lunes, 11 de febrero de 2013

La maldición de El Escorial / Lucía Méndez

El Monasterio de El Escorial –erigido por Felipe II y panteón de los reyes de España- ha sido fuente inagotable de inspiración para historiadores, literatos y cineastas. Los secretos de El Escorial, los misterios de El Escorial, la conjura de El Escorial... Allí, en El Escorial, se celebró el 5 de septiembre de 2002 una boda inolvidable, tanto para los contrayentes y su familia como para el resto de los españoles. Ana Aznar, hija del entonces presidente del Gobierno, se casó con Alejandro Agag, ante más de mil invitados. El abad agustino declaró que la ceremonia era una «casi una cuestión de Estado» y que por ello se habían abierto sus puertas excepcionalmente un jueves por la tarde.

Encabezaban la lista de invitados los Reyes de España, los ex presidentes del Gobierno, los primeros ministros de Italia y Reino Unido y Portugal. Además de los altos representantes de todas las instituciones del Estado y todas las personas que habían contribuido desde las bambalinas a poner en pie y engrandecer la leyenda política del padre de la novia, José María Aznar, que gobernaba España con mayoría absoluta.

La revista '¡Hola!' dedicó un número especial a la boda, con fotos muy vistosas de los invitados más famosos, que eran casi todos. En el despliegue, sin embargo, pasaron inadvertidos unos cuantos personajes que con el tiempo alcanzarían gran fama, mala fama en este caso, como protagonistas de la trama Gürtel, la corrupción que persigue al PP desde que detuvieron a Francisco Correa. El empresario vivía sus momentos de mayor gloria y asistió al enlace vestido de chaqué como amigo del novio que era y gran proveedor del partido presidido por el padre de la novia. Correa era el mayordomo del servicio doméstico del partido, el que montaba las traseras e iluminaba los escenarios desde donde Aznar se dirigía a los españoles. En estrecho contacto con Luis Bárcenas, el gerente del PP, que estaba acumulando un fortunón desde su despacho en la planta noble, sin que sus jefes políticos se dieran cuenta, disfrutando como estaban del poder.

Once años después de aquella boda, bien puede hablarse de la maldición de El Escorial. Correa pasó por la cárcel y hace frente a un proceso penal acusado de graves delitos. Su colega Álvaro Pérez, el Bigotes, que se presentó en la ceremonia con un gran puro símbolo de poderío, le acompañará en el banquillo. Basta comparar sus imágenes de invitados importantes, satisfechos y orgullosos atravesando el patio de los Reyes de El Escorial con las más recientes huyendo del destino. Sus sueños de grandeza tienen muchas posibilidades de acabar en la celda de una cárcel. La ola expansiva de la trama Gürtel ha alcanzado de lleno a la pareja Jesús Sepúlveda-Ana Mato, invitados que fueron como colaboradores muy próximos a Aznar. Acudieron juntos aunque en la fotografía aparecen un poco separados, que parece ser que era su situación en aquel entonces. Ana Mato ha llegado a ser ministra de Sanidad, pero en situación políticamente precaria por los gastos familiares que sufragaron las empresas de la trama.

No sólo ellos han pasado de la gloria a la intemperie. Muchos otros invitados también han sufrido otras desgracias o atraviesan situaciones complicadas. Desde los más ilustres, los Reyes de España, que afrontan la mayor crisis de la Monarquía desde su restauración, a los máximos dirigentes del PP, que acudieron a la boda todos a una, y que no ganan para disgustos desde que recuperaron el poder en las elecciones de 2011. El más ilustre de los caídos es Rodrigo Rato, entonces vicepresidente del Gobierno y el aspirante más serio a la sucesión. Rato salió de Bankia por la puerta de atrás minutos antes de que la entidad fuera nacionalizada y tiene abierto un incierto proceso en la Audiencia Nacional.

El ex primer ministro Tony Blair, todo un líder en la Europa de finales del Siglo XX, se retiró perseguido por las mentiras de la Guerra de Irak . Los británicos han dado la espalda al fundador del Nuevo Laborismo, que ha perdido el encanto por su desmedida afición al dinero. Tampoco a Silvio Berlusconi, el otro gran invitado internacional, le han ido muy bien las cosas. Pasto de todo tipo de escándalos –que incluyen un proceso por corrupción de menores-, el ex primer ministro italiano se vio obligado a dejar el poder en manos de Mario Monti por haber llevado a Italia a la ruina. Ahora está a la espera de resurgir de sus cenizas. Pero ninguno de los que le reía las gracias en la boda quiere oír hablar de él.

Hasta Flavio Briatore, el multimillonario amigo del novio y uno de los invitados más vistosos, ha sido sancionado y repudiado por las autoridades de la Fórmula 1 tras un escándalo de corrupción.

En otro sentido, tampoco la madre de la novia está para tirar cohetes. Es verdad que ha logrado ocupar el cargo público de relevancia al que aspiraba. Es alcaldesa de Madrid. Aunque el puesto no ha resultado ser tan colorido y satinado como las páginas del ¡Hola! ni tan entretenido como organizar una boda.

Ana Botella está sufriendo más inclemencias de las que esperaba. Los que le acompañaron en aquella tarde de boda y alabaron su buen gusto en los detalles se han esfumado. Para ella, las imágenes de Correa y el Bigotes en la boda de su hija han sido una auténtica maldición que ahora vuelven a reproducir las televisiones.

En su último libro, 'El azar de la mujer rubia', el escritor Manuel Vicent hace una referencia a la boda en sentido trágico. El libro es un recorrido literario entre la ficción y la realidad por la España que conoció Adolfo Suárez, vista desde las brumas de su memoria perdida. Vicent relata lo que pudo ver el ex presidente, que también asistió a la boda. "Poco después de partir la tarta, mientras los novios bailaban un vals, de pronto, en medio de tanta felicidad, se fue la luz y en la oscuridad en una de las paredes de lona blanca de la carpa aparecieron las palabras de fuego. Mane, Tecel, Fares, las mismas que auguraron un destino aciago en el banquete de Baltasar en la emputecida Babilonia". 

El profeta Daniel explica así el sentido de las palabras malditas. "Mane quiere decir contado: Dios ha contado los días de tu reinado y ha señalado un límite; Tecel, es decir, pesado: has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso; Fares, es decir, dividido: tu reino ha sido dividido y entregado a medos y persas". Esto último tiene mucho que ver con lo que puede estar pensando el padre de lal novia, José María Aznar. Su reino amenaza ruina y división.

Por fortuna, los dos contrayentes de El Escorial siguen felizmente casados once años después y tienen cuatro hijos.



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