sábado, 17 de enero de 2015

Iñigo Errejón, dirigente de Podemos: 'Hace falta un Gobierno al servicio de la mayoría social empobrecida'


MADRID.- Conversar con los dirigentes de Podemos es casi una hazaña estos días. No hay medio de comunicación, nacional o extranjero, que no pida una entrevista con alguna de sus caras visibles; el precario equipo de prensa está desbordado, y el líder máximo, Pablo Iglesias, parece haber decidido dejar de conceder entrevistas suicidas por una temporada.

Tras una semana de whatsapps, cinco periodistas de ctxt (tres plumillas de tres generaciones distintas, un fotógrafo y un videorreportero) acuden al pequeño cuartel general de Podemos. El local, situado en un edificio feo y gris del centro de Madrid, tiene una habitación diáfana de unos treinta metros cuadrados, una sala auxiliar más pequeña —con una mesa para unas diez personas— y dos despachos diminutos. Apenas hay decoración, salvo una bandera morada del partido occidental más joven y pujante del momento: en un solo año, cabalgando sobre la desesperación causada por las políticas de ajuste dictadas por Angela Merkel y aplicadas con fervor por el Gobierno de Mariano Rajoy, Podemos ha canalizado el malestar de millones de españoles y se ha erigido en la primera fuerza política —según algunas encuestas— de la cuarta economía de la zona euro.

La actividad en el politburó es febril, y el ambiente recuerda más a una ONG o a una redacción que a un partido clásico: unas veinte personas, la mayoría del Equipo Técnico, trabajan a toda pastilla en portátiles, casi todos Mac, y dispositivos móviles. Sobre un armario hay una caja de aguacates vacía y restos de fruta. Se ven más damas que caballeros. La media de edad debe rondar los 30 años. Viendo su energía y su soltura, y conociendo su capacidad, es fácil pensar que este puñado de jóvenes de clase media que caminan por la oficina sin pisar la moqueta van a ser la clave del futuro de España, los protagonistas del gran cambio generacional llamado a enterrar el régimen del 78.

Alto, afable y flaquísimo, Íñigo Errejón (Madrid, 1983) recibe a los periodistas en la puerta del cuartel general con un sólido apretón de manos y luego conduce al pelotón hasta uno de los despachos. Sobre la mesa está el artículo de José María Ruiz Soroa El peligro de una sociedad sin divisiones (El País, 9 de enero), que define las ideas de Podemos como “totalitarias”. El texto, según Errejón, “es muy bueno pero totalmente equivocado”. Lo dice con media sonrisa: “Mola de vez en cuando tener críticas así. No estamos acostumbrados a ese nivel”.

El secretario de Política de Podemos gana en el cara a cara. Durante hora y media, desgrana sus argumentos a una velocidad endiablada, demuestra una inteligencia sólida y autocrítica, y parece una persona honesta y cabal. Oyéndole, es imposible no recordar las alternativas al bipartidismo clásico surgidas en los últimos años en Francia (la saga Le Pen), Italia (Berlusconi, Grillo) o Reino Unido (Nigel Farage). Los jóvenes de Podemos representan, en buena medida, la vía contraria: formados, leídos y viajados, respetan las instituciones, defienden el Estado de Derecho y no hay rastro de xenofobia en su discurso. ¿Revolución bolivariana en ciernes, comunismo camuflado? Escuchando a Errejón se diría que todo es bastante menos dramático. Su visión es que Podemos representa a una legión de jóvenes y adultos desencantados con una clase política y económica que ha sido incapaz de proteger los derechos colectivos como prometieron y que les ha tocado a ellos impulsar el relevo de un "régimen agotado".

Con su aspecto de estudiante modelo, este investigador de Ciencia Política recuerda a sus 31 años a una reencarnación, madrileña y postmarxista, de Antonio Gramsci. Hijo de militantes comunistas, se curtió como adolescente en un colectivo libertario y más tarde en el movimiento antiglobalización junto a Pablo Iglesias, con quien mantiene una estrecha amistad; en los últimos años, el intelectual orgánico de Podemos ha participado en docenas de debates en la factoría del movimiento (la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense (Somosaguas, Madrid), y ha cultivado su verbo revolucionario ma non troppo durante sus frecuentes viajes a Latinoamérica como vocal de la Fundación CEPS (Centro de Estudios Políticos y Sociales), para la que ha realizado diversos trabajos, sobre todo en Bolivia y Ecuador.

Aunque lo niegue, Errejón es un político nato. Más reflexivo y menos demagógico que Iglesias -él apenas utiliza la retórica deportiva de resonancias berlusconianas-, el secretario de Política es el gran estratega del partido: fue director de campaña en las elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo, y repetirá en los comicios municipales, autonómicos y también en las generales.

Durante la entrevista, se muestra relajado, seguro de sí mismo, a ratos un poco profesoral, y no evade ninguna cuestión. Asegura que, si Podemos llega al Gobierno, lanzará un proceso constituyente "para blindar los derechos de la mayoría empobrecida por las élites que han secuestrado el poder”. Aunque añade que el proceso en ningún caso se planteará como una "demolición de las instituciones".

Pregunta. Hay unas 40 personas en esta oficina. ¿Son todos voluntarios?
Respuesta. La proporción de liberados es de uno a diez. La mayor parte de la gente viene a hacer trabajo militante. Los únicos recursos que tenemos son los que vienen de Europa. Pero los recursos de Europa, en su mayor parte, se los come Europa.

P. Sus análisis de ciencia política son brillantes; ¿ha hecho ya la transición de científico a político?
R. La subjetiva, sí; la interior, no.

P. ¿Todavía no se siente político?
R. No, no. Pero lo vivo desde una cierta… Llevo militando desde los 14 años. La novedad es que ahora de repente se te ve: te hacen fotos.

P. ¿Tiene Podemos la fuerza estructural y organizativa para ganar las elecciones generales?
R. Sí.

P. ¿Ya la tiene?
R. Creo que para ganar sí, aunque no es fácil, las encuestas de ahora…

P. ¿Están infladas?
R. Pero no porque nadie las haya trucado, sino porque todo el que quiere votar a Podemos se muere por decirlo y muchos de los que van a acabar votando a los partidos tradicionales del régimen, como eso ahora no viste mucho, no lo quieren decir.

P. ¿Qué esperan de PSOE y PP? ¿Rivalidad, pánico, más ataques?
R. Creemos que la campaña del miedo va a ser todavía más dura. Vamos a vivir un año terrible, la campaña de infamias y de acoso irá a más. ¿A qué nos van a retar ellos? ¿A discutir de política? ¿Tal como está el país y con sus capacidades? No nos van a buscar ahí. ¿Dónde nos van a buscar? En desgastarnos, en que no lleguemos políticamente vivos o intelectualmente sanos a la cita de noviembre. Así que vamos a tener un año infernal y va a ser difícil aguantar. Pero hemos dicho muchas veces que lo importante no es que Podemos gane. Lo importante es que esa grieta que Podemos es capaz de abrir y de capitalizar sea llenada por mucha energía y creatividad popular. Si no es a lomos o a hombros de esa energía y creatividad popular, no se llega; y si llegas, llegas cercado.

P. Las encuestas dicen que un 24,7% de quienes votaron a Rajoy hace tres años votarían hoy a Podemos. ¿Cree que se mantendrán fieles a un partido recién nacido, cuyas bases aspiran a asaltar los cielos?
R. La tensión clásica militante-simpatizante, que tan bien enseñaba José María Maravall, es muy intensa en nuestro partido. Y no tiene buena solución. Pero hay formas de gestionarla: una es el modelo organizativo; las primarias garantizan que las grandes decisiones están en manos de la gente, no de los militantes. Esa decisión fue complicada, porque te obliga a pedir a los imprescindibles que cedan en la toma de decisiones para no burocratizarte y no tomar decisiones malas por amiguismo o politiqueo. Y luego está la duda de cómo diriges la fuerza de transformación: nosotros hemos puesto los qués por delante de los cómos; en el 15-M no sabíamos qué hacer. En el congreso decidimos y dijimos: “Viene un ciclo electoral corto, vamos a ir a la batalla de noviembre construyendo una máquina política capaz de formar una nueva mayoría en España”. ¿El modelo organizativo es perfecto? En absoluto. Lo estamos intentando construir, pero no lo mitificamos.

P. ¿Y dónde se ve usted en el futuro?
R. Sigo teniendo el corazón y las ganas escindidas, porque sigo intentando sacar tiempo para leer, para escribir cosas académicas, que lee un 0,1% de la gente que ve una intervención mía en televisión. Soy consciente de que vas un sábado por la noche a la tele, dices algo y tiene muchísima repercusión. Pero trabajar en la estrategia política y cultural es lo que me gusta hacer, y es ahí donde me veo cuando esta aventura se acabe, se acabe como se acabe. Y eso significa que vaya donde vaya tiene que ser en algún espacio en el que pueda por lo menos seguir...

P. ¿Investigando?
R. Intentando compatibilizarlo. ¿Que eso implica asumir a veces responsabilidades políticas? Pues claro. Porque además en los momentos históricos uno está un poco donde las cosas le colocan. Nosotros tampoco teníamos tan claro antes de la noche del 25 de mayo que de repente íbamos a tener que estar jugando este papel. Yo me creía la hipótesis. Creía que era correcta y que podía funcionar. Pero no me esperaba que fuera a funcionar en tres meses. Ha pasado un año desde que lanzamos Podemos (el 17 de enero), pero aquello ni siquiera fue lanzar Podemos, fue lanzar a ver si hay ganas de una candidatura. Un año después estamos ante una posibilidad inédita de cambio político en este país como había sido difícil que alguien se imaginara hace doce meses. Y eso te coloca en posiciones en las que, si me apuras, y a lo mejor suena muy trascendente, muy cristiano, no tienes derecho a negarte.

P. Si Podemos no ganara, ¿cree que el PSOE y el PP moverán ficha para incluir a algunos de los sectores próximos a ustedes? ¿O ya está asumido que no contarán con esas alianzas?
R. Es una relación siempre compleja, pero el PSOE y el PP han entendido ya, en el plano simbólico y estético, que no se pueden parecer tanto a ellos mismos. Si quieren seguir teniendo una capacidad de convencimiento amplio, tendrán que tomar medidas de renovación estética, de renovación del lenguaje. Yo creo que eso puede ir más allá. Lo estamos viendo con la discusión sobre la deuda, en la que el PSOE empieza a moverse desde su posición inicial, conforme se van moviendo también algunos economistas reputados y nada sospechosos de ser peligrosos. Esos economistas van diciendo: “La crisis de la deuda no tiene solución profundizando en las mismas políticas que han llevado a su agravamiento. Es perfectamente normal reestructurar las deudas, negociarlas”. Vamos a ver ese cambio con la deuda, y lo vamos a ver con muchas otras cuestiones.

P. Si no alcanzan el poder en este curso político, ¿qué haría Podemos?
R. Mucha gente nos dice: “Con que lleguéis hasta aquí, yo ya os lo agradecería muchísimo, por el meneo que les habéis dado, el miedo que tienen y cómo se están empezando a mover”. Pero todo eso se les pasa rápido. La posibilidad de volver a las posiciones de antes, como si no hubiera pasado nada, está ahí. La primera vez que una encuesta dio a Podemos en cabeza, un diario de tirada nacional tituló “La ira ciudadana aúpa a Podemos a la primera posición”. Fue particularmente insultante porque es como si hubiera un voto racional, el de la gente que vota bien, tranquila, y otro de la gente que vota diferente, porque vota airada. Pero eso revela una fantasía. La fantasía de que, después de un febril 2014, las aguas pueden volver a su cauce, y que el monopolio de la política quedará en manos de los de siempre.

P. ¿Puede suceder eso?
R. No como si no hubiera pasado nada, pero puede suceder. Siempre que hay una fuerza de cambio, una fuerza que viene a romper y desbaratar los equilibrios anteriores, hay una duda y una tentación en quienes mandan: “¿Me cierro totalmente o integro una parte de las reivindicaciones de quienes me desafían pero las conduzco yo? Así que las integro pero te quito a ti la iniciativa política. La tomo yo, lo conduzco yo y renuevo el orden”. Creo que eso puede pasar. Una posibilidad es que las promesas de recuperación calen un poco, no en la vida cotidiana de la gente, pero es que, para calar, el relato no tiene que ser estadísticamente cierto. Que empiece a calar la idea de que lo hemos pasado muy mal, pero que las cosas irán poco a poco a mejor, que hay que tener confianza, que todo cambio es terrorífico y hay que tenerle miedo al cambio. Ese es siempre el leit motiv de las élites cuando no tienen nada que proponer. El cambio es malo, el cambio da miedo. Y tres o cuatro cosas que no minusvaloro, que pueden ser importantes: que el núcleo fundamental del poder introduzca tres o cuatro modificaciones; y el desgaste, el cansancio. La gente no vive permanentemente politizada, ni permanentemente movilizada.

P. ¿Se conforman con ser fuerza de agitación?
R. Claramente no. Decimos que hace falta un Gobierno al servicio de la mayoría social empobrecida. Y que vamos a trabajar para construirlo. Las encuestas nos dan primeros en voto estimado. Eso, pasado por la ley electoral y por la distribución geográfica de nuestro voto, te puede convertir en el segundo o en el tercer grupo en escaños. Ganando incluso en votos. Pero si no eres el primer grupo en escaños, incluso si no tienes mayoría en la Cámara, la clave es, para mí, que en noviembre o en enero, si es que llegan a atrasarlas hasta enero, haya un resultado que haga imposible la vuelta a lo de antes con plena normalidad. Es decir, que haya un resultado que haga saltar por los aires el sistema de partidos viejos, y que lo que venga por delante no tiene por qué ser mejor, pero no puede ser “uff, ya se pasó esta fiebre. Al final la gente siempre acaba votando por lo malo conocido y restauramos”. Para mí esa es la clave. Que la incursión en este ciclo político electoral sea una cuña tan fuerte que impida volver al equilibrio viejo.

El 15-M

P. Vayamos al 15 de mayo de 2011. Básicamente ese día la gente se junta para pedir democracia. "Democracia real ya". "No nos representan". Ahora Podemos habla de crear mayorías sociales. Y dice que su programa lo podrían firmar los socialdemócratas de hace 25 o 30 años. ¿Apelan a un espíritu de consenso social, relativamente distinto al que en principio algunos sectores del 15-M estaban apelando?
R. Por partes. Primero hubo una discusión en torno a interpretación en el 15-M del “No nos representan”. Y eso seguramente es lo más definitivo. Define un espíritu de época. La gente dice: “Ya no les creemos. No nos representan”. Y ahí creo que la discusión tiene que ver con una letra: "no nos representan” no es lo mismo que "no nos representen”. Hay quien quiso ver en el 15-M un rechazo de toda forma de representación, la inauguración de una política directa, en la que no hubiera delegación ni representación. De gente que decide todo en asambleas. Y había una parte de eso en el 15-M. Seguramente la parte más militante y más activista. Pero había también un sector más grande, quizá con menos estudios, con menos intelectuales, que decía: “Estos no nos representan”. No era una crítica de la representación ni de las instituciones. Era una crítica de las élites que habían usurpado unas instituciones que ya no representaban la voluntad popular. De forma que la plaza diría: “Claro que hay voluntad popular, pero nosotros la encarnamos más que quienes están dentro de las instituciones. Así que hay que echarlos”. Creo que convivían esas dos corrientes.

P. La gente iba a manifestarse ante el Congreso. Por tanto reconocían la institución…
R. Como sede de la soberanía popular. Algunos dirán que se trata de la casta. Otros dirán que es el secuestro de las instituciones políticas por parte del poder financiero. Seguramente hay diferentes diagnósticos, pero efectivamente hay un reconocimiento. Si no, ¿por qué vas ahí? Vete al Banco de España, no, mejor vete al Santander. La protesta reconocía que el Parlamento debe ser la sede de la voluntad popular, pero que esa premisa no se estaba cumpliendo. Y creo que eso diferencia la vía de los que estamos ensayando formas de poder político diferente, y la otra que dice que estamos construyendo un estado de opinión y una mera acumulación de fuerzas. Vimos durante todo un ciclo el despliegue de una cosa y la otra, y el agotamiento del ciclo de protestas modificó la correlación entre un alma y otra, porque creo que se generalizó la sensación de “cómo puedo detener yo este saqueo, si lo que está pasando aquí es una desvergüenza, y yo me he manifestado, he hecho asambleas, me han detenido, me han arrestado, he ido a marchas y no sucede nada”.

P. ¿El 15-M no era entonces el “que se vayan todos” de Argentina?
R. Nosotros vivimos en un Estado de la Unión Europea, de Europa y del norte. Que funciona bien. Que funcione bien significa, siempre lo digo con la misma metáfora, que los presidentes aquí no salen en helicóptero de La Moncloa. Y eso significa que la acumulación de protestas, por ruidosas o violentas que sean, no modifica los equilibrios de poder en el Estado. Eso no pasa en un Estado del norte desde hace mucho tiempo. No lo modifica por sí sola. Claro que tiene impacto, pero por sí sola no lo modifica. Lo hemos visto en el caso griego. Seguramente ha sido el ciclo de protestas más duro y violento que hemos vivido en Europa desde los años setenta. Ha tenido mucho efecto, pero por sí solo no ha sido capaz de modificar los equilibrios de poder en el interior del Estado. Creo que eso abre la discusión del qué y el cómo. Hay que disputar una parte del poder político. Y en las democracias liberales occidentales eso tiene que ver, no solo, pero tiene que ver sobre todo con la vía electoral. Y hay una tarea inmediata, construir una mayoría política nueva para devolver las instituciones a la mayoría empobrecida. Esa es una vía más inmediata, en las elecciones. Pero luego hay otra, que es a la que nos referimos cuando hablamos de reconstruir un pueblo. Ser capaz no solo de ese espíritu de delegación cuando alguna gente te dice: “No nos falléis, eh. Te voy a votar pero no nos falléis”. Bueno, sí. Pero aquí se trata de que construyamos una ciudadanía para que esto no vuelva a suceder. Y eso tiene que ver con una serie de transformaciones culturales, institucionales, políticas más lentas, de más lento calado, que aseguren una posibilidad de contrapoder ciudadano o de voluntad popular nueva.

P. Eso es bastante más que un programa socialdemócrata.
R. La socialdemocracia es una etiqueta que hoy a la gente le dice muy pocas cosas. Pero que nos vale para caracterizarlo, porque en un momento dado favoreció los pactos de convivencia en la Europa de posguerra. Creo que vivimos un momento tal que, sobre todo en los países del sur de Europa, la democracia es ya incompatible con los proyectos de la oligarquía financiera. No puede haber democracia, es imposible. Hay planes que solo se pueden desarrollar chocando nítidamente con el poder financiero, y tenemos que defender cosas tan básicas como el derecho a tener derechos. Esto dibuja ya una frontera entre la democracia y la minoría privilegiada, que seguramente es quien ha roto el pacto. Creo que el enfado en nuestras sociedades, incluso aunque pueda tener un sentimiento progresista, popular, emancipador y democrático, parte de una percepción subjetiva conservadora. No es que las mayorías, la gente común, las mayorías empobrecidas hayan roto el pacto porque hayan dicho “esto es un engaño”. Me da que la cosa va más allá, porque la percepción es que han sido los privilegiados los que se han puesto por encima de cualquier regla colectiva, por encima de las normas y del Estado de Derecho. De manera que sorprendentemente la gente que sale a la calle a protestar, y que son tildados de antisistema, son gente que está diciendo: “¿Oiga, podemos tener alguna garantía de que las normas rigen igual para todo el mundo?”.

P. Es decir, que los antisistema son ustedes.
R. Claro. Es que el pacto social lo han roto ustedes por arriba. Se han colocado por encima de cualquier capacidad de control de ninguna institución. Y así pasa que aparecen fenómenos políticos, alianzas raras, extrañas, que en los tiempos normales, no de crisis orgánica, en tiempos normales dirías qué hace una persona como tú… ¿de dónde vienen estas alianzas? Me parece que vienen de que esa frontera democracia / oligarquía ha dibujado un bloque de gente muy amplio y transversal…

El proceso constituyente

P. Si el problema es que la oligarquía se ha situado por encima de las normas, pero la mayoría acepta esas normas, ¿por qué hace falta el proceso constituyente del que habla Podemos?
R. Nosotros tenemos una Constitución que parece diseñada para no ser modificada. Parece que al constituyente de 1978 lo que le preocupaba es que no se tocase en mucho tiempo. Es una Constitución muy difícil de reformar. He estudiado bien las Constituciones latinoamericanas, por cierto de signos ideológicos diferentes, y están hechas para ser fácilmente modificables. Es decir, la sociedad se dota en un momento dado de un pacto y dice: "Estamos transitando de un modo de sociedad a otro. La Constitución de la que nos estamos dotando podrá ser modificada. Estamos en un momento de transición. Dotémonos de unas normas que permitan que este texto sea modificable". Por el contrario, cuando uno estudia nuestra Constitución, parece más bien que el constituyente lo que estaba pensando es en cerrarla bien. Pero es verdad que se puede modificar, faltaría más. Aunque hablemos del candado del 78.

P. ¿Si la Constitución es difícilmente reformable hay que proceder por fuera de ella?
R. No, no se puede hacer por fuera. No hay forma. Lo que pasa es que siempre hay una tensión entre el Poder Constituyente y el Poder Constituido. Y siempre hay un momento, cuando se crea una voluntad popular nueva, en el que hay gente que dice "somos un pueblo y queremos normas para vivir mejor", y esto siempre choca con las normas que había antes. No ha habido nunca un proceso en el que haya una nueva voluntad popular que exige dotarse de nuevas normas y en el que la respuesta sea: campo libre. Siempre chocas con las normas heredadas y estas pueden ser democráticas, o menos. En nuestro caso provienen de un proceso democrático, con tutelas autoritarias, pero de un proceso democrático. En mi opinión, primero hay que construir un consenso muy amplio. ¿Cómo vamos a querer cambiar la Constitución sin consenso? Eso es imposible. Hay que construir ese consenso en torno a una idea: las reglas del juego han sido rotas por los de arriba y necesitamos unas reglas del juego adecuadas a las necesidades actuales de nuestra sociedad.

P. ¿Y cuáles son las reglas del juego que se han roto, las que no valen?
R. A mí me gustaría tener reglas del juego más garantistas para las personas. Me gustaría por ejemplo que el derecho a la vivienda estuviera dentro de los artículos de la Constitución que son inmediatamente reclamables.

P: Pero eso no implica que se haya roto ninguna norma.
R. Bueno, pero esa ausencia nos ha colocado ante un drama humano. A mí me gustaría proteger ese derecho en la Constitución, y proteger la titularidad del agua, de la energía y de los recursos naturales, de forma que sean de titularidad pública, aunque eso no signifique que no puedan ser explotados de forma privada. Queremos proteger determinados bienes en la Constitución, bienes con los que no queremos jugar. Igual que en un momento dado el Constituyente dijo “no hay democracia sin habeas corpus y hay que proteger ese derecho”, alguien debe decir hoy: “No hay democracia si el agua puede ser un objeto de negocio para unos pocos. Y para protegerlo, vamos a poner ese derecho en el capítulo, no de las cosas bonitas, sino en el de las cosas exigibles”.

P. En Italia se afrontó el problema de la propiedad del agua con un referéndum. ¿No podría hacerse aquí?
R: Claramente, pero el marco constitucional lo dificulta mucho. Aquí la Iniciativa Legislativa Popular lo tiene dificilísimo para prosperar, pese a la gran movilización social que exige. Hasta ahora el reparto entre PSOE y PP hace que sea prácticamente imposible convocar un refrendo popular. Esa mayoría ha hecho que pareciera que no existía acuerdo en cosas fundamentales ni descontento, porque no se expresaba en el Parlamento. Hasta que ha estallado. Felizmente de forma no violenta, pero ha estallado. Y mucha gente ha dicho: “Si ustedes no dan cabida en las instituciones a voces diferentes ni a sus demandas,  deberían ustedes salir de ellas". La gente se echa a las plazas o deja de votar, se harta. Yo creo que hay que posibilitar la apertura de un proceso constituyente para dar cabida a esas demandas y blindar los derechos de la mayoría empobrecida.

P. Hay pocas democracias, occidentales por lo menos, que tengan procesos constituyentes cada treinta años. ¿Realmente piensa que tiene sentido hacer tabula rasa?
R. No. Es imposible hacer tabula rasa. Hay muchas cosas con las que no se va hacer tabula rasa. No se va hacer, por ejemplo, con la Seguridad Social. Es algo de lo que podemos estar profundamente orgullosos. Funcionaba, y funciona todavía razonablemente bien, y protege un derecho sin el cual uno no puede ser ciudadano. Si uno tiene miedo a ponerse enfermo, no puede ser ciudadano. ¿Hay que hincar el diente a determinadas cuestiones que no están protegidas en la Constitución española? Sí. Para eso hay dos vías: conseguir un consenso entre las élites políticas, o abrir un proceso de gran acuerdo popular.

P. ¿Qué cosas hay que incluir en ese acuerdo?
R. Hay muchas. ¿Hay que abrir la cuestión de la Jefatura de Estado? Hay que abrirla. ¿Hay que abrir la cuestión del encaje territorial de España? Claramente. No vale con cerrar los ojos. Y, sobre todo, hemos tenido pocas herramientas institucionales para evitar el secuestro por parte del poder financiero del conjunto de las instituciones políticas. Eso es así hasta el punto de que vemos normal el rescate permanente de bancos y entidades privadas y, sin embargo, se sigue echando a las familias de las casas. A las pruebas me remito. Pero un proceso constituyente no tiene que ver con un proceso de destrucción.

P. ¿Para salir de esta crisis es imprescindible meter al país en una vía tan incierta como esa? ¿No es prioritario que la gente recupere el empleo y el bienestar? ¿No cree que ese proceso pondría a España en una situación muy complicada?
R. En una situación muy complicada estamos ahora. Las empresas se van de España. La crisis no para de crecer. Los intereses de la deuda se comen buena parte de los esfuerzos de los españoles.... En ésas estamos. Yo creo que no hay diferencia entre solucionar la problemática social y solucionar la problemática democrática. Nunca habríamos llegado a esta situación de despojo de la mayoría y de empobrecimiento de los sectores populares y medios si no hubiese sido por una masiva concentración de poder en manos de unos pocos. Por eso han podido hacerlo. Tiene que ver con afinidades, con la conquista del aparato del Estado, con una conquista paulatina de espacios en la sociedad civil, en los medios de comunicación, en la capacidad de convencernos de que las razones de unos pocos son las razones de todos.

La transición vieja, y la nueva

P. ¿Contra eso se levantó el 15-M?
R. El 15-M fue seguramente la mejor vacuna para nuestro país, porque significó que el malestar no lo iba a capitalizar Marine Le Pen. Lo que el 15-M dijo básicamente es que no tenemos casas porque tenemos una democracia extraordinariamente débil. Puso como enemigo a la Troika, no a los inmigrantes. Al hacer eso, el 15-M introdujo una maravillosa vacuna democrática: impidió que nadie dijera “primero vamos a garantizar que haya trabajo”. El 15-M puso sobre la mesa que la cuestión social y la cuestión democrática iban de la mano. Subrayó que la mayor concentración de riqueza en manos de las élites se ha dado en el momento de mayor descrédito de las instituciones y del mayor alejamiento de la gente respecto a la representación. Y que una y la otra son lo mismo. Y, por otra parte, nuestra sociedad es una sociedad madura. Creo que el relato dominante sobre la transición...

P. ¿Cuál es ese relato dominante?
R. El relato según el cual hicimos una transición modélica.

P. Algunos dirían que el relato dominante hoy es el contrario, que fue un desastre…
R. Bueno, vamos a medir cuántas series de televisión cuestionan la Transición. Cuántas películas. Cuántos catedráticos. Cuantos programas de televisión. Pero yo me refería a la idea según la cual los españoles somos un pueblo tendente a enfrentarnos entre nosotros. Eso salió a relucir, por cierto, con el tema de la sucesión dinástica: “¿Un referéndum para enfrentarnos más?”. Sinceramente, yo no me imagino que nadie se plantee esa pregunta en países como Noruega. Yo creo que durante la Transición había una concepción un tanto romántica de los españoles, quizá un poco atávica: “Hubo una guerra entre hermanos y una transición en la que todo el mundo cedió algo”. Esa idea según la cual tendríamos dificultades para gestionar demasiada democracia porque siempre tendemos a dividirnos no sé si es solo española... Pero desde luego no me la imagino en Noruega.

P. Volvamos a la idea de que la oligarquía ha secuestrado la democracia. ¿Ha secuestrado también la Constitución?
R. Hay autores que hablan de un cierto proceso "deconstituyente". La idea de cómo se ha ido modificando la Constitución sin pasar por ningún referéndum. Cómo ha sido reforzada paulatinamente en algunos aspectos y, digamos, desvalorizada en otros.

P. Eso dicen algunos autores. ¿Y usted?
R. Yo no soy experto en Derecho Constitucional. Me interesa más la discusión sobre en qué medida esta Constitución ayuda al bienestar de los españoles, que el debate sobre el momento fundacional del régimen del 78. Lo que me importa es cómo nos dotamos de instituciones que nos permitan saber que nuestros hijos no tendrán miedo si se ponen enfermos. Y eso puede exigir modificaciones, por ejemplo para que no se puedan externalizar servicios de Sanidad. Porque los españoles hemos decidido modificar una parte del pacto de convivencia fundamental. Yo soy más partidario de un proceso constituyente, pero lo fundamental es que nos pongamos de acuerdo en cuáles son los contenidos a modificar.

P. ¿Y cuáles son?
R. Queremos dotarnos de un pacto que diga, por ejemplo, que el derecho a la sanidad pública igual está igual de blindado que el derecho a la libertad de expresión. Y queremos dotarnos de unas normas que hagan que eso no esté en manos de una mayoría o de otra. Vamos a reunir una inmensa mayoría, lo blindamos, y que solo se pueda modificar con una mayoría similar. Que pueda haber modificaciones en el equilibrio electoral en un sentido o en otro, pero que hayamos construido un suelo mínimo. Yo creo que no hemos sido capaces de construir ese suelo mínimo que garantice que todos los ciudadanos  puedan ser ciudadanos.

P. ¿Quiere decir que la Constitución no ha impedido que el poder viole el Estado de derecho?
R. Sí, desde luego, y ahí se abre una discusión. ¿Un mejor uso de la Constitución lo habría podido hacer? Es posible. Pero también es verdad que esta Constitución ha permitido que esto suceda. Así que nosotros, que somos otra generación, nos dotamos de unas instituciones porque las existentes no se han revelado lo suficientemente fuertes para impedir que esos privilegiados secuestren el estado de derecho. Así que a lo mejor hay que reforzar las murallas. Y luego hay otra discusión más técnica: ¿Para reforzar las murallas tenemos que repartir de nuevo la baraja o basta con hacer modificaciones de la Constitución? Y ahí la respuesta como politólogo es que querría desarrollar más el debate. En términos exclusivamente políticos diría que lo importante es construir una mayoría muy amplia nueva para que se produzcan esas modificaciones, y encontrar luego cuáles son las vías para que esas modificaciones puedan reordenar una parte del pacto de convivencia en un sentido más favorable a la gente corriente, a la gente trabajadora.

P. Y si esa mayoría no cristalizara, ¿qué se haría mientras tanto?
R. El expresidente de Uruguay Pepe Mujica decía que para la gente que vemos la política como transformación lo importante siempre es el "mientras tanto". Nos contaba que él venía de una generación que estaba empeñada en asaltar los cielos, pero que mientras los asaltaban… Lo dice alguien con cierta edad y como presidente de Uruguay, pero me parece una cosa con mucho sentido. La clave es el "mientras tanto". Porque hay muchas cosas que no llegan. Claro que las tienes que pelear porque si no, no avanzas. Mientras tanto, ¿cómo vas a ser capaz de asegurar que mañana se frena la infamia de que una familia pierda su casa? ¿Eso significa renunciar a la posibilidad de un consenso amplio para una apertura constituyente? No en absoluto, no. Solo significa decir que en el mientras tanto hay necesidades urgentes que cubrir. Si hay un cambio y un Gobierno nuevo, la gente nos juzgará desde el minuto uno por las expectativas que hemos levantado. Eso está bien, pero también te espolea a solucionar mañana, en 100 días, que la gente no pase frío en su casa. Mientras haces grandes cambios habrá que asegurar que nadie pase frío.

P. Es decir, que lanzar el proyecto constituyente es una idea para galvanizar a la sociedad.
R. Claro, y servir de palanca. Mucha gente nos dice: “Si ahora lo abres te sale peor que en el 78”. Eso obvia que si has sido capaz de abrirlo es porque la correlación de fuerzas ya es diferente. Lanzar esa idea abre un horizonte constituyente; hasta que eso se transforma en una codificación legal pasa mucho tiempo. Pero es una idea en discusión. A mí me seduce…

R. ¿No hay unanimidad en el partido sobre eso?
R. Sí. Lo que hay son diferencias sobre la prioridad de las cosas y sobre en qué medida cada cosa ayuda a acumular fuerzas en un sentido y en otro. Hay que reconocer que es uno de esos temas que requiere un grado un poquito más alto de complejidad política. No es uno de estos temas que se explican fácilmente y, por tanto, calan más en espacios de debate más sosegados y luego, sí van permeando, permean.

Universidad, casta, ideología

P. El artículo de Soroa afirma que su propuesta de crear una nueva hegemonía divide al país en honestos y corruptos y tiene un tufo totalitario.
R. Es un buen artículo al que me gustaría tener tiempo para responder. Porque tiene al menos dos trampas: por un lado, describe una lógica general, la de la hegemonía, como una particularidad de Podemos, que aspiraría a construir una voluntad general nueva. No hay actor con voluntad hegemónica que no aspire a encarnar el universal. Pero esa aspiración es siempre precaria y necesariamente incompleta, lo que es garantía de libertad, de que el poder, con Leffort, es siempre un lugar vacío. Por otra parte, deduce de esa pretensión hegemónica una lógica excluyente. Es cierto que toda construcción de un "pueblo" conlleva la creación de una frontera que define un ellos y un nosotros. Pero esa frontera puede ser en términos adversariales: el "ellos" es legítimo, no se aspira a su destrucción física sino a su derrota política. En una comprensión típica del conservadurismo liberal, se cree que lo que amenaza la diferencia es el conflicto y la lucha de ideas, cuando lo que la viene amenazando es la suspensión de las diferencias en torno a un consenso ‘técnico’ que encumbra el poder de minorías oligárquicas por encima de la soberanía popular.

P. Bajemos a la tierra. ¿Qué le pareció la manifestación de París?
R. La casta se hizo un selfie. Esa foto desde arriba, apartados de la gente, ese triángulo es tremendo. Además ir de la mano de gente como Netanyahu, Sarkozy… Por lo masiva se parece a la del 11-M, que fue la mani más transversal en la que yo he estado. Estaban Aznar, Berlusconi y gente de todas las tendencias.

P. ¿Hay casta en la Universidad?
R. Yo creo que la casta se inventó en la Universidad.

P. ¿Así que lo de Félix de Azúa lo sabía ya?
R. ¡Y nos los dice a nosotros, que hemos estado de becarios, corrigiendo exámenes y trabajos que no son nuestros, escribiendo artículos que a veces no firmas, y pagando un precio muy alto por el compromiso político! El compromiso de izquierdas en la Universidad estaba bien visto en la Transición. Luego había que moderarse y si seguías siendo rojo se pagaba caro. Bolsas de viajes para asistir a seminarios, derecho a escribir en ciertas publicaciones… Conocemos muy bien la casta universitaria.

P. A usted también le acusan de gozar de privilegios.
R. Nos están poniendo bajo una lupa de aumento que no ya la casta, sino una gran parte de la ciudadanía, no podría aguantar. Es muy significativo que en el momento de agotamiento moral y crisis de imaginación de unas élites, lo único que se les ocurra decir es: “¿Lo ven, nosotros damos asco, pero ven como ellos también?”. Esas cosas siempre calan, y no hay que ser arrogante. Pero creo que la gente se da cuenta de que usan una doble vara de medir, y que eso puede convertirse en un bumerán.

P. Algunos dicen que los dirigentes de Podemos son grandes expertos en comunicación política y malos políticos.
R. Esa es una crítica más elaborada: primero fue la andanada con ETA y Venezuela, luego vino el “ustedes no reciclan”, sugerir que no somos gente honesta y trabajadora y que nos dedicamos a lo que nos dedicamos, y luego una cosa que parece un elogio pero que es una crítica: “No, es que son muy listos, son muy buenos”, es decir, saben engañar a la gente. Ahora nos dibujan como a una especie de alquimistas. Después de las elecciones, en la televisión todos me preguntaban “¿Cuál es la fórmula?”. Yo podría ser un farsante y escribir un best-seller: “Así inventé la campaña Podemos”. Pero la fórmula es: ¿No has visto cómo está el país? Es un conjunto de ingredientes lo que fabrica la receta.

P. Falta que Podemos explique para qué está aquí.
R. La sensación es que estamos en un momento muy raro en el que los “para qué” son evidentes para mucha gente. Unos movimientos sociales se han convertido en alternativa de cambio y otros no. La clave es que las cosas se les han ido tanto de las manos a los poderosos que reivindicaciones muy moderadas son hoy las banderas del cambio. Nos han puesto muy fácil la receta. No somos una suerte de laboratorio, solo somos unos militantes universitarios críticos que quieren cambiar las cosas y que en un momento dijimos: "vamos a convertir esa marea de gente harta en una alternativa de cambio". No lo hemos conseguido. Solo hemos puesto sobre la mesa que es posible, que hay condiciones para el cambio. Pero falta lo más duro.

P. Mucha gente no entiende que digan que no tienen ideología, que no son de izquierdas.
R. La ideología no solo se expresa en las metáforas derecha e izquierda. Esa metáfora es eminentemente europea y se utiliza desde hace dos siglos, pero ya no sirve para explicar lo que pasa en España. Las diferencias formales entre izquierda y derecha se han borrado tanto que la gente ya no se identifica con eso… En cambio, la división entre casta y ciudadanía ha prendido como un campo de hojas secas al que tiras una cerilla. La cerilla solo había que tirarla, pero la clave es que el campo estaba totalmente seco, que el terreno estaba abonado. Pero eso no es una apelación nuestra a desideologizar. Al revés: se trata de hacer más política pero con otras metáforas.

Grecia y la Unión Europea

P. ¿Cómo cree que va a influir Grecia en el futuro de Podemos? El taxista que nos ha traído decía que lo suyo va a depender de lo que pase en Grecia. Dice que como los de Grecia ganen y fracasen, aquí nadie se tomará en serio a Podemos.
R. Cuando nosotros hemos dicho que estábamos siguiendo la agenda griega y que eso solo conducía a la situación griega, nos decían “¡Esto no es Grecia!”. Ahora de repente todo el mundo parece encantado de decir que esto es Grecia. El caos, Syriza es el Podemos griego… De repente hemos descubierto que esto es Grecia. Pero hay diferencias sustanciales. A nosotros nos parece que Grecia está condenada a mayor audacia de la que nos haría falta a nosotros, porque nosotros somos la cuarta economía de la zona euro y tenemos más capacidad de negociar y de presionar, de hacernos valer, y tenemos una composición de la deuda diferente. En el caso de Grecia me parece que están obligados a jugar de farol. Como cuando en las películas americanas hay dos coches que van corriendo hacia el abismo a ver quién se atreve menos y se desvía. Y yo creo que Merkel también está jugando de farol. Hay economistas que ya están diciendo que en realidad las instituciones europeas tienen descontada la mayor parte de la deuda griega, que debe sobre todo a las instituciones europeas o a instituciones internacionales y no a fondos de inversión o en los mercados secundarios, y que por tanto la posibilidad de reestructurar la deuda es más sencilla. Lo que pasa es que Merkel también está en campaña electoral.

P. Y negociando…
R. Tanto la victoria de Syriza como el desempeño de un posible gobierno popular y alternativo en Grecia van a tener repercusiones, pero me parece que al final la política internacional importa relativamente, influye relativamente en las cosas, salvo en periodos muy concretos. Si hay una guerra o un atentado…

P. Bueno, oyéndole parecería que el PP se hubiera inventado esa política, cuando esa política la ha impuesto Merkel. Lo cual indica que la política internacional cuenta mucho.
R. Ah, no, no, claro, Rajoy es un testaferro… Decía para la cosa electoral.

P. Podemos dice que va a cambiar las cosas, pero si gana las elecciones va a llegar a Bruselas y va a haber 26 países de 28 que van a decir “esto no se toca”. ¿No sería bueno ser honestos con la gente y decir que esto es muy difícil cambiarlo?
R. Sí. Hay que reconocer que las columnas centrales exigen... Hay una pelea que dar en Europa pero es obvio que la das en una correlación de fuerzas que no eliges, incluso si has ganado aquí. En Europa avanzas lo que puedes; lo que no puedes lo negocias, y lo que no puedes negociar te lo comes. Por otra parte, y esto es muy poco hermoso para salir en los manuales, todo el mundo hace básicamente lo que puede, incluso en los procesos más formalmente revolucionarios, llegas al poder, te encuentras con lo que hay y a partir de eso avanzas lo que puedes, y lo que no puedes lo intentas postergar o intentas no ceder demasiado. Sin embargo, mi sensación es que hay margen. Seguramente la política fiscal es el mejor ejemplo de eso. Habría elementos. ¿Hay soberanía económica en España? En absoluto. ¿Pero tienes elementos concretos como para hacer modificaciones que cambien sustancialmente la vida de la gente? Creo que hay muchas cosas que sí puedes hacer.

P. ¿Hay margen para la política?
R. Ciertamente hay margen. Hemos hablado de desahucios, hemos hablado de la pobreza energética, hemos hablado del modelo de relaciones laborales, de las leyes para regular el mercado de trabajo, hemos hablado de la política fiscal. Todas esas cuestiones son cuestiones en las que un Gobierno se puede mover. Hay que reconocer que ha habido cesión de soberanía en Europa, y hay que reconocer también que esa ha sido la mejor excusa para las élites. Las élites durante mucho tiempo han podido usar el “es que viene de Europa”. No, a usted le vienen directivas y usted decide cómo las aplica y cómo las concreta. Pero le vienen sobre algunas cosas, hay muchas sobre las que usted decide.

P. ¿Cree posible construir Europa sin ceder soberanía?
R. Entiendo que hoy no hay un proceso europeo, que el actual proceso europeo es un proceso fallido. La debilidad política de la Unión Europea y la cesión de cosas tan importantes como la soberanía monetaria a órganos que no tienen el menor control democrático ha sido un suicidio. No tenía ningún sentido cederle eso a un banco central europeo sobre el que no tenemos control y que parece haber sido diseñado para engrosar las arcas de los bancos privados: no puede prestar a los Estados pero sí a los bancos para que estos presten a los Estados. Pero claramente no hay integración sin cesión de soberanía. A mí no me importa ceder soberanía siempre que se la cedas a organismos democráticos. Si cedes soberanía a organismos menos democráticos que lo que tenías en tu Estado nación, mejor no cederla.

Pablo Iglesias acusa a Susana Díaz de vetarle en Canal Sur

SEVILLA.- El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha dicho hoy en un mitin en Sevilla, aludiendo al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que los que no van a pactar con el PP son ellos, ni se lo van a poner fácil "en ningún contexto".

"Mi serie favorita de televisión es 'Juego de tronos' y la de Pedro Sánchez, 'Perdidos'", ha ironizado al recordar la visita de Sánchez a Washington, y ha retado a la presidenta andaluza, Susana Díaz, a un debate en televisión, ya que "manda más que Pedro Sánchez y parece que es más valiente".
Después de asegurar que Díaz le ha vetado en Canal Sur -"No se entrevista en mi televisión al coletas", ha asegurado que ha dicho Díaz en una llamada telefónica de la que ha tenido conocimiento por "amigos" de la emisora-, ha insistido en que Sánchez está perdido y no sabe si reformar el artículo 135 de la Constitución, ni con quién está en Grecia, mientras que él y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sí lo han expresado.
"El Canal Sur de Susana Díaz ha vuelto a dar la campanada", ha dicho Iglesias en referencia al fallo del canal autonómico en la retransmisión de las campanadas en Nochevieja, y ha comparado la televisión andaluza con "la RTVE de Rajoy", que les organiza "encerronas".
Ante más de 3.000 asistentes que llenaron el Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla, Iglesias ha asegurado que el cambio político llegará desde el sur y ha emplazado a los asistentes a estar en Madrid el día 31 de enero en la "Marcha por el cambio" y a hacer "una foto histórica en la Puerta del Sol"; "para poder decir a vuestros hijos, 'yo estuve allí'".
Podemos es "el GPS" porque sabe "a dónde no hay que ir y a dónde sí", ha señalado Iglesias, que ha asegurado que en su partido son "sensatos, pragmáticos y responsables" y que los tres problemas de España son "el paro, la desigualdad y el nivel de endeudamiento".
Si las cuentas para las políticas sociales no cuadran, ha asegurado, es "porque los corruptos tienen compradas a las elites del PP y del PSOE", y ha añadido que cuadrarán si se gravan más las riquezas más elevadas, los mayores patrimonios y el impuesto de sociedades vuelve a estar como antes de que gobernara José María Aznar.
"Nos tratan de convencer de que la corrupción es la suma de indignidades personales, pero el problema de la corrupción es de Gobierno", ha dicho, y ha pedido "escobas" porque "la corrupción no sólo se combate con jueces y con el Código Penal, sino que hay que democratizar la economía".
Del presidente del Gobierno ha señalado que aunque diga que "las cosas van de maravilla" desde que él gobierna el porcentaje de desempleados sin prestación alguna ha pasado del 35 % al 54 %, y hay 3,7 millones de parados más.
El 31 de enero "hay que despedir a la casta", ha enfatizado Iglesias, para quien 2015 va a ser un año difícil para su partido porque sus oponentes van a seguir "insultando, mintiendo y difamando".
Podemos no es la solución, sino un instrumento; este país lo va a cambiar la gente. Por eso queremos llenar las calles de gente", ha dicho sobre la próxima manifestación de su partido en Madrid.
"Llenando la Puerta del Sol les vamos a decir que este tiempo se acaba y que este país necesita un gobierno decente", ha añadido, mientras que los asistentes dispuestos en el escenario desplegaban la leyenda: "El momento es ahora".
Iglesias ha comenzado su intervención recitando el poema de Manuel Machado que describe las ocho provincias andaluzas y que concluye diciendo "...y Sevilla", ha seguido contando anécdotas de su abuelo, quien paseó por Sevilla con García Lorca, y lo ha terminado cantando el himno de Andalucía con los asistentes en pie.
Iglesias ha estado precedido por la aspirante a liderar Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, quien ha dicho que los dirigentes de este partido están dispuestos a renunciar a dos tercios del sueldo de cargo público, y que ha asegurado que "lo que da miedo no es hacer propuestas distintas, sino que todo siga igual".

Lecciones para España de la campaña electoral griega / José Hervás *

Aunque los expertos en materia electoral advierten de que España no es Grecia, inmediatamente después matizan que, pese a todo, Rajoy, Sánchez, Garzón, Rosa Díez o Albert Rivera tendrán que tener muy en cuenta lo que allí suceda. La primera lección de la campaña electoral de Grecia es la falta de empatía del primer ministro griego con los votantes.

Es ahí donde se ha pro­du­cido el primer grave error de la cam­paña de Antonis Samaras. Incapaz de trans­mitir a la ciu­da­danía la imagen de cambio que ne­ce­sita Grecia, como de­muestra el re­chazo ex­plí­cito que con­fiesan las en­cuestas a los dos grandes par­tidos que han go­ber­nado en los úl­timos años el país, Nueva Democracia y los so­cia­listas del Pasok, ha op­tado por es­ti­mular los sen­ti­mientos na­cio­na­listas con una cam­paña contra los in­mi­gran­tes.

La es­tra­te­gia, según las úl­timas en­cues­tas, está re­sul­tando fa­tal. Según el sondeo de Public Views, un 38 % de los en­cues­tados tiene in­ten­ción de votar al par­tido de Alexis Sipras, frente al 30 % que lo haría al del to­davía primer mi­nistro griego. El otro sondeo pu­bli­cado tam­bién el pa­sado lunes por ProRata re­duce la ven­taja del par­tido contra las me­didas de aus­te­ridad a 5 puntos por­cen­tua­les, pero se­guiría ga­nando las elec­ciones con el 31 % frente al 25,5 % que otorgan a Nueva Democracia.

Con estos re­sul­tados y las es­ti­ma­ciones de voto de los dos prin­ci­pales par­tidos co­la­bo­ra­dores del Gobierno de Samaras, los so­cial­de­mó­cratas del Pasok y los cen­tristas de To Potami, Nueva Democracia no es­taría en con­di­ciones de poder pasar la ma­yoría ne­ce­saria en el Parlamento.

La vi­sita del pre­si­dente del Gobierno es­pañol, Mariano Rajoy, a Grecia en apoyo de Antonis Samaras pa­rece un in­tento de re­cor­darle a su co­lega que es la eco­no­mía, la crea­ción de em­pleo y los de­re­chos so­ciales per­di­dos, lo que sigue im­por­tando más en esta oca­sión. Todavía queda una se­mana de cam­paña, pero pa­rece muy di­fícil darle la vuelta a las ex­pec­ta­tivas de vic­toria de Alexis Tsipras.

Un ban­quero griego afin­cado en la city lon­di­nense trans­mitía al Gobierno es­pañol en un re­ciente viaje a Madrid la cer­teza del mundo fi­nan­ciero de la vic­toria del par­tido de Syriza. Interpreta que si tras la vic­toria llegan a un acuerdo ci­vi­li­zado con las ins­ti­tu­ciones in­ter­na­cio­nales para re­ne­go­ciar la deuda, Podemos vería con­fir­marse cla­ra­mente sus ex­pec­ta­tivas en las elec­ciones ge­ne­rales en España.

Por el con­trario si la op­ción de Tsipras fuera la de tomar una de­ci­sión uni­la­teral de no pagar la deuda sin ne­go­ciar con las ins­ti­tu­ciones in­ter­na­cio­na­les, el Partido Popular ten­dría hecha la cam­paña.

El equipo ele­gido en el PP para di­rigir la cam­paña de las au­to­nó­micas y lo­cales ha pro­vo­cado más de una sor­presa en las pro­pias filas po­pu­la­res. En las dos elec­ciones que ha di­ri­gido Carlos Floriano los re­sul­tados no han sido muy bri­llan­tes. En la pri­mera oca­sión perdió las elec­ciones en Extremadura pese a que Rodríguez Ibarra es­taba ya en re­ti­rada.

Los re­sul­tados de las úl­timas elec­ciones al Parlamento Europeo tam­poco pueden ex­hi­birse como un éxito. La de­sig­na­ción de Pablo Casado como por­tavoz de la cam­paña, además de su­poner como mí­nimo una des­au­to­ri­za­ción de Floriano, corre un riesgo.

Todo el mundo confía en el bri­llante fu­turo que le es­pera a Casado, pero es un riesgo ele­vado apostar por una per­sona sin con­trastar en la que se con­si­dera la elec­ción más di­fícil que afronta el Partido Popular desde su crea­ción.

Nunca el riesgo del fin del bi­par­ti­dismo pa­recía tan pró­ximo. El PP ha asu­mido un al­tí­simo riesgo. Un fra­caso po­dría no tener re­medio de cara a las Generales. El PSOE tam­bién tiene mucho que aprender de lo que está pa­sando en Grecia. Aunque con un Pasok dis­mi­nuidó y con el hijo de Papandreu li­de­rando un nuevo par­tido, Pedro Sánchez tenga di­ficil acudir a Atenas a apoyar a na­die. A los grie­gos, a los es­pañoles y a los eu­ro­peos nos va mucho en ello.

(*) Periodista

Pedro Sánchez: 'Lo mejor siempre ha venido de la mano del PSOE'

VALENCIA.- El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha dicho hoy que "basta ya de engaños y fraudes, de Mato, Matas, Blesa, Rato, Aguirre, Aznar, amiguitos del alma y bolsos de Louis Vuitton", y ha considerado que "es hora ya de que alguien en el PP asuma algo de responsabilidad política".

Sánchez ha realizado estas declaraciones en el Palau de la Música de Valencia, donde ha participado en el acto de presentación de la candidatura de Joan Calabuig a la alcaldía de Valencia.
"Rajoy dice que la crisis ya es historia, pero no sabe que el que empieza a ser historia es él", ha añadido Sánchez, quien también ha denunciado las "mentiras" de quienes abogaban por "no pagar la deuda pública" o "la jubilación a los 60 años" y "ahora callan" porque, a su juicio, "mienten unos y mienten los otros".
En su intervención, ha repetido en varias ocasiones la idea de que "lo mejor que ha pasado a este país siempre ha venido de la mano del PSOE" y ha abogado por "no decir a la gente lo que quiere escuchar, sino la verdad, que la recuperación no ha llegado, que la derecha ha recortado derechos y libertades y que la clase media solo saldrá de la crisis con gobiernos socialistas".
Ha reiterado sus propuestas de favorecer la reestructuración de la deuda de familias y autónomos en dificultades porque "si hay dinero para Castor también lo debe haber para familias" y también ha insistido en la voluntad de derogar la reforma laboral "de la falta de derechos y la pobreza" y prohibir las "amnistías fiscales que benefician a grandes defraudadores".
En referencia a Cataluña ha reprochado a Artur Mas y Oriol Junqueras que utilicen el "buen nombre" de la región "en beneficio propio, para pelear solo por poder" y ha pedido a los catalanes que en septiembre "apuesten por la Cataluña de verdad, la de la concordia, no la de la fractura y la televisión".
Sánchez ha defendido que "es mentira" que el PP y el PSOE sean lo mismo, porque "no es lo mismo el que construye que el que destruye", y ha aludido a los sistemas sanitarios y educativos, el ingreso de España en la UE, la ley del aborto, las pensiones, la dependencia, la igualdad o el matrimonio homosexual como proyectos "con las siglas del PSOE".
"Hay que frenar la resignación, los recortes, recuperar la decencia en la política y mandar al PP a la oposición", ha defendido Sánchez, quien ha citado a Alfonso Guerra al afirmar que "ser socialista es tener sed de justicia".
"Vamos a ser la primera fuerza política a partir del 24 de mayo. Os pido que dejemos de contar los votos que perdimos y contemos los que ganaremos si nos mantenemos fieles a nosotros mismos. Lo mejor que ha pasado a este país siempre ha venido de la mano del PSOE", ha agregado.
Asimismo, ha añadido: "Hemos logrado lo que generaciones solo soñaron, me niego a que el rencor y la desconfianza lo ocupe todo, a que el único proyecto sea lanzarnos unos contra otros. Dejemos de hablar de lo que se ha hecho mal para hablar de lo bueno que se ha hecho en este país".
En referencia al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le ha reprochado que gobierne para el "10 por ciento de pudientes" y ha afirmado que el PSOE gobernará para el 90 por ciento restante, para que "los datos económicos positivos lleguen al conjunto de los españoles".
Ha propuesto un nuevo sistema de financiación autonómica, el fin de las "puertas giratorias" y transparencia en los partidos porque, según ha asegurado, para consultar las cuentas del PSOE basta con "visitar la página web" mientras que para conocer las del PP "hay que ir a la Audiencia Nacional o a Suiza".
El candidato socialista a la alcaldía de Valencia, Joan Calabuig, ha afirmado que los valencianos son mejores que "la imagen que proyecta el PP".
Los discursos políticos han estado precedidos de varias intervenciones de la recientemente creada Unión Musical Socialista, que ha interpretado pasodobles ante un auditorio que no ha completado el aforo.

Mirando atrás / Ramón Cotarelo *

Las conclusiones provisionales de la fiscalía en este primer proceso de la Gürtel son aterradoras. Relatan con pelos y señales comportamientos delictivos de los encausados, todos ellos dirigentes, militantes o simpatizantes del PP, durante los últimos quince años. Los cuantifican detallando el importe del botín. Y también solicitando casi 500 años de cárcel para los culpables. Presuntos, por supuesto. Todo aquí es abrumadoramente presunto. Como presunto es el PP, cada vez más aparentemente configurado como una asociación para delinquir.

Ese relato obliga a mirar hacia atrás, a esos quince años pasados que, ahora, viendo la frenética actividad delictiva de estos personajes (y los que todavía no han aparecido en sede judicial) deben reconsiderarse. Cuando se escriba la historia de 2000 a 2015 este episodio iluminará con su turbia luz numerosos acontecimientos, dándoles su auténtica dimensión. La de que el país ha estado y está gobernado por presuntos delincuentes.

¿Quién no recuerda aquella aparición de Mariano Rajoy nada más destaparse el caso Gürtel/Bárcenas, rodeado de la plana mayor del partido para desmentir que hubiera trama alguna del PP y afirmar en cambio que se trataba de una trama contra el PP? En primera fila, Arenas, Cospedal, Camps, Mato, el propio Rajoy, todos ellos presuntamente corruptos o cobradores de sobresueldos de una caja B nutrida, al parecer, con fondos ilegales producto de comisiones por chanchullos y delitos varios.

¿Caja B? ¿Qué caja B? Rajoy, Cospedal, todos a una han negado su existencia. Rajoy, incluso, en sede parlamentaria. Una inexistente caja B con la que presuntamente se financiaron campañas electorales del PP (cuyos resultados habría que anular en buena ley), se pagaron unos sobresueldos a numerosos dirigentes del partido, incluido el actual presidente del gobierno. Una caja tan generosa que incluso daba para que el amigo Bárcenas, según la fiscalía, arañara de ella unos cientos de miles de euros, además de su preceptivo sobresueldo, como es lógico.

Claro, porque, como decía Cospedal, en realidad, no era la caja y la contabilidad del PP, sino las personales del señor Bárcenas que, al parecer, no ocupaba el cargo de tesorero del partido, pues era un señor de paso. Como un buhonero. El pobre Bárcenas pasó de ser un hombre de probidad incontestable, al decir de Arenas, y un magnífico tesorero según Rajoy, a ser un precito sin nombre que nadie conocía.

La vida no es solamente conocer gente, como dicen los manuales de relaciones públicas, sino también desconocerla. Repásense las fotos de la boda de la hija de Aznar en el Escorial. Muchos de los encausados con peticiones de cientos de años lucieron allí sus mejores galas y adornaron con su intachable ejemplo aquellas piedras centenarias, testigos de glorias imperiales. Ahora resulta que no los conocía nadie; ni los novios, ni los padrinos. Se habian colado. Otros que iban de paso. De paso a la cárcel, según se ve.

¿Quién se ha olvidado de Aznar proclamando hace cuatro o cinco años que el PP era incompatible con la corrupción? A lo mejor se refería a la ajena porque la propia, la de entonces, la de antes y la de ahora, bien clara la han dejado las fiscales. Pero no hay que dudar de la buena fe del héroe de las Azores. Seguramente no la veía, como Mato no venía el Jaguar en el garaje de su casa.

Es posible que en el curso del proceso -y es solo uno de ellos- el juez llame a declarar a la señora Aguirre, presidenta de la Comunidad en la que aparentemente se cometió todo tipo de desafueros para alimentar esta maquinaria de corrupción y expolio que funcionó durante quince años como la savia que alimentaba el frondoso árbol de los gobiernos autonómicos y locales del PP. La misma señora Aguirre que, teniendo empleados a varios familiares como asesores y cosas así en distintas administraciones públicas, aseguraba que iban a terminarse las mamandurrias. Siempre las ajenas, se entiende. Todas las inauguraciones, celebraciones y actos de la aristocrática presidenta en estos años dorados tenían detrás las actividades de esta trama o las no menos pintorescas de la Fundación FUNDESCAM, cuya alma nutricia duerme hoy entre barrotes en espera de juicio por otras fechorías tan desatentas como aquellas.

Esta visión retrospectiva, este cambio de decorados de una memoria colectiva, presentada como una historia de triunfo siendo en realidad un negocio de rufianes, adquirirá tonalidades más siniestras. Los papeles de Bárcenas dan para mucho. La Gürtel tiene una extensión valenciana que no va a la zaga en punto a desvergüenza y latrocinio. Todo en torno al PP. Los casos de Blesa y Rato terminarán de poner la nota de depravación más absoluta y el proceso de Urdangarin y la Infanta añadirá la guinda del blasón.
 
Al margen de lo que establezcan los tribunales, aquí lo esencial, políticamente hablando, son los sobresueldos de procedencia ilícita como práctica habitual y generalizada en el PP. Porque, si Ana Mato y hasta el PP mismo han de responder de la acusación de ser beneficiarios a título lucrativo de unos presuntos delitos, esa acusación ¿no puede formularse a todos los que hayan cobrado sobresueldos? 

Viene a la memoria un presidente Nixon, ya acorralado por el Watergate, afirmando a la desesperada en la televisión que I'm not a crook (No soy un delincuente). Luego resultó que sí lo era. ¿Se recuerda a Rajoy diciendo que no iba a dimitir a causa de Bárcenas porque soy recto y una persona honrada? Por supuesto, la presunción de inocencia es incuestionable.

Miremos ahora un poco adelante.

Quedan diez meses hasta las elecciones generales. Ocho hasta las catalanas.

¿Está este gobierno en situación de afrontar la cuestión catalana? 

(*) Catedrático de Ciencia Política en la UNED

viernes, 16 de enero de 2015

Una condena con muchos matices

MADRID.- El arco conformado por los países en los que la fe musulmana es mayoritaria resulta demasiado amplio y diverso como para extraer unas conclusiones generales sobre su respuesta al atentado yihadista perpetrado contra la revista Charlie Hebdo en París. 

Sin embargo, sí parece posible destacar algunos elementos recurrentes en las actitudes de los líderes políticos, los medios de comunicación (muy a menudo controlados por los primeros) y el sentir general de las sociedades. La condena al ataque a la revista es prácticamente generalizada, pero también lo es la reprobación a las caricaturas que reproducen al profeta en el último número de la publicación
El primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, sintetizó este jueves un sentimiento muy extendido: “La libertad de expresión no significa la libertad de insultar”. Significativamente, durante su gira en Asia, el papa Francisco expresó conceptos cercanos a los del dirigente turco. “Hay un límite. No se puede provocar. No se puede insultar la fe de otros. No se puede bromear con la fe de los demás”.
La crisis de Charlie Hebdo pone en evidencia pues la extrema debilidad de las voces liberales en las sociedades de tradición islámica. La esperanza suscitada en Occidente por el desarrollo de las primaveras árabes a principios de esta década encuentra en esta circunstancia la triste constatación de su fracaso. Incluso en Egipto, donde la contrarrevolución del mariscal Al Sisi ha derribado a los Hermanos Musulmanes, la dirigencia muestra extrema sensibilidad a las quejas que expresan el sentir mayoritario entre los musulmanes.
Afortunadamente, a diferencia de la crisis desatada por las viñetas publicadas por el diario danés Jyllands-Posten en 2006, de momento no se han registrado incidentes de relieve alimentados por el rechazo a la reproducción del profeta.
La periodista libanesa Diana Mukalled sostiene en la cadena Al Arabiya que el mundo árabe aún está “atrapado en tratar de resolver si el crimen [el atentado contra Charlie Hebdo] es absolutamente condenable o no”. Menciona que “a pesar de la ausencia de datos precisos sobre la opinión pública, no es difícil detectar un atrevido tono general en la cobertura de los medios, los titulares, los debates y las redes sociales que refleja una innegable tendencia a justificar y rebajar el odioso crimen”.
En definitiva, que detrás de las condenas siempre hay un “pero”.

La protesta contra las viñetas deriva en disturbios en varios países islámicos

DUBAI.- Las protestas contra las nuevas caricaturas de Mahoma en la revista satírica francesa Charlie Hebdo han dejado este viernes cuatro muertos y 45 heridos en Níger y dos heridos de bala en Pakistán, entre ellos un fotógrafo de la agencia France Presse

En Irán se suspendió sin explicaciones la manifestación de cólera. En Argel hubo choques entre manifestantes y policías, varios de los cuales resultaron heridos y, además, hubo decenas de arrestados. También hubo disturbios en Ammán, la capital jordana, donde miles de personas participaron en las protestas por las viñetas convocadas por grupos islamistas frente a la Gran Mezquita de Huseini. Uno de los organizadores dijo que la policía dispersó a los manifestantes y arrestó al menos a cuatro de ellos, posteriormente liberados.
Mientras, en Turquía su presidente, Recep Tayyip Erdogan, advertía del riesgo de que se produzca un “choque de civilizaciones” a raíz de la última oleada de ataques yihadistas en Occidente. Durante un encuentro con empresarios en Ankara, Erdogan dijo que seguía con “gran preocupación” los “ataques contra el islam” tras la matanza de París. El mandatario turco, que impulsó en 2005 junto al entonces presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero la iniciativa de Naciones Unidas de la Alianza de Civilizaciones, considera una provocación que el último número de Charlie Hebdo incluya caricaturas de Mahoma. En la portada del semanario aparece un dibujo del profeta con lágrimas en los ojos que dice “Yo soy Charlie”, el lema de solidaridad con la revista tras el atentado contra su redacción que dejó 12 muertos.
Al menos tres civiles y un policía fallecieron y otras 45 personas resultaron heridas en las protestas en la ciudad de Zinder, en el sur de Níger, donde también fueron incendiadas 10 iglesias y otros edificios. Según testigos, más de 4.000 personas salieron furiosas a las calles después de que en la oración de mediodía los imanes animasen a los fieles a protestar contra la participación del presidente, Issoufou Mahamadou, en la manifestación del domingo en París, donde, según ellos, “se insultó al profeta”.
Dos de los civiles murieron por balas de la policía uno por gases lacrimógenos cuando, según la versión oficial, una turba asaltó la comisaría local y los agentes cargaron contra ellos. El Instituto francés, una escuela de misioneros y la sede del Partido Nigeriano Para La Democracia y el Socialismo, formación del presidente, también fueron atacados.
El Gobierno ha prohibido las reuniones convocadas hoy en las mezquitas de la capital por varios grupos islamistas para continuar con las protestas. En el vecino Mali, decenas de miles de personas convocada por el Consejo Supremo Islámico salieron a las calles para condenar la publicación de las viñetas con la imagen de Mahoma, pero mantuvieron la calma en todo momento.
Las movilizaciones en Karachi apenas congregaron a unos centenares de personas -la gran ciudad portuaria y comercial del sur de Pakistán, donde viven 23,5 millones de almas- y a unos miles en la capital argelina. Apenas dos centenares de personas se congregaron ante el Consulado de Francia en la ciudad paquistaní. Armados con palos, y según un periodista, algunos también con pistolas, los congregados respondieron con piedras y disparos cuando la policía impidió su aproximación al Consulado francés utilizando gases lacrimógenos y cañones de agua.
En el rifirrafe al menos dos personas han resultado heridas de bala, el fotógrafo de France Presse Hasif Asam y un miembro de una de las organizaciones convocantes, según fuentes médicas. Además, un policía recibió una pedrada, pero estaba fuera de peligro. 
No obstante, la reacción ha sido mucho menor que en 2006, cuando las protestas por la publicación de caricaturas de Mahoma en un periódico danés provocaron decenas de muertos en todo el mundo. El primer ministro, Nawar Sharif, y el Parlamento condenaron el jueves al semanario francés, mientras que los líderes religiosos han pedido abiertamente que se cuelgue a sus periodistas.
Mientras tanto, en Irán, donde existe una especial prevención hacia Occidente, la manifestación de cólera prevista para después de la plegaria ha sido anulada sin explicaciones. No obstante, los estudiantes islamistas (miembros del Basij) han anunciado que se celebrará el lunes ante la Embajada de Francia, si obtienen el permiso de las autoridades, según la agencia Fars. Significativamente, el ministro iraní de Exteriores, Mohamed Javad Zarif, se encontraba en París, parte de una gira por varias capitales europeas, antes de reanudar las negociaciones nucleares el próximo domingo en Ginebra.
No obstante, el ayatolá Movahedi Kermani ha condenado durante el sermón del viernes la publicación de las viñetas de Mahoma que ha calificado de “sacrílegas”. El predicador, que ha evitado mencionar el nombre de la revista, ha asegurado que el motivo de tal forma de actuar es que el islam está creciendo y haciendo notar su presencia en Occidente.
 La portavoz de Exteriores, Marzieh Afkham, calificó de “ofensa a los musulmanes” la decisión de Charlie Hebdo. Pero Kermani, y los medios iraníes que se hicieron eco de sus palabras, se centró sobre todo en criticar la presencia del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en la marcha anti terrorista de París. “Es sorprendente que estos criminales participen en una manifestación y condenen el terrorismo, cuando ellos no son sólo los verdaderos terroristas, sino que fomentan el terrorismo”, declaró el clérigo jaleado por las habituales consignas de “Muerte a América, Muerte a Israel, Muerte a Inglaterra”.

Rajoy, cuidado con los Ciudadanos / Manuel Molares do Val *

“¿Quieren los españoles que presentemos para los combates municipales, autonómicos y generales de este 2015 a políticos jóvenes?”, le preguntó Mariano Rajoy al sociólogo Pedro Arriola, su Oráculo de Delfos. 

“Los dioses me indican que tus enemigos de la izquierda, el pequeño Pablo Manuel Iglesias y Pedro Sánchez no te derrotarán, pero cuídate del catalán Albert Rivera, el de Cuidadanos, C's, que se agiganta en toda España robando votos a izquierda y derecha”, auguró Arriola. 

“¿UPyD no cuenta ya?”, y el Oráculo, que salió de Delfos para profetizar este fin de semana en Toledo ante la dirección nacional del PP, le dijo: “UPyD está en ligera cuesta abajo; quien cae rápido es Izquierda Unida”. 

“Necesitamos caras nuevas que compitan con el pequeño Pablo, contra Pedro Sánchez, que está muy despistado, y sobre todo contra Rivera, el mejor articulado de ellos”. 

El pequeño Pablo, la sorpresa política de 2014, encontró campo fértil: muchos españoles creen estar peor que nunca, y es porque gastaron durante muchos años como nuevos ricos y ahora deben pagar sus deudas, y él ha sabido crear odio y deseos de venganza contra los políticos veteranos, sobre todo porque un buen número de ellos los estafó. 

Por eso el PP busca gente limpia, sabiendo que el pequeño Pablo y los suyos son frágiles: vienen con corruptelas de contratos, becas y endogamias del género de buitre universitario. 

Limpio está Albert Rivera y a él hay que oponerle jóvenes populares también sin tacha, al menos mientras no se descubra alguna. 

Y parece que tienen a dos recién nombrados portavoces para combatir en tertulias y mítines. 

Atentos a estos nombres de magníficos polemistas: el palentino Pablo Casado y el catalán José Luis Ayllón, que debatirán en nombre del PP y del Gobierno.

(*) Marino, ingeniero, periodista ex corresponsal de la agencia Efe en México, Bélgica, China y EE.UU.

¿Puede ser Ciudadanos el Podemos de la derecha? / Ignacio Escolar *

Es la sorpresa en las encuestas. Según los últimos sondeos publicados, el partido liderado por Albert Rivera estaría hoy en cuarto lugar, por delante de IU y UPyD, conseguiría hasta un 8% de los votos y sigue subiendo. Ciudadanos es un 'atrápalotodo': ya saben, ni de izquierdas ni de derechas. Se reivindica como la tercera vía liberal que nunca existió en España, entre PP y PSOE, y se ha convertido en un refugio para aquellos votantes de ambos grandes partidos que comparten el diagnóstico de Podemos sobre la casta y el bipartidismo, pero que ven a los de Pablo Iglesias demasiado radicales para su gusto. Es la rebeldía dentro del sistema, o el reformismo rupturista, o el cambio tranquilo y sin coleta. Es una opción que en Catalunya le ha pegado un bocado mortal al PSC y que en el resto de España preocupa al PP porque podría dinamitar su estrategia contra Podemos: esta consigna de "o Rajoy o el caos" con la que quieren salir vivos del año donde puede cambiar todo.

En 2015, la campaña electoral no terminará nunca. Comienza dentro de un par de semanas en las griegas –de claras consecuencias para España–, sigue en mayo con autonómicas y municipales, continuará con las catalanas y acabará en las generales. Es un menú de cuatro platos en el que, de postre, tampoco se puede descartar que también haya adelanto electoral en Andalucía. 

Las armas de Mariano Rajoy para sobrevivir a un 2015 del que el PP sin duda saldrá con menos poder del que hoy tiene –más es imposible– son dos. Por un lado, la recuperación económica. Por el otro, la polarización contra Podemos y el voto del miedo.

La recuperación, esta vez, no parece tan voluntarista, al menos para las grandes cifras macroeconómicas (de las que a corto plazo no se come). El año 2015 arranca para España con bastante mejor pinta de lo habitual en estos años, a pesar de la deflación. El desplome en el precio del petróleo es un regalo. La depreciación del euro, una excelente noticia para el turismo y para las exportaciones. Y la probable compra de deuda pública por parte del BCE –al fin determinado a actuar, si no lo impide Alemania– es otra buena noticia para el sur de Europa. ¿Se acabó la crisis? 

No tan rápido: el desastre seguirá para esa mayoría de españoles que se han empobrecido en estos años y que van a seguir muy lejos de la situación que tenían cuando empezó esta pesadilla. Pero sin duda la economía española empieza 2015 con varias bazas buenas, a pesar de que este cambio en las expectativas tiene muy poco que ver con un milagro Mariano o con esa virgen del Rocío a la que se encomienda Fátima Báñez. 

Más allá del trompeteo sobre la recuperación económica –que por otro lado cabreará a esa mayoría que no vea tanto brote verde en su vida cotidiana–, la otra gran apuesta electoral del PP es la polarización: o Rajoy o el caos. O el PP o Podemos. Es una estrategia burda, pero la historia electoral demuestra que funciona. Consiste en movilizar el voto a la contra para compensar la ausencia de voto a favor; movilizar al electorado cabreado con el miedo a que gobierne Podemos, en vez de con la (poca) ilusión que hoy provoca el PP, incluso entre el votante de derechas. A esto responde esa estrategia del PP de hablar exclusivamente de Podemos. Tras comparar a los de Pablo Iglesias con Hitler, Mussolini, la ETA y hasta "la caca", parece complicado que los portavoces del PP puedan mantener este nivel durante todo el año. No se apuren. Con Rajoy es posible. 

Desde el PP, según sus encuestas y análisis internos, aseguran que hoy están en el 26% o 27% de los votos. Pero confían en salvarse de la quema y mantenerse en La Moncloa si superan el 30%. Hace unos años, un porcentaje así era derrota segura para cualquiera de los dos grandes partidos. Pero el voto se va a fragmentar tanto que aquel que supere el 30% es probable que sea el más votado. Además, la ley electoral ayudará a que ese porcentaje de los sufragios se convierta después en una mayoría más holgada en los escaños. 

¿El gran escollo en este plan que en el PP cree insumergible? Sin duda, Ciudadanos: el atractivo que este partido tiene para votantes conservadores que ya no pueden con el PP, que desprecian a Mariano Rajoy y desconfían de su palabra, pero que tendrían que volver a nacer para votar a Pablo Iglesias o al PSOE. Es evidente: aunque haya un porcentaje para nada desdeñable del voto del PP que se va a pasar a Podemos o también al PSOE, la derecha no va a volatilizarse en España de un día para otro. Gran parte de ese voto que le ha desaparecido al PP en las encuestas está hoy en la abstención. Y de la abstención es más fácil recuperar a los desencantados (con el espantajo del miedo). Otra cosa, claro está, es cuando esos exvotantes se largan a otro partido, como bien sabe hoy el PSOE ante ese amplio porcentaje de sus electores que se han pasado a Podemos.

¿Conseguirá Ciudadanos convertirse en el Podemos de la derecha o, al menos, fragmentar el voto conservador? Ya veremos; la historia reciente de la política en España demuestra que es arriesgado hacer pronósticos a largo plazo. Pero sin duda Ciudadanos tiene muchas más papeletas para dar ese campanazo que el intento fallido de Vox, o que UPyD, que llega a este año electoral con una debilidad notable. Además, el calendario ayuda para que pueda pasar como con las europeas, donde un partido que logró cinco escaños y quedó en cuarta posición hoy es recordado como el gran triunfador de esas elecciones y aparece en primer lugar en las encuestas. Si Ciudadanos queda en cuarto lugar en las plazas más clave de las autonómicas y municipales de mayo –especialmente en Madrid y Valencia–, esa posibilidad quedará abierta. 

(*) Director de www.eldiario.es

Croacia vota eliminar la deuda de sus ciudadanos más pobres

ZAGREB.- El gobierno croata votó ayer jueves un mandato que eliminaba la deuda de sus ciudadanos más pobres, con un programa que podría costar a los acreedores hasta 2.100 millones de kunas, unos 273 millones de euros según los tipos de cambio actuales.

Bajo la ley, las deudas de hasta 35.000 kunas serán eliminadas para aquellos ciudadanos que o bien reciban ya subsidios del Estado o sus ingresos mensuales no superen las 1.250 kunas por miembro de la familia. No pueden tener otras propiedades o ahorros.
"Estimamos que esta medida será aplicable a unos 60.000 ciudadanos", dijo el viceprimer ministro Milanka Opacic en una reunión del Consejo de Ministros. "Tendrán la posibilidad de empezar de nuevo sin la carga de la deuda".
El programa del gobierno incluye a los principales bancos locales, las mayores empresas de telecomunicación, las cuatro ciudades más grandes del país y a varias compañías de servicios públicos. El gobierno no pagará las deudas: los acreedores las absorberán.
A finales de julio del año pasado, hasta 317.000 de los 4,4 millones de habitantes de Croacia tenía su cuenta bancaria bloqueada por facturas impagadas.
"Es la primera vez que un gobierno (croata) intenta solucionar este difícil problema y estamos orgullosos de ello", dijo el primer ministro Zoran Milanovic.
Croacia ha sufrido una recesión que ya se prolonga durante seis años consecutivos. La mayoría de las predicciones sitúan el crecimiento para este año en cifras que no superan el 0,5 por ciento.

El Movimiento Nacional / Ramón Cotarelo *

Sabido es, el franquismo descansaba en el ejército, la Iglesia y un confuso ente llamado Movimiento Nacional ideológico a la par que institucional, que contaba con una Ley de Principios de carácter constitucional. Un partido único, en definitiva, con un secretario general que era a la vez ministro y un jefe nacional, a modo de presidente, que era el Jefe del Estado, caudillo de España por la gracia de Dios. 

Ese ente magmático estructuraba la carrera política de los franquistas, igual que el cursus honorum de los romanos, e iba siempre sobre dos carriles, el del partido y el del Estado. Se empezaba como jefe local del Movimiento y, por ende, alcalde; se seguía como jefe provincial y, en consecuencia, gobernador civil y, ya lo hemos visto, se terminaba como jefe nacional y, como es lógico, caudillo de España. Una carrera política en un partido que era el Estado y un Estado que era el partido.

Lo que está haciendo el PP, ya desde su refundación en 1989, si no antes, es reproducir el modelo franquista. La pertenencia al partido es una carrera política. Los militantes son también cargos públicos. Son alcaldes, presidentes de comunidades autónomas, consejeros, diputados, senadores, ministros. Son profesionales de la política como en el franquismo. Pero, a diferencia de la Dictadura, que garantizaba a los militantes los cargos institucionales porque Franco los nombraba a todos, incluidos los alcaldes, la democracia introduce un elemento de incertidumbre si, por ejemplo, se pierden unas elecciones. Los partidos no solo acusan las derrotas electorales en descensos de sus presupuestos, sino también en el aumento de las cesantías. Para evitar esta desagradable situación de los políticos "en suspenso", por así decirlo, el PP parece haber generalizado el cobro de sobresueldos. El sobresueldo ayuda a llevar los tiempos de sequía en cargos públicos.

Luego, cuando se retorna a los cargos públicos se supone que se renunciará al cobro de sobresueldos, entre tanto, objeto de indagaciones judiciales por su naturaleza sospechosa. A veces no es así. En realidad, los sobresueldos son la corrupción institucionalizada de unos profesionales que tienen el partido como una empresa para repartir beneficios. 
Y ¿qué produce esa empresa? Esencialmente ideología que se articula luego en políticas de desmantelamiento de todo lo público. Basta con escuchar al nuevo alevín a quien Rajoy ha puesto de portavoz de la campaña, ese petimetre heredero de Mont Pelerin pasado por algún think tank de descerebrados cuando dice que Papa Estado no tiene que decirme nada o algo así de ingenioso. 
A él, en concreto, tiene todo que decirle por cuanto, si mis datos no son falsos, lleva toda su vida cobrando sueldos públicos excepto dos meses que estuvo en algún banco suizo. Y no es broma. Como no lo es el caso de este jardín de flores neoliberales que pasan la vida entrando y saliendo de puestos públicos o semipúblicos, como son los del partido. 
Es el caso de Hernando, Báñez, Mato, Arenas, Casado, etc. Por no hablar de Cospedal, Aguirre, Ruiz Gallardón, Aznar o el propio Rajoy, todos ellos altos funcionarios o fedatarios públicos que llevan toda la vida en política en cargos desde los que predican y actúan en contra de lo público, del Estado al que juraron (estos son todos de jurar) servir.

Esa reproducción del Movimiento Nacional es la causa de la corrupción generalizada. Los casos de Matas, Fabra, Baltar, Bárcenas, la Gürtel, Pandora, etc no son "casos aislados". Son pruebas de una corrupción institucionalizada, estructural, una forma ordinaria de actuación del partido del gobierno. De hecho, hay algún juez que ya imputa un comportamiento ilícito al partido como tal, que se ha lucrado de presuntos delitos. Sin ningún tipo de límite. 
Hasta ayer mismo muchos se escandalizaban de que la corrupción valenciana hubiera llevado a pegar mordidas con motivo de la visita del Papa. Hasta ayer, cuando se supo que el PP podría haber financiado su edificio de Bilbao con dinero de donaciones a favor de la lucha contra el terrorismo. Como cuando Roldán estafó a los huérfanos de la Guardia Civil o Urdangarin, al parecer, a una asociación de discapacitados o algo así.

Realmente, hay una conciencia de indignación ciudadana notable. Es la que ha llevado al gobierno de la derecha a pertrecharse material y jurídicamente para reprimir las manifestaciones posibles de descontento popular. La Ley Mordaza es literalmente un abuso. La tendencia autoritaria insoportable. Esas medidas de seguridad por decreto contra el terrorismo yihadista que el PSOE está negociando con el gobierno preanuncian represión indiscriminada de musulmanes.

Sánchez ha estado especialmente desafortunado al ofrecer su apoyo al gobierno en nombre de la doctrina de la seguridad. Lo primero que hizo Bush Jr., fue formular una doctrina de la seguridad nacional que propugnaba políticas preventivas, con las cuales llevó a su país a la guerra del Irak. A su país y a medio mundo. Eso de la seguridad es demasiado serio para dejarlo en manos de gente con pocas luces.

¿O va a apoyar Sánchez también en nombre de la seguridad esta nueva vuelta de tuerca dictatorial de dar plenos poderes a Rajoy? Porque de eso se trata. 


Paseando la bandera


Efectivamente, los griegos han podido escuchar a Pablo Iglesias por la televisión, pidiendo en inglés el voto para Alexis Tsipras, de Syriza, porque es un candidato griego (la otra es Angela Merkel por intermedio de ND y el PASOK) que devolverá al país la soberanía nacional. Esa expresión traerá cola en España. Los nacionalistas españoles pedirán la misma contundencia en favor de la soberanía nacional española y los catalanes en favor de la catalana. Porque, dirán, no está bien proclamar fuera lo que no se defiende dentro. Eso es lo que hace Rajoy cuando acude a luchar por la libertad de expresión en París pero la reprime en Madrid.

Iglesias se ha dirigido a los griegos en inglés correcto, directo y sintético. Ha sido una aparición en plasma, como la famosa de Rajoy, pero con fuerza presencial. Ni en plasma puede Rajoy dirigirse a los griegos porque no es que no hable inglés; es que tampoco lo lee. Así que, nada, a tomar un avión y presentarse en Atenas, abrazarse a Samaras, arengar a la población en ese español que el presidente se gasta y decir las cosas que dice. Ha dicho a los griegos que prometer imposibles solo genera frustración. Podría haber añadido que lo sabe por experiencia porque tiene al país rabiando. Incluso en su partido. Si Iglesias ha ido a decir a los griegos algo que le pueden cuestionar en casa, la advertencia de Rajoy suena directamente a pitorreo.

Lo cual demuestra que el auditorio en el que piensan los oradores es español. Pedir el voto para Tsipras es pedírselo a los españoles para su alter ego peninsular. Decir a los griegos que no voten a Syriza, es decir a los españoles que no voten a sus primos hermanos los adanes de los imposibles. Uno puede pensar lo que quiera del razonamiento de Iglesias, pero lo que dice es bastante razonable. Lo de Rajoy, en cambio, es un dislate porque si alguien ha prometido imposibles ha sido él. Admitido por él mismo. Pero no concluye que haya generado frustración sino, al contrario, optimismo, ilusión, sano crecimiento, raíces vigorosas. O sea, una misma promesa genera frustración u optimismo, según lo decida Rajoy. Un dislate.

Los dos discursos en el ágora han sido opuestos en todo. El de Iglesias fue positivo, pidiendo el voto para Syriza y, de rebote, para Podemos. El de Rajoy, negativo, pidiendo que no se vote a Syriza.

El tercer político con aspiraciones, Sánchez, está en Washington, entrevistándose con la directora del FMI. También fuera. Pero no en Grecia en donde los socialdemócratas acaban de escindirse y es probable que ni siquiera sepa aún de qué lado caerán los españoles. De todas formas, antes de salir, ha dejado un regalito envenenado en forma de acuerdo con el PP para legislar ad hoc contra el terrorismo yihadista. Envenenado para los suyos, obligados a defender lo indefendible, esto es, que se colabore con un gobierno que restringe las libertades y derechos cuanto puede, solo por ese prurito de dar imagen de sentido de Estado. Es que es de risa. Terrorismo yihadista, cuando nadie sabe qué quiere decir eso ni por aproximación y, por lo tanto, puede significar cualquier cosa y encubrir cualquier atropello.

La subalternidad de la socialdemocracia frente a la derecha española más cerril es lamentable. Ahora que el Tribunal Supremo puede abrir una línea sucesoria de bastardía en la Corona es un buen momento para que Sánchez precise hasta dónde llega su adhesión a la monarquía frente a esa República que dice llevar en su corazón y que, podrá ser nefasta, oligárquica, mediocre, lo que se quiera, pero no ridícula, porque la sucesión en la máxima magistratura depende de la voluntad de la gente y no de los lances amatorios del Jefe del Estado.

(*) Catedrático de Ciencia Política en la UNED