimo, por el meneo que les habéis dado, el miedo que tienen y cómo se están empezando a mover”. Pero todo eso se les pasa rápido. La posibilidad de volver a las posiciones de antes, como si no hubiera pasado nada, está ahí. La primera vez que una encuesta dio a Podemos en cabeza, un diario de tirada nacional tituló “La ira ciudadana aúpa a Podemos a la primera posición”. Fue particularmente insultante porque es como si hubiera un voto racional, el de la gente que vota bien, tranquila, y otro de la gente que vota diferente, porque vota airada. Pero eso revela una fantasía. La fantasía de que, después de un febril 2014, las aguas pueden volver a su cauce, y que el monopolio de la política quedará en manos de los de siempre.

P. ¿Puede suceder eso?
R. No como si no hubiera pasado nada, pero puede suceder. Siempre que hay una fuerza de cambio, una fuerza que viene a romper y desbaratar los equilibrios anteriores, hay una duda y una tentación en quienes mandan: “¿Me cierro totalmente o integro una parte de las reivindicaciones de quienes me desafían pero las conduzco yo? Así que las integro pero te quito a ti la iniciativa política. La tomo yo, lo conduzco yo y renuevo el orden”. Creo que eso puede pasar. Una posibilidad es que las promesas de recuperación calen un poco, no en la vida cotidiana de la gente, pero es que, para calar, el relato no tiene que ser estadísticamente cierto. Que empiece a calar la idea de que lo hemos pasado muy mal, pero que las cosas irán poco a poco a mejor, que hay que tener confianza, que todo cambio es terrorífico y hay que tenerle miedo al cambio. Ese es siempre el leit motiv de las élites cuando no tienen nada que proponer. El cambio es malo, el cambio da miedo. Y tres o cuatro cosas que no minusvaloro, que pueden ser importantes: que el núcleo fundamental del poder introduzca tres o cuatro modificaciones; y el desgaste, el cansancio. La gente no vive permanentemente politizada, ni permanentemente movilizada.

P. ¿Se conforman con ser fuerza de agitación?
R. Claramente no. Decimos que hace falta un Gobierno al servicio de la mayoría social empobrecida. Y que vamos a trabajar para construirlo. Las encuestas nos dan primeros en voto estimado. Eso, pasado por la ley electoral y por la distribución geográfica de nuestro voto, te puede convertir en el segundo o en el tercer grupo en escaños. Ganando incluso en votos. Pero si no eres el primer grupo en escaños, incluso si no tienes mayoría en la Cámara, la clave es, para mí, que en noviembre o en enero, si es que llegan a atrasarlas hasta enero, haya un resultado que haga imposible la vuelta a lo de antes con plena normalidad. Es decir, que haya un resultado que haga saltar por los aires el sistema de partidos viejos, y que lo que venga por delante no tiene por qué ser mejor, pero no puede ser “uff, ya se pasó esta fiebre. Al final la gente siempre acaba votando por lo malo conocido y restauramos”. Para mí esa es la clave. Que la incursión en este ciclo político electoral sea una cuña tan fuerte que impida volver al equilibrio viejo.

El 15-M

P. Vayamos al 15 de mayo de 2011. Básicamente ese día la gente se junta para pedir democracia. "Democracia real ya". "No nos representan". Ahora Podemos habla de crear mayorías sociales. Y dice que su programa lo podrían firmar los socialdemócratas de hace 25 o 30 años. ¿Apelan a un espíritu de consenso social, relativamente distinto al que en principio algunos sectores del 15-M estaban apelando?
R. Por partes. Primero hubo una discusión en torno a interpretación en el 15-M del “No nos representan”. Y eso seguramente es lo más definitivo. Define un espíritu de época. La gente dice: “Ya no les creemos. No nos representan”. Y ahí creo que la discusión tiene que ver con una letra: "no nos representan” no es lo mismo que "no nos representen”. Hay quien quiso ver en el 15-M un rechazo de toda forma de representación, la inauguración de una política directa, en la que no hubiera delegación ni representación. De gente que decide todo en asambleas. Y había una parte de eso en el 15-M. Seguramente la parte más militante y más activista. Pero había también un sector más grande, quizá con menos estudios, con menos intelectuales, que decía: “Estos no nos representan”. No era una crítica de la representación ni de las instituciones. Era una crítica de las élites que habían usurpado unas instituciones que ya no representaban la voluntad popular. De forma que la plaza diría: “Claro que hay voluntad popular, pero nosotros la encarnamos más que quienes están dentro de las instituciones. Así que hay que echarlos”. Creo que convivían esas dos corrientes.

P. La gente iba a manifestarse ante el Congreso. Por tanto reconocían la institución…
R. Como sede de la soberanía popular. Algunos dirán que se trata de la casta. Otros dirán que es el secuestro de las instituciones políticas por parte del poder financiero. Seguramente hay diferentes diagnósticos, pero efectivamente hay un reconocimiento. Si no, ¿por qué vas ahí? Vete al Banco de España, no, mejor vete al Santander. La protesta reconocía que el Parlamento debe ser la sede de la voluntad popular, pero que esa premisa no se estaba cumpliendo. Y creo que eso diferencia la vía de los que estamos ensayando formas de poder político diferente, y la otra que dice que estamos construyendo un estado de opinión y una mera acumulación de fuerzas. Vimos durante todo un ciclo el despliegue de una cosa y la otra, y el agotamiento del ciclo de protestas modificó la correlación entre un alma y otra, porque creo que se generalizó la sensación de “cómo puedo detener yo este saqueo, si lo que está pasando aquí es una desvergüenza, y yo me he manifestado, he hecho asambleas, me han detenido, me han arrestado, he ido a marchas y no sucede nada”.

P. ¿El 15-M no era entonces el “que se vayan todos” de Argentina?
R. Nosotros vivimos en un Estado de la Unión Europea, de Europa y del norte. Que funciona bien. Que funcione bien significa, siempre lo digo con la misma metáfora, que los presidentes aquí no salen en helicóptero de La Moncloa. Y eso significa que la acumulación de protestas, por ruidosas o violentas que sean, no modifica los equilibrios de poder en el Estado. Eso no pasa en un Estado del norte desde hace mucho tiempo. No lo modifica por sí sola. Claro que tiene impacto, pero por sí sola no lo modifica. Lo hemos visto en el caso griego. Seguramente ha sido el ciclo de protestas más duro y violento que hemos vivido en Europa desde los años setenta. Ha tenido mucho efecto, pero por sí solo no ha sido capaz de modificar los equilibrios de poder en el interior del Estado. Creo que eso abre la discusión del qué y el cómo. Hay que disputar una parte del poder político. Y en las democracias liberales occidentales eso tiene que ver, no solo, pero tiene que ver sobre todo con la vía electoral. Y hay una tarea inmediata, construir una mayoría política nueva para devolver las instituciones a la mayoría empobrecida. Esa es una vía más inmediata, en las elecciones. Pero luego hay otra, que es a la que nos referimos cuando hablamos de reconstruir un pueblo. Ser capaz no solo de ese espíritu de delegación cuando alguna gente te dice: “No nos falléis, eh. Te voy a votar pero no nos falléis”. Bueno, sí. Pero aquí se trata de que construyamos una ciudadanía para que esto no vuelva a suceder. Y eso tiene que ver con una serie de transformaciones culturales, institucionales, políticas más lentas, de más lento calado, que aseguren una posibilidad de contrapoder ciudadano o de voluntad popular nueva.

P. Eso es bastante más que un programa socialdemócrata.
R. La socialdemocracia es una etiqueta que hoy a la gente le dice muy pocas cosas. Pero que nos vale para caracterizarlo, porque en un momento dado favoreció los pactos de convivencia en la Europa de posguerra. Creo que vivimos un momento tal que, sobre todo en los países del sur de Europa, la democracia es ya incompatible con los proyectos de la oligarquía financiera. No puede haber democracia, es imposible. Hay planes que solo se pueden desarrollar chocando nítidamente con el poder financiero, y tenemos que defender cosas tan básicas como el derecho a tener derechos. Esto dibuja ya una frontera entre la democracia y la minoría privilegiada, que seguramente es quien ha roto el pacto. Creo que el enfado en nuestras sociedades, incluso aunque pueda tener un sentimiento progresista, popular, emancipador y democrático, parte de una percepción subjetiva conservadora. No es que las mayorías, la gente común, las mayorías empobrecidas hayan roto el pacto porque hayan dicho “esto es un engaño”. Me da que la cosa va más allá, porque la percepción es que han sido los privilegiados los que se han puesto por encima de cualquier regla colectiva, por encima de las normas y del Estado de Derecho. De manera que sorprendentemente la gente que sale a la calle a protestar, y que son tildados de antisistema, son gente que está diciendo: “¿Oiga, podemos tener alguna garantía de que las normas rigen igual para todo el mundo?”.

P. Es decir, que los antisistema son ustedes.
R. Claro. Es que el pacto social lo han roto ustedes por arriba. Se han colocado por encima de cualquier capacidad de control de ninguna institución. Y así pasa que aparecen fenómenos políticos, alianzas raras, extrañas, que en los tiempos normales, no de crisis orgánica, en tiempos normales dirías qué hace una persona como tú… ¿de dónde vienen estas alianzas? Me parece que vienen de que esa frontera democracia / oligarquía ha dibujado un bloque de gente muy amplio y transversal…

El proceso constituyente

P. Si el problema es que la oligarquía se ha situado por encima de las normas, pero la mayoría acepta esas normas, ¿por qué hace falta el proceso constituyente del que habla Podemos?
R. Nosotros tenemos una Constitución que parece diseñada para no ser modificada. Parece que al constituyente de 1978 lo que le preocupaba es que no se tocase en mucho tiempo. Es una Constitución muy difícil de reformar. He estudiado bien las Constituciones latinoamericanas, por cierto de signos ideológicos diferentes, y están hechas para ser fácilmente modificables. Es decir, la sociedad se dota en un momento dado de un pacto y dice: "Estamos transitando de un modo de sociedad a otro. La Constitución de la que nos estamos dotando podrá ser modificada. Estamos en un momento de transición. Dotémonos de unas normas que permitan que este texto sea modificable". Por el contrario, cuando uno estudia nuestra Constitución, parece más bien que el constituyente lo que estaba pensando es en cerrarla bien. Pero es verdad que se puede modificar, faltaría más. Aunque hablemos del candado del 78.

P. ¿Si la Constitución es difícilmente reformable hay que proceder por fuera de ella?
R. No, no se puede hacer por fuera. No hay forma. Lo que pasa es que siempre hay una tensión entre el Poder Constituyente y el Poder Constituido. Y siempre hay un momento, cuando se crea una voluntad popular nueva, en el que hay gente que dice "somos un pueblo y queremos normas para vivir mejor", y esto siempre choca con las normas que había antes. No ha habido nunca un proceso en el que haya una nueva voluntad popular que exige dotarse de nuevas normas y en el que la respuesta sea: campo libre. Siempre chocas con las normas heredadas y estas pueden ser democráticas, o menos. En nuestro caso provienen de un proceso democrático, con tutelas autoritarias, pero de un proceso democrático. En mi opinión, primero hay que construir un consenso muy amplio. ¿Cómo vamos a querer cambiar la Constitución sin consenso? Eso es imposible. Hay que construir ese consenso en torno a una idea: las reglas del juego han sido rotas por los de arriba y necesitamos unas reglas del juego adecuadas a las necesidades actuales de nuestra sociedad.

P. ¿Y cuáles son las reglas del juego que se han roto, las que no valen?
R. A mí me gustaría tener reglas del juego más garantistas para las personas. Me gustaría por ejemplo que el derecho a la vivienda estuviera dentro de los artículos de la Constitución que son inmediatamente reclamables.

P: Pero eso no implica que se haya roto ninguna norma.
R. Bueno, pero esa ausencia nos ha colocado ante un drama humano. A mí me gustaría proteger ese derecho en la Constitución, y proteger la titularidad del agua, de la energía y de los recursos naturales, de forma que sean de titularidad pública, aunque eso no signifique que no puedan ser explotados de forma privada. Queremos proteger determinados bienes en la Constitución, bienes con los que no queremos jugar. Igual que en un momento dado el Constituyente dijo “no hay democracia sin habeas corpus y hay que proteger ese derecho”, alguien debe decir hoy: “No hay democracia si el agua puede ser un objeto de negocio para unos pocos. Y para protegerlo, vamos a poner ese derecho en el capítulo, no de las cosas bonitas, sino en el de las cosas exigibles”.

P. En Italia se afrontó el problema de la propiedad del agua con un referéndum. ¿No podría hacerse aquí?
R: Claramente, pero el marco constitucional lo dificulta mucho. Aquí la Iniciativa Legislativa Popular lo tiene dificilísimo para prosperar, pese a la gran movilización social que exige. Hasta ahora el reparto entre PSOE y PP hace que sea prácticamente imposible convocar un refrendo popular. Esa mayoría ha hecho que pareciera que no existía acuerdo en cosas fundamentales ni descontento, porque no se expresaba en el Parlamento. Hasta que ha estallado. Felizmente de forma no violenta, pero ha estallado. Y mucha gente ha dicho: “Si ustedes no dan cabida en las instituciones a voces diferentes ni a sus demandas,  deberían ustedes salir de ellas". La gente se echa a las plazas o deja de votar, se harta. Yo creo que hay que posibilitar la apertura de un proceso constituyente para dar cabida a esas demandas y blindar los derechos de la mayoría empobrecida.

P. Hay pocas democracias, occidentales por lo menos, que tengan procesos constituyentes cada treinta años. ¿Realmente piensa que tiene sentido hacer tabula rasa?
R. No. Es imposible hacer tabula rasa. Hay muchas cosas con las que no se va hacer tabula rasa. No se va hacer, por ejemplo, con la Seguridad Social. Es algo de lo que podemos estar profundamente orgullosos. Funcionaba, y funciona todavía razonablemente bien, y protege un derecho sin el cual uno no puede ser ciudadano. Si uno tiene miedo a ponerse enfermo, no puede ser ciudadano. ¿Hay que hincar el diente a determinadas cuestiones que no están protegidas en la Constitución española? Sí. Para eso hay dos vías: conseguir un consenso entre las élites políticas, o abrir un proceso de gran acuerdo popular.

P. ¿Qué cosas hay que incluir en ese acuerdo?
R. Hay muchas. ¿Hay que abrir la cuestión de la Jefatura de Estado? Hay que abrirla. ¿Hay que abrir la cuestión del encaje territorial de España? Claramente. No vale con cerrar los ojos. Y, sobre todo, hemos tenido pocas herramientas institucionales para evitar el secuestro por parte del poder financiero del conjunto de las instituciones políticas. Eso es así hasta el punto de que vemos normal el rescate permanente de bancos y entidades privadas y, sin embargo, se sigue echando a las familias de las casas. A las pruebas me remito. Pero un proceso constituyente no tiene que ver con un proceso de destrucción.

P. ¿Para salir de esta crisis es imprescindible meter al país en una vía tan incierta como esa? ¿No es prioritario que la gente recupere el empleo y el bienestar? ¿No cree que ese proceso pondría a España en una situación muy complicada?
R. En una situación muy complicada estamos ahora. Las empresas se van de España. La crisis no para de crecer. Los intereses de la deuda se comen buena parte de los esfuerzos de los españoles.... En ésas estamos. Yo creo que no hay diferencia entre solucionar la problemática social y solucionar la problemática democrática. Nunca habríamos llegado a esta situación de despojo de la mayoría y de empobrecimiento de los sectores populares y medios si no hubiese sido por una masiva concentración de poder en manos de unos pocos. Por eso han podido hacerlo. Tiene que ver con afinidades, con la conquista del aparato del Estado, con una conquista paulatina de espacios en la sociedad civil, en los medios de comunicación, en la capacidad de convencernos de que las razones de unos pocos son las razones de todos.

La transición vieja, y la nueva

P. ¿Contra eso se levantó el 15-M?
R. El 15-M fue seguramente la mejor vacuna para nuestro país, porque significó que el malestar no lo iba a capitalizar Marine Le Pen. Lo que el 15-M dijo básicamente es que no tenemos casas porque tenemos una democracia extraordinariamente débil. Puso como enemigo a la Troika, no a los inmigrantes. Al hacer eso, el 15-M introdujo una maravillosa vacuna democrática: impidió que nadie dijera “primero vamos a garantizar que haya trabajo”. El 15-M puso sobre la mesa que la cuestión social y la cuestión democrática iban de la mano. Subrayó que la mayor concentración de riqueza en manos de las élites se ha dado en el momento de mayor descrédito de las instituciones y del mayor alejamiento de la gente respecto a la representación. Y que una y la otra son lo mismo. Y, por otra parte, nuestra sociedad es una sociedad madura. Creo que el relato dominante sobre la transición...

P. ¿Cuál es ese relato dominante?
R. El relato según el cual hicimos una transición modélica.

P. Algunos dirían que el relato dominante hoy es el contrario, que fue un desastre…
R. Bueno, vamos a medir cuántas series de televisión cuestionan la Transición. Cuántas películas. Cuántos catedráticos. Cuantos programas de televisión. Pero yo me refería a la idea según la cual los españoles somos un pueblo tendente a enfrentarnos entre nosotros. Eso salió a relucir, por cierto, con el tema de la sucesión dinástica: “¿Un referéndum para enfrentarnos más?”. Sinceramente, yo no me imagino que nadie se plantee esa pregunta en países como Noruega. Yo creo que durante la Transición había una concepción un tanto romántica de los españoles, quizá un poco atávica: “Hubo una guerra entre hermanos y una transición en la que todo el mundo cedió algo”. Esa idea según la cual tendríamos dificultades para gestionar demasiada democracia porque siempre tendemos a dividirnos no sé si es solo española... Pero desde luego no me la imagino en Noruega.

P. Volvamos a la idea de que la oligarquía ha secuestrado la democracia. ¿Ha secuestrado también la Constitución?
R. Hay autores que hablan de un cierto proceso "deconstituyente". La idea de cómo se ha ido modificando la Constitución sin pasar por ningún referéndum. Cómo ha sido reforzada paulatinamente en algunos aspectos y, digamos, desvalorizada en otros.

P. Eso dicen algunos autores. ¿Y usted?
R. Yo no soy experto en Derecho Constitucional. Me interesa más la discusión sobre en qué medida esta Constitución ayuda al bienestar de los españoles, que el debate sobre el momento fundacional del régimen del 78. Lo que me importa es cómo nos dotamos de instituciones que nos permitan saber que nuestros hijos no tendrán miedo si se ponen enfermos. Y eso puede exigir modificaciones, por ejemplo para que no se puedan externalizar servicios de Sanidad. Porque los españoles hemos decidido modificar una parte del pacto de convivencia fundamental. Yo soy más partidario de un proceso constituyente, pero lo fundamental es que nos pongamos de acuerdo en cuáles son los contenidos a modificar.

P. ¿Y cuáles son?
R. Queremos dotarnos de un pacto que diga, por ejemplo, que el derecho a la sanidad pública igual está igual de blindado que el derecho a la libertad de expresión. Y queremos dotarnos de unas normas que hagan que eso no esté en manos de una mayoría o de otra. Vamos a reunir una inmensa mayoría, lo blindamos, y que solo se pueda modificar con una mayoría similar. Que pueda haber modificaciones en el equilibrio electoral en un sentido o en otro, pero que hayamos construido un suelo mínimo. Yo creo que no hemos sido capaces de construir ese suelo mínimo que garantice que todos los ciudadanos  puedan ser ciudadanos.

P. ¿Quiere decir que la Constitución no ha impedido que el poder viole el Estado de derecho?
R. Sí, desde luego, y ahí se abre una discusión. ¿Un mejor uso de la Constitución lo habría podido hacer? Es posible. Pero también es verdad que esta Constitución ha permitido que esto suceda. Así que nosotros, que somos otra generación, nos dotamos de unas instituciones porque las existentes no se han revelado lo suficientemente fuertes para impedir que esos privilegiados secuestren el estado de derecho. Así que a lo mejor hay que reforzar las murallas. Y luego hay otra discusión más técnica: ¿Para reforzar las murallas tenemos que repartir de nuevo la baraja o basta con hacer modificaciones de la Constitución? Y ahí la respuesta como politólogo es que querría desarrollar más el debate. En términos exclusivamente políticos diría que lo importante es construir una mayoría muy amplia nueva para que se produzcan esas modificaciones, y encontrar luego cuáles son las vías para que esas modificaciones puedan reordenar una parte del pacto de convivencia en un sentido más favorable a la gente corriente, a la gente trabajadora.

P. Y si esa mayoría no cristalizara, ¿qué se haría mientras tanto?
R. El expresidente de Uruguay Pepe Mujica decía que para la gente que vemos la política como transformación lo importante siempre es el "mientras tanto". Nos contaba que él venía de una generación que estaba empeñada en asaltar los cielos, pero que mientras los asaltaban… Lo dice alguien con cierta edad y como presidente de Uruguay, pero me parece una cosa con mucho sentido. La clave es el "mientras tanto". Porque hay muchas cosas que no llegan. Claro que las tienes que pelear porque si no, no avanzas. Mientras tanto, ¿cómo vas a ser capaz de asegurar que mañana se frena la infamia de que una familia pierda su casa? ¿Eso significa renunciar a la posibilidad de un consenso amplio para una apertura constituyente? No en absoluto, no. Solo significa decir que en el mientras tanto hay necesidades urgentes que cubrir. Si hay un cambio y un Gobierno nuevo, la gente nos juzgará desde el minuto uno por las expectativas que hemos levantado. Eso está bien, pero también te espolea a solucionar mañana, en 100 días, que la gente no pase frío en su casa. Mientras haces grandes cambios habrá que asegurar que nadie pase frío.

P. Es decir, que lanzar el proyecto constituyente es una idea para galvanizar a la sociedad.
R. Claro, y servir de palanca. Mucha gente nos dice: “Si ahora lo abres te sale peor que en el 78”. Eso obvia que si has sido capaz de abrirlo es porque la correlación de fuerzas ya es diferente. Lanzar esa idea abre un horizonte constituyente; hasta que eso se transforma en una codificación legal pasa mucho tiempo. Pero es una idea en discusión. A mí me seduce…

R. ¿No hay unanimidad en el partido sobre eso?
R. Sí. Lo que hay son diferencias sobre la prioridad de las cosas y sobre en qué medida cada cosa ayuda a acumular fuerzas en un sentido y en otro. Hay que reconocer que es uno de esos temas que requiere un grado un poquito más alto de complejidad política. No es uno de estos temas que se explican fácilmente y, por tanto, calan más en espacios de debate más sosegados y luego, sí van permeando, permean.

Universidad, casta, ideología

P. El artículo de Soroa afirma que su propuesta de crear una nueva hegemonía divide al país en honestos y corruptos y tiene un tufo totalitario.
R. Es un buen artículo al que me gustaría tener tiempo para responder. Porque tiene al menos dos trampas: por un lado, describe una lógica general, la de la hegemonía, como una particularidad de Podemos, que aspiraría a construir una voluntad general nueva. No hay actor con voluntad hegemónica que no aspire a encarnar el universal. Pero esa aspiración es siempre precaria y necesariamente incompleta, lo que es garantía de libertad, de que el poder, con Leffort, es siempre un lugar vacío. Por otra parte, deduce de esa pretensión hegemónica una lógica excluyente. Es cierto que toda construcción de un "pueblo" conlleva la creación de una frontera que define un ellos y un nosotros. Pero esa frontera puede ser en términos adversariales: el "ellos" es legítimo, no se aspira a su destrucción física sino a su derrota política. En una comprensión típica del conservadurismo liberal, se cree que lo que amenaza la diferencia es el conflicto y la lucha de ideas, cuando lo que la viene amenazando es la suspensión de las diferencias en torno a un consenso ‘técnico’ que encumbra el poder de minorías oligárquicas por encima de la soberanía popular.

P. Bajemos a la tierra. ¿Qué le pareció la manifestación de París?
R. La casta se hizo un selfie. Esa foto desde arriba, apartados de la gente, ese triángulo es tremendo. Además ir de la mano de gente como Netanyahu, Sarkozy… Por lo masiva se parece a la del 11-M, que fue la mani más transversal en la que yo he estado. Estaban Aznar, Berlusconi y gente de todas las tendencias.

P. ¿Hay casta en la Universidad?
R. Yo creo que la casta se inventó en la Universidad.

P. ¿Así que lo de Félix de Azúa lo sabía ya?
R. ¡Y nos los dice a nosotros, que hemos estado de becarios, corrigiendo exámenes y trabajos que no son nuestros, escribiendo artículos que a veces no firmas, y pagando un precio muy alto por el compromiso político! El compromiso de izquierdas en la Universidad estaba bien visto en la Transición. Luego había que moderarse y si seguías siendo rojo se pagaba caro. Bolsas de viajes para asistir a seminarios, derecho a escribir en ciertas publicaciones… Conocemos muy bien la casta universitaria.

P. A usted también le acusan de gozar de privilegios.
R. Nos están poniendo bajo una lupa de aumento que no ya la casta, sino una gran parte de la ciudadanía, no podría aguantar. Es muy significativo que en el momento de agotamiento moral y crisis de imaginación de unas élites, lo único que se les ocurra decir es: “¿Lo ven, nosotros damos asco, pero ven como ellos también?”. Esas cosas siempre calan, y no hay que ser arrogante. Pero creo que la gente se da cuenta de que usan una doble vara de medir, y que eso puede convertirse en un bumerán.

P. Algunos dicen que los dirigentes de Podemos son grandes expertos en comunicación política y malos políticos.
R. Esa es una crítica más elaborada: primero fue la andanada con ETA y Venezuela, luego vino el “ustedes no reciclan”, sugerir que no somos gente honesta y trabajadora y que nos dedicamos a lo que nos dedicamos, y luego una cosa que parece un elogio pero que es una crítica: “No, es que son muy listos, son muy buenos”, es decir, saben engañar a la gente. Ahora nos dibujan como a una especie de alquimistas. Después de las elecciones, en la televisión todos me preguntaban “¿Cuál es la fórmula?”. Yo podría ser un farsante y escribir un best-seller: “Así inventé la campaña Podemos”. Pero la fórmula es: ¿No has visto cómo está el país? Es un conjunto de ingredientes lo que fabrica la receta.

P. Falta que Podemos explique para qué está aquí.
R. La sensación es que estamos en un momento muy raro en el que los “para qué” son evidentes para mucha gente. Unos movimientos sociales se han convertido en alternativa de cambio y otros no. La clave es que las cosas se les han ido tanto de las manos a los poderosos que reivindicaciones muy moderadas son hoy las banderas del cambio. Nos han puesto muy fácil la receta. No somos una suerte de laboratorio, solo somos unos militantes universitarios críticos que quieren cambiar las cosas y que en un momento dijimos: "vamos a convertir esa marea de gente harta en una alternativa de cambio". No lo hemos conseguido. Solo hemos puesto sobre la mesa que es posible, que hay condiciones para el cambio. Pero falta lo más duro.

P. Mucha gente no entiende que digan que no tienen ideología, que no son de izquierdas.
R. La ideología no solo se expresa en las metáforas derecha e izquierda. Esa metáfora es eminentemente europea y se utiliza desde hace dos siglos, pero ya no sirve para explicar lo que pasa en España. Las diferencias formales entre izquierda y derecha se han borrado tanto que la gente ya no se identifica con eso… En cambio, la división entre casta y ciudadanía ha prendido como un campo de hojas secas al que tiras una cerilla. La cerilla solo había que tirarla, pero la clave es que el campo estaba totalmente seco, que el terreno estaba abonado. Pero eso no es una apelación nuestra a desideologizar. Al revés: se trata de hacer más política pero con otras metáforas.

Grecia y la Unión Europea

P. ¿Cómo cree que va a influir Grecia en el futuro de Podemos? El taxista que nos ha traído decía que lo suyo va a depender de lo que pase en Grecia. Dice que como los de Grecia ganen y fracasen, aquí nadie se tomará en serio a Podemos.
R. Cuando nosotros hemos dicho que estábamos siguiendo la agenda griega y que eso solo conducía a la situación griega, nos decían “¡Esto no es Grecia!”. Ahora de repente todo el mundo parece encantado de decir que esto es Grecia. El caos, Syriza es el Podemos griego… De repente hemos descubierto que esto es Grecia. Pero hay diferencias sustanciales. A nosotros nos parece que Grecia está condenada a mayor audacia de la que nos haría falta a nosotros, porque nosotros somos la cuarta economía de la zona euro y tenemos más capacidad de negociar y de presionar, de hacernos valer, y tenemos una composición de la deuda diferente. En el caso de Grecia me parece que están obligados a jugar de farol. Como cuando en las películas americanas hay dos coches que van corriendo hacia el abismo a ver quién se atreve menos y se desvía. Y yo creo que Merkel también está jugando de farol. Hay economistas que ya están diciendo que en realidad las instituciones europeas tienen descontada la mayor parte de la deuda griega, que debe sobre todo a las instituciones europeas o a instituciones internacionales y no a fondos de inversión o en los mercados secundarios, y que por tanto la posibilidad de reestructurar la deuda es más sencilla. Lo que pasa es que Merkel también está en campaña electoral.

P. Y negociando…
R. Tanto la victoria de Syriza como el desempeño de un posible gobierno popular y alternativo en Grecia van a tener repercusiones, pero me parece que al final la política internacional importa relativamente, influye relativamente en las cosas, salvo en periodos muy concretos. Si hay una guerra o un atentado…

P. Bueno, oyéndole parecería que el PP se hubiera inventado esa política, cuando esa política la ha impuesto Merkel. Lo cual indica que la política internacional cuenta mucho.
R. Ah, no, no, claro, Rajoy es un testaferro… Decía para la cosa electoral.

P. Podemos dice que va a cambiar las cosas, pero si gana las elecciones va a llegar a Bruselas y va a haber 26 países de 28 que van a decir “esto no se toca”. ¿No sería bueno ser honestos con la gente y decir que esto es muy difícil cambiarlo?
R. Sí. Hay que reconocer que las columnas centrales exigen... Hay una pelea que dar en Europa pero es obvio que la das en una correlación de fuerzas que no eliges, incluso si has ganado aquí. En Europa avanzas lo que puedes; lo que no puedes lo negocias, y lo que no puedes negociar te lo comes. Por otra parte, y esto es muy poco hermoso para salir en los manuales, todo el mundo hace básicamente lo que puede, incluso en los procesos más formalmente revolucionarios, llegas al poder, te encuentras con lo que hay y a partir de eso avanzas lo que puedes, y lo que no puedes lo intentas postergar o intentas no ceder demasiado. Sin embargo, mi sensación es que hay margen. Seguramente la política fiscal es el mejor ejemplo de eso. Habría elementos. ¿Hay soberanía económica en España? En absoluto. ¿Pero tienes elementos concretos como para hacer modificaciones que cambien sustancialmente la vida de la gente? Creo que hay muchas cosas que sí puedes hacer.

P. ¿Hay margen para la política?
R. Ciertamente hay margen. Hemos hablado de desahucios, hemos hablado de la pobreza energética, hemos hablado del modelo de relaciones laborales, de las leyes para regular el mercado de trabajo, hemos hablado de la política fiscal. Todas esas cuestiones son cuestiones en las que un Gobierno se puede mover. Hay que reconocer que ha habido cesión de soberanía en Europa, y hay que reconocer también que esa ha sido la mejor excusa para las élites. Las élites durante mucho tiempo han podido usar el “es que viene de Europa”. No, a usted le vienen directivas y usted decide cómo las aplica y cómo las concreta. Pero le vienen sobre algunas cosas, hay muchas sobre las que usted decide.

P. ¿Cree posible construir Europa sin ceder soberanía?
R. Entiendo que hoy no hay un proceso europeo, que el actual proceso europeo es un proceso fallido. La debilidad política de la Unión Europea y la cesión de cosas tan importantes como la soberanía monetaria a órganos que no tienen el menor control democrático ha sido un suicidio. No tenía ningún sentido cederle eso a un banco central europeo sobre el que no tenemos control y que parece haber sido diseñado para engrosar las arcas de los bancos privados: no puede prestar a los Estados pero sí a los bancos para que estos presten a los Estados. Pero claramente no hay integración sin cesión de soberanía. A mí no me importa ceder soberanía siempre que se la cedas a organismos democráticos. Si cedes soberanía a organismos menos democráticos que lo que tenías en tu Estado nación, mejor no cederla.

Pablo Iglesias acusa a Susana Díaz de vetarle en Canal Sur

SEVILLA.- El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha dicho hoy en un mitin en Sevilla, aludiendo al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que los que no van a pactar con el PP son ellos, ni se lo van a poner fácil "en ningún contexto".

"Mi serie favorita de televisión es 'Juego de tronos' y la de Pedro Sánchez, 'Perdidos'", ha ironizado al recordar la visita de Sánchez a Washington, y ha retado a la presidenta andaluza, Susana Díaz, a un debate en televisión, ya que "manda más que Pedro Sánchez y parece que es más valiente".
Después de asegurar que Díaz le ha vetado en Canal Sur -"No se entrevista en mi televisión al coletas", ha asegurado que ha dicho Díaz en una llamada telefónica de la que ha tenido conocimiento por "amigos" de la emisora-, ha insistido en que Sánchez está perdido y no sabe si reformar el artículo 135 de la Constitución, ni con quién está en Grecia, mientras que él y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sí lo han expresado.
"El Canal Sur de Susana Díaz ha vuelto a dar la campanada", ha dicho Iglesias en referencia al fallo del canal autonómico en la retransmisión de las campanadas en Nochevieja, y ha comparado la televisión andaluza con "la RTVE de Rajoy", que les organiza "encerronas".
Ante más de 3.000 asistentes que llenaron el Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla, Iglesias ha asegurado que el cambio político llegará desde el sur y ha emplazado a los asistentes a estar en Madrid el día 31 de enero en la "Marcha por el cambio" y a hacer "una foto histórica en la Puerta del Sol"; "para poder decir a vuestros hijos, 'yo estuve allí'".
Podemos es "el GPS" porque sabe "a dónde no hay que ir y a dónde sí", ha señalado Iglesias, que ha asegurado que en su partido son "sensatos, pragmáticos y responsables" y que los tres problemas de España son "el paro, la desigualdad y el nivel de endeudamiento".
Si las cuentas para las políticas sociales no cuadran, ha asegurado, es "porque los corruptos tienen compradas a las elites del PP y del PSOE", y ha añadido que cuadrarán si se gravan más las riquezas más elevadas, los mayores patrimonios y el impuesto de sociedades vuelve a estar como antes de que gobernara José María Aznar.
"Nos tratan de convencer de que la corrupción es la suma de indignidades personales, pero el problema de la corrupción es de Gobierno", ha dicho, y ha pedido "escobas" porque "la corrupción no sólo se combate con jueces y con el Código Penal, sino que hay que democratizar la economía".
Del presidente del Gobierno ha señalado que aunque diga que "las cosas van de maravilla" desde que él gobierna el porcentaje de desempleados sin prestación alguna ha pasado del 35 % al 54 %, y hay 3,7 millones de parados más.
El 31 de enero "hay que despedir a la casta", ha enfatizado Iglesias, para quien 2015 va a ser un año difícil para su partido porque sus oponentes van a seguir "insultando, mintiendo y difamando".
Podemos no es la solución, sino un instrumento; este país lo va a cambiar la gente. Por eso queremos llenar las calles de gente", ha dicho sobre la próxima manifestación de su partido en Madrid.
"Llenando la Puerta del Sol les vamos a decir que este tiempo se acaba y que este país necesita un gobierno decente", ha añadido, mientras que los asistentes dispuestos en el escenario desplegaban la leyenda: "El momento es ahora".
Iglesias ha comenzado su intervención recitando el poema de Manuel Machado que describe las ocho provincias andaluzas y que concluye diciendo "...y Sevilla", ha seguido contando anécdotas de su abuelo, quien paseó por Sevilla con García Lorca, y lo ha terminado cantando el himno de Andalucía con los asistentes en pie.
Iglesias ha estado precedido por la aspirante a liderar Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, quien ha dicho que los dirigentes de este partido están dispuestos a renunciar a dos tercios del sueldo de cargo público, y que ha asegurado que "lo que da miedo no es hacer propuestas distintas, sino que todo siga igual".

Lecciones para España de la campaña electoral griega / José Hervás *

Aunque los expertos en materia electoral advierten de que España no es Grecia, inmediatamente después matizan que, pese a todo, Rajoy, Sánchez, Garzón, Rosa Díez o Albert Rivera tendrán que tener muy en cuenta lo que allí suceda. La primera lección de la campaña electoral de Grecia es la falta de empatía del primer ministro griego con los votantes.

Es ahí donde se ha pro­du­cido el primer grave error de la cam­paña de Antonis Samaras. Incapaz de trans­mitir a la ciu­da­danía la imagen de cambio que ne­ce­sita Grecia, como de­muestra el re­chazo ex­plí­cito que con­fiesan las en­cuestas a los dos grandes par­tidos que han go­ber­nado en los úl­timos años el país, Nueva Democracia y los so­cia­listas del Pasok, ha op­tado por es­ti­mular los sen­ti­mientos na­cio­na­listas con una cam­paña contra los in­mi­gran­tes.

La es­tra­te­gia, según las úl­timas en­cues­tas, está re­sul­tando fa­tal. Según el sondeo de Public Views, un 38 % de los en­cues­tados tiene in­ten­ción de votar al par­tido de Alexis Sipras, frente al 30 % que lo haría al del to­davía primer mi­nistro griego. El otro sondeo pu­bli­cado tam­bién el pa­sado lunes por ProRata re­duce la ven­taja del par­tido contra las me­didas de aus­te­ridad a 5 puntos por­cen­tua­les, pero se­guiría ga­nando las elec­ciones con el 31 % frente al 25,5 % que otorgan a Nueva Democracia.

Con estos re­sul­tados y las es­ti­ma­ciones de voto de los dos prin­ci­pales par­tidos co­la­bo­ra­dores del Gobierno de Samaras, los so­cial­de­mó­cratas del Pasok y los cen­tristas de To Potami, Nueva Democracia no es­taría en con­di­ciones de poder pasar la ma­yoría ne­ce­saria en el Parlamento.

La vi­sita del pre­si­dente del Gobierno es­pañol, Mariano Rajoy, a Grecia en apoyo de Antonis Samaras pa­rece un in­tento de re­cor­darle a su co­lega que es la eco­no­mía, la crea­ción de em­pleo y los de­re­chos so­ciales per­di­dos, lo que sigue im­por­tando más en esta oca­sión. Todavía queda una se­mana de cam­paña, pero pa­rece muy di­fícil darle la vuelta a las ex­pec­ta­tivas de vic­toria de Alexis Tsipras.

Un ban­quero griego afin­cado en la city lon­di­nense trans­mitía al Gobierno es­pañol en un re­ciente viaje a Madrid la cer­teza del mundo fi­nan­ciero de la vic­toria del par­tido de Syriza. Interpreta que si tras la vic­toria llegan a un acuerdo ci­vi­li­zado con las ins­ti­tu­ciones in­ter­na­cio­nales para re­ne­go­ciar la deuda, Podemos vería con­fir­marse cla­ra­mente sus ex­pec­ta­tivas en las elec­ciones ge­ne­rales en España.

Por el con­trario si la op­ción de Tsipras fuera la de tomar una de­ci­sión uni­la­teral de no pagar la deuda sin ne­go­ciar con las ins­ti­tu­ciones in­ter­na­cio­na­les, el Partido Popular ten­dría hecha la cam­paña.

El equipo ele­gido en el PP para di­rigir la cam­paña de las au­to­nó­micas y lo­cales ha pro­vo­cado más de una sor­presa en las pro­pias filas po­pu­la­res. En las dos elec­ciones que ha di­ri­gido Carlos Floriano los re­sul­tados no han sido muy bri­llan­tes. En la pri­mera oca­sión perdió las elec­ciones en Extremadura pese a que Rodríguez Ibarra es­taba ya en re­ti­rada.

Los re­sul­tados de las úl­timas elec­ciones al Parlamento Europeo tam­poco pueden ex­hi­birse como un éxito. La de­sig­na­ción de Pablo Casado como por­tavoz de la cam­paña, además de su­poner como mí­nimo una des­au­to­ri­za­ción de Floriano, corre un riesgo.

Todo el mundo confía en el bri­llante fu­turo que le es­pera a Casado, pero es un riesgo ele­vado apostar por una per­sona sin con­trastar en la que se con­si­dera la elec­ción más di­fícil que afronta el Partido Popular desde su crea­ción.

Nunca el riesgo del fin del bi­par­ti­dismo pa­recía tan pró­ximo. El PP ha asu­mido un al­tí­simo riesgo. Un fra­caso po­dría no tener re­medio de cara a las Generales. El PSOE tam­bién tiene mucho que aprender de lo que está pa­sando en Grecia. Aunque con un Pasok dis­mi­nuidó y con el hijo de Papandreu li­de­rando un nuevo par­tido, Pedro Sánchez tenga di­ficil acudir a Atenas a apoyar a na­die. A los grie­gos, a los es­pañoles y a los eu­ro­peos nos va mucho en ello.

(*) Periodista

Pedro Sánchez: 'Lo mejor siempre ha venido de la mano del PSOE'

VALENCIA.- El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha dicho hoy que "basta ya de engaños y fraudes, de Mato, Matas, Blesa, Rato, Aguirre, Aznar, amiguitos del alma y bolsos de Louis Vuitton", y ha considerado que "es hora ya de que alguien en el PP asuma algo de responsabilidad política".

Sánchez ha realizado estas declaraciones en el Palau de la Música de Valencia, donde ha participado en el acto de presentación de la candidatura de Joan Calabuig a la alcaldía de Valencia.
"Rajoy dice que la crisis ya es historia, pero no sabe que el que empieza a ser historia es él", ha añadido Sánchez, quien también ha denunciado las "mentiras" de quienes abogaban por "no pagar la deuda pública" o "la jubilación a los 60 años" y "ahora callan" porque, a su juicio, "mienten unos y mienten los otros".
En su intervención, ha repetido en varias ocasiones la idea de que "lo mejor que ha pasado a este país siempre ha venido de la mano del PSOE" y ha abogado por "no decir a la gente lo que quiere escuchar, sino la verdad, que la recuperación no ha llegado, que la derecha ha recortado derechos y libertades y que la clase media solo saldrá de la crisis con gobiernos socialistas".
Ha reiterado sus propuestas de favorecer la reestructuración de la deuda de familias y autónomos en dificultades porque "si hay dinero para Castor también lo debe haber para familias" y también ha insistido en la voluntad de derogar la reforma laboral "de la falta de derechos y la pobreza" y prohibir las "amnistías fiscales que benefician a grandes defraudadores".
En referencia a Cataluña ha reprochado a Artur Mas y Oriol Junqueras que utilicen el "buen nombre" de la región "en beneficio propio, para pelear solo por poder" y ha pedido a los catalanes que en septiembre "apuesten por la Cataluña de verdad, la de la concordia, no la de la fractura y la televisión".
Sánchez ha defendido que "es mentira" que el PP y el PSOE sean lo mismo, porque "no es lo mismo el que construye que el que destruye", y ha aludido a los sistemas sanitarios y educativos, el ingreso de España en la UE, la ley del aborto, las pensiones, la dependencia, la igualdad o el matrimonio homosexual como proyectos "con las siglas del PSOE".
"Hay que frenar la resignación, los recortes, recuperar la decencia en la política y mandar al PP a la oposición", ha defendido Sánchez, quien ha citado a Alfonso Guerra al afirmar que "ser socialista es tener sed de justicia".
"Vamos a ser la primera fuerza política a partir del 24 de mayo. Os pido que dejemos de contar los votos que perdimos y contemos los que ganaremos si nos mantenemos fieles a nosotros mismos. Lo mejor que ha pasado a este país siempre ha venido de la mano del PSOE", ha agregado.
Asimismo, ha añadido: "Hemos logrado lo que generaciones solo soñaron, me niego a que el rencor y la desconfianza lo ocupe todo, a que el único proyecto sea lanzarnos unos contra otros. Dejemos de hablar de lo que se ha hecho mal para hablar de lo bueno que se ha hecho en este país".
En referencia al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le ha reprochado que gobierne para el "10 por ciento de pudientes" y ha afirmado que el PSOE gobernará para el 90 por ciento restante, para que "los datos económicos positivos lleguen al conjunto de los españoles".
Ha propuesto un nuevo sistema de financiación autonómica, el fin de las "puertas giratorias" y transparencia en los partidos porque, según ha asegurado, para consultar las cuentas del PSOE basta con "visitar la página web" mientras que para conocer las del PP "hay que ir a la Audiencia Nacional o a Suiza".
El candidato socialista a la alcaldía de Valencia, Joan Calabuig, ha afirmado que los valencianos son mejores que "la imagen que proyecta el PP".
Los discursos políticos han estado precedidos de varias intervenciones de la recientemente creada Unión Musical Socialista, que ha interpretado pasodobles ante un auditorio que no ha completado el aforo.