lunes, 10 de septiembre de 2012

IU asegura que Eurovegas es una "burbuja de ilusión falsa"

MADRID.- El coordinador general de IU, Cayo Lara, ha asegurado que el proyecto Eurovegas del magnate Sheldon Adelson en Madrid es una "burbuja de ilusión falsa" porque no se generará tantos puesto de trabajo como se ha asegurado.

   "¿Cómo se van a crear 200.000 empleos? Se aprovechan del sufrimiento y la desesperación de la gente", indicó en declaraciones a la Sexta, antes de añadir que "esta empresa en su conjunto tiene muchos menos puestos de trabajo de los que dicen que van a crear".
   Asimismo, ha asegurado que Eurovegas es similar a otros "pelotazos" que finalmente han tenido consecuencias negativas y ha asegurado que "no es el modelo económico" que necesita la Comunidad de Madrid ni España.
   Más aún, ha vaticinado que el proyecto hará necesario que tanto la Comunidad de Madrid como el Estado tengan que poner recursos y conllevará un "hermoso crédito" con la banca que supondrá un riesgo para el conjunto del país si Adelson no se obtiene la rentabilidad esperada.
   Por otro lado, Lara ha insistido en que el proyecto Eurovegas lo que plantea es "crear una fábrica de ludópatas" y el marco adecuado para "la fuga de capitales y el blanqueo de dinero", porque mucho dinero del que moverá "vendrá venga a usted a saber de dónde".
   "Con Aguirre y Adelson se han juntado el pan y las ganas de comer en cuanto a ideología, porque es uno de los señores que financian el 'Tea Party'", concluyó.

(Ya sí) apoyo al 25S / Ricardo J. Royo-Villanova y Martín


Sigo sin haber leído demasiado sobre el 25S, salvo el manifiesto, las crónicas que se han publicado sobre la creación de la coordinadora y las respuestas del patético movimiento «En Pie» a los comunicados de la coordinadora. Pero creo que es suficiente para superar las objeciones que puse en principio a dicha movilización.

En primer lugar, quedan superadas las dificultades que consideré como «escénicas»: ni es un asalto al Congreso de los Diputados, ni se va a obligar a nadie a nada por la violencia. Las amenazas de Cristina Cifuentes y el empeño de la derecha y de los «holligans» socialistas en trazar paralelismos con los golpes de Pavia y Tejero es sencillamente patético y revela muy a las claras el miedo que tienen, especialmente, cuando se ha aclarado ya por parte de la coordinadora que se trata de una gran movilización ciudadana y pacífica ante el lugar en el que se refrendan las políticas antisociales que inició el PSOE y que ahora continúa el PP, pero que se trazan bien lejos de allí.

Por otra parte, además de las legales, que no reconozco puesto que nos encontramos ante un inmenso movimiento de desobediencia, ¿qué otras razones nos impiden manifestarnos ante el Congreso de los Diputados, ante el Senado, ante la Moncloa, ante la Zarzuela o ante la institución que nos venga en gana? ¿La forma en que PP y PSOE cambian la ley, o incluso la Constitución, a su antojo y de tapadillo, para cumplir sus fines cuando les parece, no nos autoriza a nosotros, los perjudicados por el desmantelamiento del estado del bienestar, a desobedecer la Ley cuando lo consideremos necesario? ¿Es quizás la obediencia de la Ley una obligación en un sólo sentido?

El 25S busca dar un paso más allá en las movilizaciones contra el desmantelamiento del estado del bienestar. Las reformas sociales, el hecho de que se esté estudiando cambiar la Ley al dictado de un magnate mafioso norteamericano para que acceda a instalar sus negocios en nuestro país, la realidad cada vez mas clara y contrastable de que la política económica y social española se decide por autoridades extranjeras y sin legitimidad democrática alguna, la evidente pérdida de derechos sociales e incluso políticos que se ha producido desde el acceso de Mariano Rajoy al Gobierno, la criminalización de la protesta social y el repunte de la represión hasta límites desconocidos desde 1978, son todos ellos indicadores claros de la absoluta falta de legitimidad del régimen político imperante actualmente en España. Por este motivo, es preciso ir a protestar al lugar en que ese régimen político toma existencia física, y ese lugar es, sin lugar a dudas, el Congreso de los Diputados.

Es necesaria una movilización que plantee -y si tenemos fuerza, incluso que la inicie- la superación de un régimen político y una Constitución que no son capaces de garantizar el estado del bienestar, una constitución que blinda unos derechos, los de la minoría, y relativiza otros, los de la mayoría social; una constitución, en definitiva, incapaz de garantizar que España sea el régimen que declara ser en sus primeros artículos: un estado social y democrático de derecho.

Los integristas de la Constitucion de 1978, una extraña coalición de los herederos del franquismo, el franquismo sociológico instalado en ciertos sectores de las clases medias, el PSOE y algunos grupos nacionalistas catalanes, defienden las políticas sociales y económicas dictadas por la Unión Europea y los países del norte con el argumento de que no hay otras posibles: «Esto no es lo que queremos hacer, pero hemos topado con la realidad», es como lo explicó Mariano Rajoy.

Pues resulta que tienen razón: en el actual régimen político y con la actual constitución, no hay otras políticas económicas y sociales posibles que las que, por turnos, hacen el PSOE y el PP, especialmente cuando han destruido el sistema fiscal y nos han abocado a financiar el estado del bienestar mediante deuda pública, para después proscribirla mediante leyes contra el déficit y reformas constitucionales que priorizan el pago de la deuda sobre el pago de los servicios sociales, trufado todo ello de espectaculares procesos especulativos, ante los que las autoridades miran a otro lado, si no es que se benefician directamente de ellos, ya que el que hoy es presidente de un banco central o ministro de finanzas de un país saqueado, ayer era presidente o delegado de uno de los bancos saqueadores. Por estos motivos, es necesario destruir el régimen político emanado de la constitución de 1978 y elaborar una nueva constitución que configure a España en un verdadero estado social y democrático de derecho.

¿El 25S va a caer el régimen de 1978? No, no lo va a hacer. Pero el 25S sí va a a contribuir a dos cosas: en primer lugar a poner sobre la agenda política real la necesidad de superar la actual constitución, y en segundo lugar va a intentar iniciar un nuevo estilo de movilización masiva que busca no tanto la protesta contra ésta o aquella acción o medida del gobierno, como el enfrentamiento con el régimen político en sí, y todo ello con la voluntad declarada de destruirlo e iniciar un proceso constituyente que os lleve a la constitución de un auténtico estado social y democrático de derecho.

Estas son las razones por las que he decidido apoyar la movilización del 25S y acudir a la calle ese día. Así mismo, animo a las organizaciones sociales y políticas que me son cercanas -IU, Equo, CGT, CCOO- a que le den su apoyo, y llamo a las lectoras y a los lectores de A Sueldo de Moscú, así como a mis seguidores en Facebook y Twitter a que se manifiesten ese día a las puertas del Congreso de los Diputados o allí donde las fuerzas represivas les permitan llegar. 

Que el 25S quede patente el rechazo a la constitución de la manera mas amplia posible.

El sindicalista Méndez confía en que la Marcha del 15-S sea un "clamor multitudinario"

MADRID.- El secretario general de UGT, Cándido Méndez, prevé que la Marcha a Madrid programada para el próximo 15 de septiembre servirá como "expresión multitudinaria de clamor" para materializar el rechazo "rotundo" de la sociedad española hacia las políticas de ajuste emprendidas por el Gobierno.

   En declaraciones a los medios de comunicación antes de asistir a una asamblea de delegados en Madrid, Méndez ha mostrado su convencimiento al afirmar que "con plena seguridad" la convocatoria será un resorte para denunciar "democráticamente hasta la saciedad" que el Ejecutivo debe "rectificar", porque de lo contrario, "nos llevará a una situación aún peor de la que estamos".
   "Estas no son las alternativas, sino son caminos de perdición que van a llevarse por delante todos los derechos y fundamentos básicos de la economía española", ha dicho Méndez, quien ha avanzado que seguirán con las movilizaciones para que el Gobierno cambie su postura "de sumisión servil" a los dictamines procedentes de Bruselas.
   Para finalizar, el sindicalista ha reclamado que la única condición que puede aceptar el pueblo español ante un eventual rescate de la economía española sería "pagar las deudas", por lo que ha abogado por "trabajar en un camino de reducción de las gravísimas cargas sociales y económicas" que se vienen imponiendo. "Estamos mas allá del limite", ha denunciado.

Hundirán a Portugal como hicieron con Grecia / Juan Torres López *

Siguen aplicando recortes en Portugal (como en España) a pesar de que no funcionan y de que producen (como advertimos los economistas críticos) el efecto contrario del que predicen las autoridades neoliberales. Impusieron subidas brutales del IVA asegurando que al subir la recaudación aumentarían casi un 12% los ingresos públicos en 2012. Los críticos advirtieron (como advertimos en España) que eso no funcionaría así y lo cierto es que a finales de julio habían bajado un 1,1%. Ahora en nuestro país vecino aplican nuevos recortes de salarios diciendo que son imprescindibles para recuperar su economía (como harán dentro de muy poco aquí) pero tengan por seguro que su efecto será el contrario: se destruirá más actividad y empleo y la economía irá a peor.

La razón de por qué se empeñan en aplicar medidas que todo el mundo puede comprobar que no funcionan es clara: no pretenden solucionar los problemas económicos ni hacer que la economía y la sociedad funcionen mejor. Si fuese así no seguirían aplicando las que están empeorándolos al aumentar el cierre de empresas, el paro, la pobreza y la mortalidad (ésta ha subido un 20% en Portugal sobre todo porque hay muchas personas mayores que han dejado de ser atendidas al encarecerse los servicios médicos y de transporte). Lo que buscan es otra cosa: simplemente, que los grupos sociales ya más ricos y poderosos aumenten aún más su riqueza y poder y se queden con todo. Unos lo llaman expolio. Yo veo en ello a la vieja lucha de clases, esa que algunos dicen que es un invento que ya no existe.

(*) Catedrático de Economía en la Universidad de Sevilla

Le lanzan un tupper a Esperanza Aguirre en la apertura del curso escolar

SAN AGUSTÍN DE GUADALIX.- El comienzo del curso escolar ha sido poco afortunado para Esperanza Aguirre. La presidenta se trasladó al colegio público bilingüe Virgen de Navalazarza en San Agustín de Guadalix para el acto de apertura del curso, sin embargo fue recibida en las puertas por un grupo de unas diez personas, algunas de ellas ataviadas con la camiseta verde en defensa de la educación pública, que le exigieron “menos tupper y más maestros”.

 En un momento dado y según testigos presenciales, una madre ha arrojado un tupper vacío, que llevaba una profesora, contra Aguirre, pero ha fallado. La presidenta ni siquiera se ha dado cuenta del lanzamiento del recipiente. Le acompañaba la consejera de Educación y Empleo, Lucía Figar. 

A su salida, una docena de personas las han abucheado, mientras que otros padres les aplaudían. Antes de que subiera en el coche, una madre le ha lanzado una fiambrera vacía. La mujer ha explicado a los medios que cobra 600 euros de paro y que no se puede permitir pagar el comedor, que cuesta cinco euros al día. "¿Por qué no tocan a la gente que tiene dinero, a los que evaden a Hacienda, a los que se llenan los bolsillos con la especulación?", se ha preguntado.

La madre, presa de los nervios, ha asegurado después que está en el paro y que no puede pagar el comedor de sus hijos. “Esperanza Aguirre está convirtiendo la escuela pública en privada”, afirmó.
La polémica con el tupper viene después de un anuncio de la Comunidad en el que permite que los niños lleven la fiambrera con la comida de la casa al colegio, dada la difícil situación económica.

Malestar en la Casa Real española por las últimas decisiones de Iñaki Urdangarín

MADRID.- ¿A qué juega Iñaki Urdangarín? La frase no es una broma relacionada con el pasado olímpico del yerno de los Reyes. Es lo que se preguntan en Zarzuela a tenor de los últimos acontecimientos. La decisión del duque de Palma de colocar a la infanta Cristina como presidenta de Aizoon, una de las sociedades con mayor implicación en la presunta captación de fondos públicos, evasión de capitales y fraude fiscal en torno a la red Nóos, no se entiende desde ninguna perspectiva. Tira por tierra la estrategia diseñada por Casa Real, condenar a Urdangarín para luego indultarlo, y siempre dejando al margen a la infanta Cristina. 

El propio juez Castro señaló que “conocer” no es lo mismo que “participar”. ¿Pero cómo se entiende que conociendo, alguien asuma la presidencia de una sociedad que está siendo investigada por la Justicia? Según publicó El Economista, la infanta, en una junta celebrada en Maryland, aceptó la presidencia de Aizoon, de la que hasta aquel momento había sido secretaria general. Su marido, el duque de Palma, pasó a ocupar el puesto de su esposa.

La firma estaba participada a partes iguales por ambos, y según obra en las hojas de contabilidad de la empresa, doña Cristina habría efectuado a su cargo gastos personales, como las obras en el palacete de Pedralbes y Washington, amén de haber abonado con cargo a Aizoon las cuentas del personal doméstico. Si Castro decidió no imputar a la hija de los Reyes de España para no estigmatizarla, Urdangarín la ha puesto en el escaparate, al mando de una sociedad, que, pese a haber presentado pérdidas en dos ejercicios consecutivos, tiene unos activos de un millón de euros.

Cada vez es más evidente quién manda en el hogar de los duques de Palma. Ya destrozó los planes de la Reina de pasar unos días con su nieto y su hija cuando consiguió que los niños volvieran a Barcelona cuando no habían pasado ni dos días en Mallorca. La infanta ni siquiera pisó tierra balear para demostrar el apoyo a su marido, excluido de las vacaciones estivales.  Y eso que el Gabinete de Prensa de Zarzuela ya había anunciado la visita de la hija de los Reyes de España a Marivent. El cambio de planes fue rotundo: junto a su marido doña Cristina pasó unos días en las playas del País Vasco Francés, concretamente en Bidart.

Hay quien dice que la infanta padece síndrome de Estocolmo o, sencillamente, está absolutamente enamorada de su esposo. No lo está pasando bien. A pesar de haber intentado mantener apartados a sus hijos de toda la información relacionada con el caso, su hijo mayor, Juan, sabe lo que ocurre, está en una edad en la que se empieza a manejar Internet. Por si esto fuera poco ha tenido que aguantar algún insulto por parte de los viandantes barceloneses cuando ha salido a la calle. Su situación no es agradable.

Pero no todo van a ser problemas. En el ámbito laboral no puede quejarse. Seguirá trabajando para Caixa, pues en la entidad están contentos con ella y recuerdan que fue contratada antes de que se casara con Iñaki Urdangarín. La situación es muy distinta a lo que ocurrió con Telefónica, donde Urdangarín ha sido cesado como delegado de la operadora en Washington. Lo suyo no fue una dimisión, fue un cese autorizado por la Zarzuela.

Según informa el diario El País en su edición en papel, Urdangarín y la infanta Cristina cobraron un millón de euros del Instituto Nóos. Curiosamente, la misma información aparecía en la versión on line del diario a primera hora de la mañana bajo otro titular en el que no estaba la infanta. Sin embargo, a lo largo de este lunes, el titular en Internet ha cambiado en varias ocasiones.

Por otra parte, es de todos conocido que la esposa de Diego Torres (Ana María María Tejeiro), socio del duque de Palma, está imputada en la investigación del caso Nóos, no así la infanta Cristina, pese a la petición del sindicato Manos Limpias. Según El País, el Instituto sin ánimo de lucro ingresó nueve millones de euros entre 2004 y 2007, y de su cuenta corriente salieron la mayoría de los fondos hacia siete sociedades privadas, todas ellas propiedad del duque de Palma, de sus socios o de ambos. Del análisis de esa cuenta y de otras 39 más, la policía ha concluido que las dos parejas, los matrimonios Urdangarín y Torres, recibieron tres millones de euros del Instituto Nóos. Casi dos millones fueron a parar a Diego Torres y su esposa, y 1,1 fueron para la infanta Cristina y su marido.

El grupo de Delincuencia Económica de la Policía, en el análisis policial de las 40 cuentas corrientes relacionadas con el caso, revela las transferencias de dinero a Luxemburgo por valor 712.000 euros. Pese a la constancia documental de traslado de fondos a Suiza, la instrucción todavía no ha acumulado suficientes pruebas para atribuir a Urdangarín y Torres un delito fiscal y otro de blanqueo de capitales. De momento, Urdangarín y su socio serán juzgados por los delitos de malversación de caudales públicos, falsedad documental y fraude a la Administración.

Miriam Prat
miriam@hispanidad.com

http://www.hispanidad.com/confidencial/malestar-en-la-casa-real-por-las-ltimas-decisiones-de-iaki-urdangarn-20120910-152156.html

La casta política / Ramón Cotarelo *

César Molinas acaba de publicar en El País un artículo titulado Una teoría de la clase política española que es en realidad un capítulo o extracto de capítulo de un próximo libro suyo que promete ser interesantísimo. La pieza ha tenido una gran repercusión y ha movido mucha controversia en las redes, más que nada por proponer como solución al principal problema político español una reforma electoral en favor de un sistema mayoritario simple a una sola vuelta, al estilo del first past the post británico y que podríamos traducir como "el primero que llega, se la lleva". En el debate muchos sostienen que no es tal solución, pues consistirá en reforzar el sistema bipartidista y prolongar los males que aquejan a la patria.
 
Palinuro, a su vez, a quien el artículo parece brillante, muy bien escrito, riguroso y muy convincente, tiene dos puntos de discrepancia, uno en el origen del razonamiento de Molinas, referido al modo en que se organizó el Estado territorialmente en la transición, y el otro en la propuesta de solución que hace con el sistema electoral mayoritario, que le parece errónea.
El resto del artículo, a su juicio, pisa terreno muy firme. Su idea es que los políticos españoles forman una clase de privilegiados que vive de la captura de rentas, una casta extractiva, ajena a los intereses colectivos y que solo tiene en cuenta los suyos como grupo. Es un diagnóstico que coincide en general con la imagen que tiene la opinión pública, para la que esta casta política es un problema y que, si no se matiza, corre el riesgo de ser no del todo justa. El concepto "casta política" viene a corroborar la extendida idea de que "todos los políticos son iguales" y, si bien las excepciones son lamentablemente escasas, este enunciado es falso. Entre el señor Durán, que reside en el Palace y lleva treinta años viviendo opíparamente de la política y el señor Cayo Lara,  hoy por hoy, media un abismo y ocultarlo no sirve de nada. Lara demuestra palpablemente que cabe ser político sin pertenecer a casta privilegiada alguna. Y no digamos ya Gordillo.
No obstante, el grueso de los políticos, quizá el 90 o el 95 por ciento, en efecto, son casta y Molinas da en la diana. Su artículo, fundado en un buen conocimiento de las investigaciones académicas más recientes, edifica asimismo sobre terreno sólidamente empírico. En el fondo, trae causa de otros trabajos periodisticos que abrieron la veda de la corrupción política y la corrupción de los políticos, en concreto, el libro de Sergio Rizzi y Gian Antonio Stella (dos veteranos de este tipo de asuntos) La Casta, così i politici Italiani sono diventati Intoccabili (Milán: Rizzoli, 2007) y su réplica española a cargo de Daniel Montero, La casta. El increíble chollo de ser político en España (Madrid: la esfera de los libros, 2009). Molinas proporciona una visión más sólidamente teórica en el marco de la lógica de la acción colectiva y la teoría de la decisión racional que ve la clase política como un grupo que trata de maximizar su beneficio a basa de captar rentas en detrimento del bien común.
Ciertamente, es un diagnóstico correcto del principal defecto de algunos sistemas políticos democráticos, el español entre ellos. 
Vamos a las discrepancias de Palinuro. La primera es acerca de la descentralización del Estado durante la transición. Molinas viene a decir que la vía del "café para todos" fue el (equivocado) planteamiento originario y no es cierto. El "café para todos" fe la chapuza, la solución atropellada para salir del paso cuando se puso de manifiesto que la intención original de establecer autonomías "de primera" (Cataluña, País Vasco y Galicia) y "de segunda" chocaba con la resistencia del resto que no la aceptaba. No fue, pues, plan originario sino error reactivo. No tiene mayor importancia, pero las cosas deben contarse como sucedieron. Por lo demás, el propio Molinas reconoce más adelante en su exposición este punto de que el "café para todos" fue una reacción poco pensada.
La segunda discrepancia es de mayor calado. Aunque Molinas diga que el sistema electoral de mayoría simple no es el "bálsamo de Fierabrás" (que, por lo demás, jamás existió) le otorga poderes casi taumatúrgicos. Pero con muy nulo fundamento racional o empírico. La idea de que, por establecer una relación directa entre el electo y el elector, el sistema de distrito unipersonal regenerará moralmente la política patria es puro wishful thinking. El ejemplo se aduce mirando casi exclusivamente a Gan Bretaña o algún otro English speaking country pero soslaya el ejemplo de los Estados Unidos cuya Cámara de Representantes, compuesta por una casta política con altísimos niveles de corrupción de todo tipo se elige por el sistema electoral mayoritario. El log rolling, la pork barrel politics se originan aquí. Es más, es el ejemplo del funcionamiento de la Cámara de Representantes el que Buchanan y Tullock tomaron para hacer la primera crítica demoledora a esta corrupción de la clase política y proponer la reforma constitucional que limitara el gasto público como único método de acabar con el desastre de la casta política. Es decir, del sistema electoral mayoritario no se sigue en modo alguno una regeneración moral de los usos políticos de los representantes. Son necesarios otros factores.
A la inversa, Molinas parece pensar que la corrupción del sistema representativo viene del régimen electoral proporcional, lo cual es tan inexacto como lo anterior. Prácticamente todos los países europeos occidentales, excepción hecha de Francia y, en parte, de Alemania, tienen sistemas electorales proporcionales con diferentes formas de listas: Holanda, Dinamarca, Noruega, Suecia, no son países en los que haya unas castas políticas tan descaradas, sinvergüenzas, privilegiadas y corruptas como en España e Italia. 
Estas dos objeciones no pueden pasarse por alto. Las castas privilegiadas de rentistas corruptos españoles (de partidos estatales y de ámbito no estatal) no dependen del sistema electoral. Es casi seguro que seguirían siendo lo mismo con un régimen mayoritario. La corrupción de los políticos no es un problema de técnica electoral sino de educación, de cultura política y, sobre todo, de acción social y opinión pública. En un país en el que un Camps obtiene mayoría absoluta y un Fabra sigue en la vida pública hay un fallo evidente, pero no está en la mecánica electoral sino en el espíritu de la gente.
(*) Catedrático de Ciencia Política en la UNED, España

domingo, 9 de septiembre de 2012

Sobre la nueva reunión de la Cumbre Social de mañana 10 de septiembre y las movilizaciones previstas

MADRID.- El pasado 25 de julio Ecologistas en Acción participó en la reunión convocada por CC OO y UGT. Tanto en el texto de la convocatoria como en las intervenciones iniciales de Toxo y Méndez, se señaló que el conflicto social planteado ante la actual política de recortes trasciende al ámbito laboral y que, por ello, habían decidido impulsar una reunión que permitiese comentar y contrastar pareceres sobre la necesaria respuesta a las medidas de ajuste impuestas por el Gobierno. Se propuso crear una mesa que moderase la reunión y Ecologistas en Acción fue invitada a formar parte de esa mesa.

Con posterioridad a la celebración de la reunión, el 26 de julio se difundían en los medios de comunicación el nacimiento de “Cumbre Social”, una estructura de coordinación para articular la respuesta ante los recortes y la “Declaración de la Cumbre Social”.
Ni con carácter previo a la reunión, ni durante la misma, Ecologistas en Acción tuvo conocimiento de la intención de crear este espacio ni de difundir un declaración conjunta. Además, los contenidos de la declaración son profundamente ajenos a los planteamientos del ecologismo social y entraban claramente en conflicto con la intervención que Ecologistas en Acción hizo en la reunión del 25 de julio.
Por ello, el mismo 26 de julio Ecologistas en Acción solicitó la retirada del nombre y logo de su organización de la declaración. La petición fue atendida por CCOO, que ofreció algunas explicaciones sobre cómo se había llevado a cabo el proceso.
Una vez transcurrido el mes de agosto, en el que la Secretaría Confederal –el órgano de coordinación de la organización– no se reúne, Ecologistas en Acción ha decidido no participar en la segunda convocatoria de Cumbre Social convocada para el 10 de septiembre.
Nos parece necesario, y forma parte de las señas de identidad de Ecologistas en Acción, debatir y contrastar análisis y propuestas con todo tipo de colectivos, incluso con aquellos con los que existen profundas divergencias. Sin embargo, nuestra organización discrepa en diferentes aspectos tanto del contenido como de la forma en este proceso.
Por otra parte, Ecologistas en Acción, a tenor de los contenidos de la Declaración de la Cumbre Social, cree que los análisis se encuentran desenfocados, que no sitúan los ejes centrales de la crisis que vivimos y que presenta graves carencias en lo relativo a la crisis ecológica y social que atravesamos.
Especialmente errática nos parece la consideración de que se está quebrando “el modelo de convivencia de los últimos 35 años” y la idea que subyace de que reproducir ese modelo es la salida a la crisis.
En los últimos 35 años se ha agravado el desbordamiento de la biocapacidad del territorio del Estado español; un tsunami de cemento ha cubierto una buena parte del territorio; se creó y potenció la burbuja inmobiliaria y una enorme deuda; se gestaron todas las políticas de la Unión Europea; el Estado español se integró en la OTAN; las multinacionales españolas comenzaron su carrera depredadora en los países de la Periferia; las emisiones de gases de efecto invernadero se incrementaron de una forma alarmante; se denominó riqueza y prosperidad a lo que en realidad era engrosar indicadores monetarios a costa de que una gran parte de la población se hipotecase por décadas...
Ignorando las restricciones físicas del planeta y las verdaderas raíces de la crisis se corre el riesgo de hacer propuestas inviables que agravan la situación social y ambiental, alentando la idea de que la salida de la crisis económica es reproducir el modelo anterior de crecimiento que es precisamente el que la ha provocado con todas las bendiciones de los diferentes gobiernos de las últimas décadas.
Para Ecologistas en Acción, la denuncia de la ilegitimidad de la deuda, la crítica y denuncia del papel de la Unión Europea, la inviabilidad del un modelo que no reconoce la existencias de límites físicos y la visibilidad del espacio doméstico como aquel al que se obliga a afrontar lo aspectos más dramáticos de los ajustes, son aspectos centrales.

Ante las movilizaciones de septiembre

Ecologistas en Acción continúa defendiendo la necesidad de articular un movimiento amplio que frene los recortes y propugne un cambio de modelo. En este sentido acudirá a la movilización del 15 de septiembre en el bloque crítico constituido junto con otros movimientos sociales. Ecologistas en Acción seguirá apostando por alentar la desobediencia civil pacífica y las acciones directas no violentas que promuevan una cambio de modelo económico y el establecimiento de prácticas de democracia participativa, como por ejemplo, la que se está organizando para el próximo 25 de septiembre.

¿Qué Europa queremos?

MADRID.- La crisis económica está alejando a los ciudadanos de la Unión Europea y distorsionando, a juicio de sus responsables, la imagen de una Europa integrada. La representación en España de la Comisión Europea le da ahora la posibilidad de quejarse, elogiar acciones y, sobre todo, proponer medidas para que Europa funcione mejor en 2020, mediante un foro abierto en Facebook. Los resultados se harán llegar a la vicepresidenta de la Comisión, Viviane Reding.

«No podemos permitirnos que Europa sea algo lejano para los ciudadanos, que se vea como algo que solo impone medidas de austeridad», dice Francisco Fonseca, responsable de la Comisión Europea en España. Por eso, con este debate abierto, se quiere saber la opinión de la gente sobre «qué hacemos mal, qué deberíamos hacer y en qué Europa queremos vivir en 2020».
La fórmula para participar es sencilla. Las opiniones se recogen en http://uesp.es/ideas. Se pueden aportar propuestas o votar por las ya emitidas con las que se coincida. Las contribuciones más votadas irán al Manifiesto de las Redes Sociales, que se entregará a la vicepresidenta de la Comisión Europea, Viviane Reding, el próximo 27 de septiembre en Cádiz. «No se trata de que el ciudadano se convierta en legislador, sino de que pida a la UE que legisle sobre lo que le interesa», aclara Fonseca.
Por ejemplo, entre las entradas ya recibidas en Facebook, hay apoyos a la emisión de eurobonos, hay quien pide una sede única para el Parlamento Europeo, una televisión pública para toda la UE como elemento de cohesión o quien quiere que se acaben las restricciones para los trabajadores rumanos que residen en España.
Está previsto que ese día Reding participe en la ciudad andaluza en un acto público, con un formato similar al programa de TV Tengo una pregunta para usted, en el que responderá ante una representación de todos los sectores sociales sobre lo que está haciendo y no está haciendo la UE en un momento decisivo para Europa.
«Reding y el presidente de la CE, Barroso, tienen en la cabeza una idea prioritaria, saber si los ciudadanos, en este contexto de crisis, ven a la UE como parte de la solución o parte del problema», dice Fonseca, quien anuncia que con esta iniciativa se abre una campaña para que 2013 sea un año en el que los ciudadanos hagan ver sus derechos en Europa y se empiece a preparar la participación en las elecciones al Parlamento Europeo.
La indiferencia ciudadana ante las euroelecciones se evidencia cada vez más en forma de abultada abstención y el jefe de la representación española de la CE afirma que no solo hay que trabajar para aumentar la participación unos meses antes, «hay que tener una agenda política que justifique el voto al Parlamento Europeo cada cinco años».
La iniciativa «Qué Europa queremos» arranca en España y está previsto que se realice en los 27 países de la UE.

Rajoy y Rubalcaba o cómo hundirse en las encuestas / Ramón Cotarelo *

El gráfico de Metroscopia en El País de hoy cuenta la verdad de la vida, lo que todos vemos en la calle, el ánimo que se respira. El 84% de la ciudadanía desconfía de Rajoy. Perfectamente comprensible. Lo que no entiendo es en qué está pensando el otro 16%. Y el caso de Rubalcaba es todavía peor: el 89% desconfía de él. Ya hace falta ser malo para ser peor que Rajoy, pero Rubalcaba lo ha logrado porque en algo vence sin duda a su rival: si este no hace nada, él hace aun menos.
Rajoy carece de talla, de prestigio y, desde luego, de condiciones intelectuales para el cargo. Normalmente no se le entiende cuando farfulla algo y, cuando se le entiende, es porque está mintiendo. Rubalcaba también borda la nadería más engolada y todo se le va en esa actitud de abuelo bonachón, paciente con las travesuras de los niños. Los niños son los dirigentes y militantes de su partido que ven como este se hunde en los sondeos y corre el riesgo de convertirse en una fuerza política irrelevante, como ya lo es en Madrid y en Valencia y que exigen un cambio de rumbo a la dirección del partido. Pero Rubalcaba sabe más porque para eso lleva 30 años de servicios ininterrumpidos a la Patria. ¡A él van a decirle, con la experiencia que tiene! Paciencia y barajar que dentro de tres años sabe el hombre que va a ganar.
Será dentro de tres años. De momento, si se celebraran elecciones ahora, el PSOE sacaría un 25% del voto, su porcentaje más bajo jamás. Y lo grave es que no se beneficia en nada del descenso de 16 puntos porcentuales que ha tenido el PP desde marzo, 16 puntos que se irán a la abstención o a partidos menores que, a lo mejor, dejan de ser menores gracias a la obstinación de Rubalcaba de ofrecerse como alternativa que nadie quiere.
Los sociatas están reunidos en el Comité Federal a puerta cerrada para, supongo, hacer examen de conciencia y poner en orden la casa. Son ganas de perder el tiempo. Esta dirección está quemada. Ha tenido casi un año para articular una política alternativa al ataque y el desastre del PP y no ha hecho nada, salvo quejarse de que la derecha la desprecia. Parece que la reunión de hoy está pensada para dar un giro: no tiene sentido seguir con una política de oferta de pactos al PP que no quiere ni oír hablar de ellos. Brillante conclusión. Se parece mucho a aquella lógica absurda que traslucía una canción de Nat King Cole: "para qué quiero tus besos si tus labios no me quieren ya besar". Igual de absurdo. Igual de inepto.  El Comité Federal parece pensado para consagrar este nuevo cambio de rumbo, a ver si se consigue que el personal vuelva a considerar el PSOE como un partido capaz de gobernar según sus presupuestos y no de echar a correr a la primera dificultad, como hizo Zapatero, dejando abandonados a millones de votantes o como el Mr. Conejo de John Updike
Si Rubalcaba y su gente no resultaban creíbles cuando decían que harían algo distinto a lo que habían hecho en el gobierno, excusado es decir ahora cuando dicen que van a hacer algo distinto a lo algo distinto que hicieron antes. Hasta la credulidad de los militantes socialistas tiene, supongo, un límite.
Rajoy cuenta aún con un margen porque es el presidente del gobierno y le quedan tres años. Rubalcaba ha agotado el suyo y lo que está haciendo es hundir el PSOE.
Y todo por un capricho. Porque si, cuando se nombró a Rubalcaba candidato a la presidencia en 2011, era lo mejor que podía hacerse en las condiciones de emergencia de entonces para salvar el PSOE, hoy, con las elecciones perdidas, sin prisas y con tres años por delante para preparar las próximas, es absurdo que se presente de nuevo el derrotado de 2011 que, como se ve claramente, ni simpatiza con la gente, ni despierta confianza ni consigue levantar la intención de voto al PSOE.
 
(*) Catedrático de Ciencia Política en la UNED, Madrid

Una teoría de la clase política española / César Molinas *

En este artículo propongo una teoría de la clase política española para argumentar la necesidad imperiosa y urgente de cambiar nuestro sistema electoral para adoptar un sistema mayoritario. La teoría se refiere al comportamiento de un colectivo y, por tanto, no admite interpretaciones en términos de comportamientos individuales. ¿Por qué una teoría? Por dos razones. En primer lugar porque una teoría, si es buena, permite conectar sucesos aparentemente inconexos y explicar sucesos aparentemente inexplicables. Es decir, dar sentido a cosas que antes no lo tenían. Y, en segundo lugar, porque de una buena teoría pueden extraerse predicciones útiles sobre lo que ocurrirá en el futuro. Empezando por lo primero, una buena teoría de la clase política española debería explicar, por lo menos, los siguientes puntos:
1. ¿Cómo es posible que, tras cinco años de iniciada la crisis, ningún partido político tenga un diagnóstico coherente de lo que le está pasando a España?
2. ¿Cómo es posible que ningún partido político tenga una estrategia o un plan a largo plazo creíble para sacar a España de la crisis? ¿Cómo es posible que la clase política española parezca genéticamente incapaz de planificar?
3. ¿Cómo es posible que la clase política española sea incapaz de ser ejemplar? ¿Cómo es posible que nadie-salvo el Rey y por motivos propios- haya pedido disculpas?
4. ¿Cómo es posible que la estrategia de futuro más obvia para España -la mejora de la educación, el fomento de la innovación, el desarrollo y el emprendimiento y el apoyo a la investigación- sea no ya ignorada, sino masacrada con recortes por los partidos políticos mayoritarios?
En lo que sigue, argumento que la clase política española ha desarrollado en las últimas décadas un interés particular, sostenido por un sistema de captura de rentas, que se sitúa por encima del interés general de la nación. En este sentido forma una élite extractiva, según la terminología popularizada por Acemoglu y Robinson. Los políticos españoles son los principales responsables de la burbuja inmobiliaria, del colapso de las cajas de ahorro, de la burbuja de las energías renovables y de la burbuja de las infraestructuras innecesarias. Estos procesos han llevado a España a los rescates europeos, resistidos de forma numantina por nuestra clase política porque obligan a hacer reformas que erosionan su interés particular. Una reforma legal que implantase un sistema electoral mayoritario provocaría que los cargos electos fuesen responsables ante sus votantes en vez de serlo ante la cúpula de su partido, daría un vuelco muy positivo a la democracia española y facilitaría el proceso de reforma estructural. Empezaré haciendo una breve historia de nuestra clase política. A continuación la caracterizaré como una generadora compulsiva de burbujas. En tercer lugar explicitaré una teoría de la clase política española. En cuarto lugar usaré esta teoría para predecir que nuestros políticos pueden preferir salir del euro antes que hacer las reformas necesarias para permanecer en él. Por último propondré cambiar nuestro sistema electoral proporcional por uno mayoritario, del tipo first-past-the-post, como medio de cambiar nuestra clase política.

La historia

Los políticos de la Transición tenían procedencias muy diversas: unos venían del franquismo, otros del exilio y otros estaban en la oposición ilegal del interior. No tenían ni espíritu de gremio ni un interés particular como colectivo. Muchos de ellos no se veían a sí mismos como políticos profesionales y, de hecho, muchos no lo fueron nunca. Estos políticos tomaron dos decisiones trascendentales que dieron forma a la clase política que les sucedió. La primera fue adoptar un sistema electoral proporcional corregido, con listas electorales cerradas y bloqueadas. El objetivo era consolidar el sistema de partidos políticos fortaleciendo el poder interno de sus dirigentes, algo que entonces, en el marco de una democracia incipiente y dubitativa, parecía razonable. La segunda decisión, cuyo éxito se condicionaba al de la primera, fue descentralizar fuertemente el Estado, adoptando la versión café para todos del Estado de las autonomías. Los peligros de una descentralización excesiva, que eran evidentes, se debían conjurar a partir del papel vertebrador que tendrían los grandes partidos políticos nacionales, cohesionados por el fuerte poder de sus cúpulas. El plan, por aquel entonces, parecía sensato.
Pero, tal y como le ocurrió al Dr. Frankenstein, lo que creó al monstruo no fue el plan, que no era malo, sino su implementación. Por una serie de infortunios, a la criatura de Frankenstein se le acabó implantando el cerebro equivocado. Por una serie de imponderables, a la joven democracia española se le acabó implantando una clase política profesional que rápidamente devino disfuncional y monstruosa. Matt Taibbi, en su célebre artículo de 2009 en Rolling Stone sobre Goldman Sachs “La gran máquina americana de hacer burbujas” comparaba al banco de inversión con un gran calamar vampiro abrazado a la cara de la humanidad que va creando una burbuja tras otra para succionar de ellas todo el dinero posible. Más adelante propondré un símil parecido para la actual clase política española, pero antes conviene analizar cuáles han sido los cuatro imponderables que han acabado generando a nuestro monstruo.
En primer lugar, el sistema electoral proporcional, con listas cerradas y bloqueadas, ha creado una clase política profesional muy distinta de la que protagonizó la Transición. Desde hace ya tiempo, los cachorros de las juventudes de los diversos partidos políticos acceden a las listas electorales y a otras prebendas por el exclusivo mérito de fidelidad a las cúpulas. Este sistema ha terminado por convertir a los partidos en estancias cerradas llenas de gente en las que, a pesar de lo cargado de la atmósfera, nadie se atreve a abrir las ventanas. No pasa el aire, no fluyen las ideas, y casi nadie en la habitación tiene un conocimiento personal directo de la sociedad civil o de la economía real. La política y sus aledaños se han convertido en un modus vivendi que alterna cargos oficiales con enchufes en empresas, fundaciones y organismos públicos y, también, con canonjías en empresas privadas reguladas que dependen del BOE para prosperar.
En segundo lugar, la descentralización del Estado, que comenzó a principios de los 80, fue mucho más allá de lo que era imaginable cuando se aprobó la Constitución. Como señala Enric Juliana en su reciente libro Modesta España, el Estado de las autonomías inicialmente previsto, que presumía una descentralización controlada de “arriba a abajo”, se vio rápidamente desbordado por un movimiento de “abajo a arriba” liderado por élites locales que, al grito de “¡no vamos a ser menos!”, acabó imponiendo la versión de café para todos del Estado autonómico. ¿Quiénes eran y qué querían estas élites locales? A pesar de ser muy lampedusiano, Juliana se limita a señalar a “un democratismo pequeñoburgués que surge desde abajo”. Eso es, sin duda, verdad. Pero, adicionalmente, es fácil imaginar que los beneficiarios de los sistemas clientelares y caciquiles implantados en la España de provincias desde 1833, miraban al nuevo régimen democrático con preocupación e incertidumbre, lo que les pudo llevar, en muchos casos, a apuntarse a “cambiarlo todo para que todo siga igual” y a ponerse en cabeza de la manifestación descentralizadora. Como resultante de estas fuerzas, se produjo un crecimiento vertiginoso de las Administraciones Públicas: 17 administraciones y gobiernos autonómicos, 17 parlamentos y miles -literalmente miles- de nuevas empresas y organismos públicos territoriales cuyo objetivo último en muchos casos, era generar nóminas y dietas. En ausencia de procedimientos establecidos para seleccionar plantillas, los políticos colocaron en las nuevas administraciones y organismos a deudos, familiares, nepotes y camaradas, lo que llevó a una estructura clientelar y politizada de las administraciones territoriales que era inimaginable cuando se diseñó la Constitución. A partir de una Administración hipertrofiada, la nueva clase política se había asegurado un sistema de captura de rentas -es decir un sistema que no crea riqueza nueva, sino que se apodera de la ya creada por otros- por cuyas alcantarillas circulaba la financiación de los partidos.
En tercer lugar, llegó la gran sorpresa. El poder dentro de los partidos políticos se descentralizó a un ritmo todavía más rápido que las Administraciones Públicas. La idea de que la España autonómica podía ser vertebrada por los dos grandes partidos mayoritarios saltó hecha añicos cuando los llamados barones territoriales adquirieron bases de poder de “abajo a arriba” y se convirtieron, en la mejor tradición del conde de Warwick, en los hacedores de reyes de sus respectivos partidos. En este imprevisto contexto, se aceleró la descentralización del control y la supervisión de las Cajas de Ahorro. Las comunidades autónomas se apresuraron a aprobar sus propias leyes de Cajas y, una vez asegurado su control, poblaron los consejos de administración y cargos directivos con políticos, sindicalistas, amigos y compinches. Por si esto fuera poco, las Cajas tuteladas por los gobiernos autonómicos hicieron proliferar empresas, organismos y fundaciones filiales, en muchas ocasiones sin objetivos claros aparte del de generar más dietas y más nóminas.
Y en cuarto lugar, aunque la lista podría prolongarse, la clase política española se ha dedicado a colonizar ámbitos que no son propios de la política como, por ejemplo y sin ánimo de ser exhaustivo, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, el Banco de España, la CNMV, los reguladores sectoriales de energía y telecomunicaciones, la Comisión de la Competencia… El sistema democrático y el Estado de derecho necesitan que estos organismos, que son los encargados de aplicar la Ley, sean independientes. La politización a la que han sido sometidos ha terminado con su independencia, provocando una profunda deslegitimación de estas instituciones y un severo deterioro de nuestro sistema político. Pero es que hay más. Al tiempo que invadía ámbitos ajenos, la política española abandonaba el ámbito que le es propio: el Parlamento. El Congreso de los Diputados no es solo el lugar donde se elaboran las leyes; es también la institución que debe exigir la rendición de cuentas. Esta función del Parlamento, esencial en cualquier democracia, ha desaparecido por completo de la vida política española desde hace muchos años. La quiebra de Bankia, escenificada en la pantomima grotesca de las comparecencias parlamentarias del pasado mes de julio, es sólo el último de una larga serie de casos que el Congreso de los Diputados ha decidido tratar como si fuesen catástrofes naturales, como un terremoto, por ejemplo, en el que aunque haya víctimas no hay responsables. No debería sorprender, desde esta perspectiva, que los diputados no frecuenten la Carrera de San Jerónimo: hay allí muy poco que hacer.

Las burbujas

Los cuatro procesos descritos en los párrafos anteriores han conformado un sistema político en el que las instituciones están, en el mal sentido de la palabra, excesivamente politizadas y en el que nadie acaba siendo responsable de sus actos porque nunca se exige en serio rendición de cuentas. Nadie dentro del sistema pone en cuestión los mecanismos de capturas de rentas que constituyen el interés particular de la clase política española. Este es el contexto en el que se desarrollaron no sólo la burbuja inmobiliaria y el saqueo y quiebra de la gran mayoría de las Cajas de Ahorro, sino también otras “catástrofes naturales”, otros “actos de Dios”, a cuya generación tan adictos son nuestros políticos. Porque, como el gran calamar de Taibbi, la clase política española genera burbujas de manera compulsiva. Y lo hace no tanto por ignorancia o por incompetencia como porque en todas ellas captura rentas. Hagamos, sin pretensión alguna de exhaustividad, un brevísimo repaso de las principales tropelías impunes de las últimas dos décadas: la burbuja inmobiliaria, las Cajas de Ahorro, las energías renovables y las nuevas autopistas de peaje.
La burbuja inmobiliaria española fue, en términos relativos, la mayor de las tres que estuvieron en el origen de la actual crisis global, siendo las otras dos la estadounidense y la irlandesa. No hay duda de que, como las demás, estuvo alimentada por los bajos tipos de interés y por los desequilibrios macroeconómicos a escala mundial. Pero, dicho esto, al contrario de lo que sucede en EE UU, las decisiones sobre qué se construye y dónde se construye en España se toman en el ámbito político. Aquí no se puede hablar de pecados por omisión, de olvido del principio de que los gestores públicos deben gestionar como diligentes padres de familia. No. En España la clase política ha inflado la burbuja inmobiliaria por acción directa, no por omisión ni por olvido. Los planes urbanísticos se fraguan en complejas y opacas negociaciones de las que, además de nuevas construcciones, surgen la financiación de los partidos políticos y numerosas fortunas personales, tanto entre los recalificados como entre los recalificadores. Por si el poder de los políticos –decidir el qué y el dónde- no fuese suficiente, la transmisión del control de las Cajas de Ahorro a las comunidades autónomas añadió a los dos anteriores el poder de decisión sobre el quién, es decir, el poder de decisión sobre quién tenía financiación de la Caja de turno para ponerse a construir. Esto supuso un salto cualitativo en la capacidad de captura de rentas de la clase política española, acercándola todavía más a la estrategia del calamar vampiro de Taibbi. Primero se infla la burbuja, a continuación se capturan todas las rentas posibles y, por último, a la que la burbuja pincha… ¡ahí queda eso! El panorama, cinco años después del pinchazo de la burbuja, no puede ser más desolador. La economía española no crecerá durante muchos años más. Y las Cajas de Ahorro han desaparecido, la gran mayoría por insolvencia o quiebra técnica. ¡Ahí queda eso!
Las otras dos burbujas que mencionaré son resultado de la peculiar simbiosis de nuestra clase política con el “capitalismo castizo”, es decir, con el capitalismo español que vive del favor del Boletín Oficial del Estado. En una reunión reciente, un conocido inversor extranjero lo llamó “relación incestuosa”; otro, nacional, habló de “colusión contra consumidores y contribuyentes”. Sea lo que sea, recordemos en primer lugar la burbuja de las energías renovables. España representa un 2% del PIB mundial y está pagando el 15% del total global de las primas a las energías renovables. Este dislate, presentado en su día como una apuesta por situarse en la vanguardia de la lucha contra el cambio climático, es un sinsentido que España no se puede permitir. Pero estas primas generan muchas rentas y prebendas capturadas por la clase política y, también hay que decirlo, mucho fraude y mucha corrupción a todos los niveles de la política y de la Administración. Para financiar las primas, las empresas y familias españolas pagan la electricidad más cara de Europa, lo que supone una grave merma de competitividad para nuestra economía. A pesar de esos precios exagerados, y de que la generación eléctrica tiene un exceso de capacidad de más del 30%, el sistema eléctrico español ostenta un déficit tarifario de varios miles de millones de euros al año y más de 24.000 millones de deuda acumulada que nadie sabe cómo pagar. La burbuja de las renovables ha pinchado y… ¡ahí queda eso!
La última burbuja que traeré a colación, aunque la lista es más larga (fútbol, televisiones…), es la formada por las innumerables infraestructuras innecesarias construidas en las últimas dos décadas a costes astronómicos para beneficio de constructores y perjuicio de contribuyentes. Uno de los casos más chirriantes es el de las autopistas radiales de Madrid, pero hay muchísimos más. Las radiales, que pretendían descongestionar los accesos a Madrid, se diseñaron y construyeron haciendo dejación de principios muy importantes de prudencia y buena administración. Para empezar, se hicieron unas previsiones temerarias del tráfico que dichas autopistas iban a tener. En la actualidad el tráfico no supera el 30% de lo previsto. Y no es por la crisis: en los años del boom tampoco había tráfico. A continuación ¿incomprensiblemente? el Gobierno permitió que los constructores y los concesionarios fuesen, esencialmente, los mismos. Esto es un disparate, porque al disfrazarse los constructores de concesionarios mediante unas sociedades con muy poco capital y mucha deuda, se facilitaba que pasara lo que acabó pasando: los constructores cobraron de las concesionarias por construir las autopistas y, al constatarse que no había tráfico, amenazaron con dejarlas quebrar. Los principales acreedores eran ¡oh sorpresa! las Cajas de Ahorro. Los más de 3.000 millones de deuda nadie sabe cómo pagarlos y acabarán recayendo sobre el contribuyente pero, en cualquier caso, ¡ahí queda eso!

La teoría

Termino aquí la parte descriptiva de este artículo en la que he resumido unos pocos “hechos estilizados” que considero representativos del comportamiento colectivo, no necesariamente individual, y esto es importante recordarlo, de los políticos españoles. Paso ahora a formular una teoría de la clase política española como grupo de interés.
El enunciado de la teoría es muy simple. La clase política española no sólo se ha constituido en un grupo de interés particular, como los controladores aéreos, por poner un ejemplo, sino que ha dado un paso más, consolidándose como una élite extractiva, en el sentido que dan a este término Acemoglu y Robinson en su reciente y ya célebre libro Por qué fracasan las naciones. Una élite extractiva se caracteriza por:
"Tener un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio".
"Tener el poder suficiente para impedir un sistema institucional inclusivo, es decir, un sistema que distribuya el poder político y económico de manera amplia, que respete el Estado de derecho y las reglas del mercado libre. Dicho de otro modo, tener el poder suficiente para condicionar el funcionamiento de una sociedad abierta -en el sentido de Popper- u optimista -en el sentido de Deutsch".
"Abominar la 'destrucción creativa', que caracteriza al capitalismo más dinámico. En palabras de Schumpeter "la destrucción creativa es la revolución incesante de la estructura económica desde dentro, continuamente destruyendo lo antiguo y creando lo nuevo".  Este proceso de destrucción creativa es el rasgo esencial del capitalismo.”Una élite extractiva abomina, además, cualquier proceso innovador lo suficientemente amplio como para acabar creando nuevos núcleos de poder económico, social o político".
Con la navaja de Occam en la mano, si esta sencilla teoría tiene poder explicativo, será imbatible. ¿Qué tiene que decir sobre las cuatro preguntas que se le han planteado al principio del artículo? Veamos:
  1. La clase política española, como élite extractiva, no puede tener un diagnóstico razonable de la crisis. Han sido sus mecanismos de captura de rentas los que la han provocado y eso, claro está, no lo pueden decir. Cierto, hay una crisis económica y financiera global, pero eso no explica seis millones de parados, un sistema financiero parcialmente quebrado y un sector público que no puede hacer frente a sus compromisos de pago. La clase política española tiene que defender, como está haciendo de manera unánime, que la crisis es un acto de Dios, algo que viene de fuera, imprevisible por naturaleza y ante lo cual sólo cabe la resignación.
  2. La clase política española, como élite extractiva, no puede tener otra estrategia de salida de la crisis distinta a la de esperar que escampe la tormenta. Cualquier plan a largo plazo, para ser creíble, tiene que incluir el desmantelamiento, por lo menos en parte, de los mecanismos de captura de rentas de los que se beneficia. Y eso, por supuesto, no se plantea.
  3. ¿Pidieron perdón los controladores aéreos por sus desmanes? No, porque consideran que defendían su interés particular. ¿Alguien ha oído alguna disculpa de algún político por la situación en la que está España? No, ni la oirá, por la misma razón que los controladores. ¿Cómo es que, como medida ejemplarizante, no se ha planteado en serio la abolición del Senado, de las diputaciones, la reducción del número de ayuntamientos…? Pues porque, caídas las Cajas de Ahorro -y ante las dificultades presentes para generar nuevas burbujas- la defensa de las rentas capturadas restantes se lleva a ultranza.
  4. Tal y como establece la teoría de las élites extractivas, los partidos políticos españoles comparten un gran desprecio por la educación, una fuerte animadversión por la innovación y el emprendimiento y una hostilidad total hacia la ciencia y la investigación. De la educación sólo parece interesarles el adoctrinamiento: las estridentes peleas sobre la Educación para la Ciudadanía contrastan con el silencio espeso que envuelve las cuestiones verdaderamente relevantes como, por ejemplo, el elevadísimo fracaso escolar o los lamentables resultados en los informes PISA. La innovación y el emprendimiento languidecen en el marco de regulaciones disuasorias y fiscalidades punitivas sin que ningún partido se tome en serio la necesidad de cambiarlas. Y el gasto en investigación científica, concebido como suntuario de manera casi unánime, se ha recortado con especial saña sin que ni un solo político relevante haya protestado por un disparate que compromete más que ningún otro el futuro de los españoles.
La teoría de las élites extractivas, por lo visto hasta aquí, parece dar sentido a bastantes rasgos llamativos del comportamiento de la clase política española. Veamos qué nos dice sobre el futuro.

La predicción

La crisis ha acentuado el conflicto entre el interés particular de la clase política española y el interés general de España. Las reformas necesarias para permanecer en el euro chocan frontalmente con los mecanismos de captura de rentas que sostienen dicho interés particular. Por una parte, la estabilidad presupuestaria va a requerir una reducción estructural del gasto de las Administraciones públicas superior a los 50 millardos de euros, un 5% del PIB. Esto no puede conseguirse con más recortes coyunturales: hacen falta reformas en profundidad que, de momento, están inéditas. Se tiene que reducir drásticamente el sector público empresarial, esa zona gris entre la Administración y el sector privado, que, con sus muchos miles de empresas, organismos y fundaciones, constituye una de las principales fuentes de rentas capturadas por la clase política. Por otra parte, para volver a crecer, la economía española tiene que ganar competitividad. Para eso hacen falta muchas más reformas para abrir más sectores a la competencia, especialmente en el mencionado sector público empresarial y en sectores regulados. Esto debería hacer más difícil seguir creando burbujas en la economía española.
La infinita desgana con la que nuestra clase política está abordando el proceso reformista ilustra bien que, colectivamente al menos, barrunta las consecuencias que las reformas pueden tener sobre su interés particular. La única reforma llevada a término por iniciativa propia, la del mercado de trabajo, no afecta directamente a los mecanismos de captura de rentas. Las que sí lo hacen, exigidas por la UE como, por ejemplo, la consolidación fiscal, no se han aplicado. Deliberadamente, el Gobierno confunde reformas con recortes y subidas de impuestos y ofrece los segundos en vez de las primeras, con la esperanza de que la tempestad amaine por sí misma y, al final, no haya que cambiar nada esencial. Como eso no va a ocurrir, en algún momento la clase política española se tendrá que plantear el dilema de aplicar las reformas en serio o abandonar el euro. Y esto, creo yo, ocurrirá más pronto que tarde.
La teoría de las élites extractivas predice que el interés particular tenderá a prevalecer sobre el interés general. Yo veo probable que en los dos partidos mayoritarios españoles crezca muy deprisa el sentimiento “pro peseta”. De hecho, ya hay en ambos partidos cabezas de fila visibles de esta corriente. La confusión inducida entre recortes y reformas tiene la consecuencia perversa de que la población no percibe las ventajas a largo plazo de las reformas y sí experimenta el dolor a corto plazo de los recortes que, invariablemente, se presentan como una imposición extranjera. De este modo se crea el caldo de cultivo necesario para, cuando las circunstancias sean propicias, presentar una salida del euro como una defensa de la soberanía nacional ante la agresión exterior que impone recortes insufribles al Estado de bienestar. También, por poner un ejemplo, los controladores aéreos presentaban la defensa de su interés particular como una defensa de la seguridad del tráfico aéreo. La situación actual recuerda mucho a lo ocurrido hace casi dos siglos cuando, en 1814, Fernando VII – El Deseado- aplastó la posibilidad de modernización de España surgida de la Constitución de 1812 mientras el pueblo español le jaleaba al grito de ¡vivan las “caenas”! Por supuesto que al Deseado actual –llámese Mariano, Alfredo u otra cosa- habría que jalearle incorporando la vigente sensibilidad autonómica, utilizando gritos del tipo ¡viva Gürtel! ¡vivan los ERE de Andalucía! ¡visca el Palau de la Música Catalana! Pero, en cualquier caso, las diferencias serían más de forma que de fondo.
Una salida del euro, tanto si es por iniciativa propia como si es porque los países del norte se hartan de convivir con los del sur, sería desastrosa para España. Implicaría, como acertadamente señalaron Jesús Fernández-Villaverde, Luis Garicano y Tano Santos en EL PAÍS el pasado mes de junio, no sólo una vuelta a la España de los 50 en lo económico, sino un retorno al caciquismo y a la corrupción en lo político y en lo social que llevaría a fechas muy anteriores y que superaría con mucho a la situación actual, que ya es muy mala. El calamar vampiro, reducido a chipirón, sería cabeza de ratón en vez de cola de león, pero eso nuestra clase política lo ve como un mal menor frente a la alternativa del harakiri que suponen las reformas. Los liberales, como en 1814, serían masacrados –de hecho, en los dos partidos mayoritarios, ya se observan movimientos en esa dirección.
El peligro de que todo esto acabe ocurriendo en un plazo relativamente corto es, en mi opinión, muy significativo. ¿Se puede hacer algo por evitarlo? Lamentablemente, no mucho, aparte de seguir publicando artículos como éste. Como muestran todos los sondeos, el desprestigio de la clase política española es inmenso, pero no tiene alternativa a corto plazo. A más largo plazo, como explico a continuación, sí la tiene.

Cambiar el sistema electoral

La clase política española, como hemos visto en este artículo, es producto de varios factores entre los que destaca el sistema electoral proporcional, con listas cerradas y bloqueadas confeccionadas por las cúpulas de los partidos políticos. Este sistema da un poder inmenso a los dirigentes de los partidos y ha acabado produciendo una clase política disfuncional. No existe un sistema electoral perfecto -todos tienen ventajas e inconvenientes- pero, por todo lo expuesto hasta aquí, en España se tendría que cambiar de sistema con el objetivo de conseguir una clase política más funcional. Los sistemas mayoritarios producen cargos electos que responden ante sus electores, en vez de hacerlo de manera exclusiva ante sus dirigentes partidarios. Como consecuencia, las cúpulas de los partidos tienen menos poder que las que surgen de un sistema proporcional y la representatividad que dan de las urnas está menos mediatizada. Hasta aquí todo son ventajas. También hay inconvenientes. Un sistema proporcional acaba dando escaños a partidos minoritarios que podrían no obtener ninguno con un sistema mayoritario. Esto perjudicaría a partidos minoritarios de base estatal, pero beneficiaría a partidos minoritarios de base regional. En cualquier caso, el rasgo relevante de un sistema mayoritario es que el electorado tiene poder de decisión no solo sobre los partidos sino también sobre las personas que salen elegidas y eso, en España, es ahora una necesidad perentoria que compensa con creces los inconvenientes que el sistema pueda tener.
Un sistema mayoritario no es bálsamo de Fierabrás que cure al instante cualquier herida. Pero es muy probable que generase una clase política diferente, más adecuada a las necesidades de España. En Italia es inminente una propuesta de ley para cambiar el actual sistema proporcional por uno mayoritario corregido: dos tercios de los escaños se votarían en colegios uninominales y el tercio restante en listas cerradas en las que los escaños se distribuirían proporcionalmente a los votos obtenidos. Parece ser que el Gobierno “técnico” de Monti ha llegado a conclusiones similares a las que defiendo yo aquí: sin cambiar a una clase política disfuncional no puede abordarse un programa reformista ambicioso. Y es que, como le oí decir una vez a Carlos Solchaga, un “técnico” es un político que, además, sabe de algo. ¿Para cuándo una reforma electoral en España? ¿Habrá que esperar a que lleguen los “técnicos”?

(*) César Molinas, economista y matemático, publicará en 2013 un libro titulado “¿Qué hacer con España?”. Este artículo corresponde a uno de sus capítulos.

La dimensión política de Eurovegas / Vicenç Navarro *

Las Vegas es conocida coloquialmente en EEUU como “la capital del vicio” o, según algunos, “la capital del mal”, expresión utilizada no sólo por los conservadores, sino también en bastantes círculos progresistas. Y una de las causas de esta valoración negativa por parte de los progresistas es el profundo anti-sindicalismo de la industria lúdica basada en tal ciudad, junto con una gran discriminación en contra de los trabajadores latinos, que representan una cuarta parte de toda la fuerza laboral de tal industria lúdica. Las Vegas está hoy en medio de un gran conflicto laboral, resultado del intento de los trabajadores de los casinos y casas de juego de sindicalizarse.

En EEUU, la ley Taft-Hartley Act, aprobada por el Congreso de EEUU en los años post II Guerra Mundial (a pesar del veto del presidente Truman), resultado de una alianza entre el Partido Republicano y los congresistas del Partido Demócrata del Sur de EEUU (la zona más conservadora de aquel país) prohíbe a los sindicatos de EEUU comportarse como sindicatos de clase. 

Es decir, que cada grupo de trabajadores (dividido en miles de categorías) debe espabilarse por su propia cuenta, sin poder contar con la movilización de otros grupos que tengan en común las mismas condiciones de trabajo y las mismas reivindicaciones. Tal Ley debilita enormemente a los sindicatos, como aparece ahora claramente en Las Vegas, donde, a pesar de la gran simpatía a nivel popular que la movilización laboral para poder establecer tal sindicato ha despertado, es muy poco lo que otros sindicatos pueden hacer en su apoyo.

Es una lucha dura y enormemente desequilibrada, pues frente a los trabajadores que intentan sindicalizarse hay los grandes intereses empresariales de tal industria, financiados, por cierto, por los grandes bancos (como el Deutsche Bank y JP Morgan entre otros), que tienen a su vez gran número de cajas de resonancia mediática movilizadas para desacreditar a los trabajadores. 

Uno de los ejes de la campaña anti-sindical es acentuar que la sindicalización sería un desastre para los trabajadores y para la industria (los trabajadores de la industria lúdica de Las Vegas están entre los peor pagados en EEUU). El mundo empresarial envía mensajes a los trabajadores, que rezan como sigue: “No pidas la sindicalización. No firmes la petición a favor de la sindicalización. No pongas en peligro tu trabajo, sobre todo ahora cuando, si miras alrededor de ti, verás que no hay otros puestos de trabajo disponibles” (“Don’t sign a union card. Don’t put your job in jeopardy, specially when there is no job outside”. Labor Notes. September 2012).

La movilización empresarial se caracteriza por una gran brutalidad, que se ejerce con la complicidad de las autoridades públicas y la policía estatal (150 personas ya han sido detenidas). El Estado de Nevada, donde está situada Las Vegas, tiene como primer sector de empleo el sector lúdico de tal ciudad, lo cual explica que existan relaciones muy estrechas entre tal industria y las autoridades -llamadas representativas- de aquel Estado (el Estado de Montana es uno de los pocos Estados donde está legalizada la prostitución), y también, por cierto, del Estado central federal. En EEUU, donde el proceso electoral está privatizado y las campañas electorales son financiadas, en su mayoría, por fondos privados procedentes de grandes empresas, la clase política está sumamente influenciada por los intereses de los que la financian. 

El mayor propietario de Las Vegas, el Sr. Sheldon Adelson (que quiere establecer Eurovegas en España), es uno de los mayores financiadores del Partido Republicano. En el primer viaje que hizo el actual candidato a vicepresidente de Estados Unidos, el Republicano Paul Ryan, máximo exponente del Tea Party, fue a ver al Sr. Adelson, después de ser nombrado para tal candidatura (la cual recibió una donación de respaldo de 100 millones de dólares por parte de Adelson). Mientras, los trabajadores, liderados por los trabajadores de la cocina de los restaurantes y casinos –el sindicato de los empleados de las cocinas, Culinary Union, que tiene 55.000 miembros- continúan presionando para poder tener el derecho de organizarse en defensa de sus intereses.

Una última observación. Mucho se ha escrito sobre los méritos y deméritos de establecer en España (bien en Cataluña, bien en Madrid) un centro lúdico, referido en los medios como Eurovegas, propiedad de la empresa del Sr. Adelson. En un momento de elevado desempleo, es comprensible que tal desarrollo se vea por sectores de la administración pública, tanto autonómica como municipal, con buenos ojos para crear puestos de trabajo.
Ahora bien, en la evaluación de los pros y los contras de este centro debería también tenerse en cuenta su impacto económico, laboral, social y político.

 La industria de la cual la empresa Adelson es un importante componente, es conocida por sus posturas profundamente conservadoras, siendo uno de los principales financiadores del Tea Party –la ultraderecha estadounidense- y uno de los mayores proponentes de las medidas económicas sumamente reaccionarias propuestas por tal movimiento (favorable a la eliminación de la universalización de los derechos laborales y sociales), incluyendo su oposición a la sindicalización de sus empleados y trabajadores. 

Tal postura, bien conocida en EEUU, reforzará, sin lugar a dudas, a la ultraderecha en España, pues es característico del comportamiento de tal sector intervenir activamente en el contexto político donde su ubica para optimizar sus beneficios empresariales que considera unidos a la promoción de su ideario político. Su decisión final dependerá, en gran manera, de la afinidad política del Sr. Adelson y Co. con las autoridades gubernamentales del lugar de su ubicación. Sería un error que las fuerzas progresistas apoyaran tal proyecto.

(*)  Vicenç Navarro ha sido Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona. Actualmente es Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, España). Es también profesor de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University (Baltimore, EEUU) donde ha impartido docencia durante 35 años. Dirige el Programa en Políticas Públicas y Sociales patrocinado conjuntamente por la Universidad Pompeu Fabra y The Johns Hopkins University. Dirige también el Observatorio Social de España.

Excusas para no ayudar a los pobres

MADRID.-  «La autoexculpación es un mecanismo mental del ser humano cuando tomamos una decisión en contra de nuestra escala de valores. No hay justificación para no dar parte de nuestro dinero, pero es duro actuar contra nuestra ética», explica en 'Abc' el psicólogo social Luis Muiño. Los mecanismos clásicos de justificación son, en este orden: culpar al necesitado de su situación, dudas sobre la penueria real de la víctima y diluir la responsabilidad entre la sociedad (los ricos, el Estado, los demás).

«Nos justificamos porque queremos transmitir una identidad social y personal positiva para seguir creyendo que somos buenas personas», explica Guillermo Fouce, presidente de Psicólogos Sin Fronteras y profesor de la Universidad Carlos III. «Los donativos se dan para no sentirse mal con uno mismo. No ayudan realmente. Si se quisiera ayudar, se acompañaría a una persona a los servicios sociales o se formaría parte activa de una ONG».
No hay consenso sobre la paradoja de tomar la decisión de ayudar a los demás es por altruismo o por egoísmo, es decir, si se auxilia para sentirse uno bien o por aliviar el sufrimiento de los otros. Las conductas de ayuda al prójimo obedecen a muchos motivos, especialmente si el comportamiento es espontáneo o reflexivo, según explica Fernando Chacón, profesor de Psicología Social de la UCM y experto en altruismo. La reacción rápida depende de factores tan variables como, por ejemplo, el estado de ánimo, el tiempo o el atractivo personal de la víctima. Es más fácil ayudar a una persona guapa, un día de sol agradable y cuando se está un poco bajo anímicamente para así sentirse mejor. Una persona entristecida asistirá menos porque está ensimismada, mientras que un eufórico busca que nada perturbe su estado. También influye el entorno: si la petición ocurre cuando se está solo es más probable la ayuda, ya que si hay mucha gente se diluye la responsabilidad.
Una ayuda a largo plazo, por el contrario, depende de una postura reflexiva donde el concepto de responsabilidad ejerce un gran peso. La dicotomía altruismo-egoísmo compite hasta predominar una sobre otra. «Hay quien dice que el altruismo no existe. Yo digo que sí», mantiene Chacón. «Con la mendicidad es diferente, porque actuamos con un guión habitual, siempre reaccionamos igual ante un pobre, y solo modificamos el comportamiento si ocurre algo distinto, como una mayor empatía con el sujeto por una interpelación o por su historia».
Los expertos reconocen comportamientos que incentivan el sentimiento de culpa de la persona. Si se mira directamente a los ojos o si se interpela es más doloroso esquivar al necesitado. La empatía es fundamental. Cuanto más identificado esté un individuo con la víctima es más fácil que la socorra. El contexto actual de crisis económica crea nuevos casos de personas cuya historia vital no es diferente a la de cualquier trabajador.
«No somos comerciales, no recibimos formación. Solo tratamos de ser lo más humanos posibles. Hay que convencer de algo de lo que se está convencido», explica el voluntario Pastor, antes captador de socios para ACNUR. «Nadie se levanta pensando voy a ayudar a una ONG. En tres minutos de explicación es difícil dar una idea clara del problema».«Un contexto de catástrofe ayuda a la empatía. Sin embargo, una crisis económica se prolonga en el tiempo y da lugar a respuestas distintas y contradictorias», apunta el profesor Chacón. Una persona solidaria puede dejar de serlo porque le bajan el sueldo. Una persona no caritativa puede comenzar a serlo porque las consecuencias de la crisis están muy presentes. Una persona no solidaria en paro puede comenzar a dedicar tiempo libre a voluntariado. En cualquier caso, el último estudio de la Fundación Adecco y Achalay España demuestra que un 17,2% de los ciudadanos ha finalizado, reducido o sustituido su colaboración económica con las ONG a causa de la crisis, según 'Abc'.
El presidente de Psicólogos Sin Fronteras es pesimista en su diagnóstico: «La crisis está reforzando el individualismo. Hay una tendencia a cerrarse en uno mismo y esperar que no nos pase a nosotros». Las sociedades rurales tradicionalmente son más caritativas porque su red social cercana es más amplia: familiares, amigos y conocidos. La ciudad, por el contrario, tiende al individualismo. Aunque, como apunta el profesor Chacón, en un entorno urbano influye sobre todo el factor de cantidad, es decir, el hecho de que no se puede ayudar a todos los necesitados.
«No damos parte de nuestro dinero por asegurarnos nuestra economía, porque la conservación puede al altruismo, aunque va en contra de lo que predicamos. El instinto de conservación hace que cada uno vea lo suyo, no vemos a los necesitados porque no queremos verlos», afirma el psicólogo social Muiño. Y matiza: «Pero no hay justificación ética para no dar parte de nuestro dinero».