MADRID.- El sacerdote y teólogo Benjamín Forcano ha declarado a www.elplural.com
sobre el caso que atañe al presidente del Consejo General del Poder
Judicial y del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, que “una cosa es ser
católico y otra que uno diga que lo es”. Piensa que el caso de los
viajes viene bien “para derribar el endiosamiento de los jueces” y
afirma en cuanto a quienes alardean de practicantes que “el culto
desconectado de la vida en un cristiano, es pura herejía”.
P: ¿Como cree que Carlos Dívar, presidente del Poder
Judicial y del Tribunal Supremo, puede compatibilizar su condición de
católico, de la cual hace gala, con la conducta manifestada en sus 20
viajes a Málaga, con 24 cenas y 8 comidas a cargo del erario público?
R: Bueno, viene como anillo al dedo el que, en una
sociedad mayoritariamente católica, puede ponerse a debate esto de ser
católico, porque una cosa es ser católico y otra que uno diga que lo es.
Y lo que voy a decir vale para todos, incluso para muchos que ahora
señalan con el dedo al señor Dívar. ¿Cuántos católicos de verdad, con
una fe personalizada, culta y actualizada hay hoy en España? ¿Cuántos
no hemos incurrido en los mismos defectos que ahora nos provocan
indignación?
P: Usted extiende el caso a otras personas y sectores.
R: Claro, pero quiero aclarar cuatro cosas: 1. Yo no voy a
juzgar al señor Dívar. Pero toda persona tiene una dimensión pública que
alcanza a los demás y ella debe ejercerse con respeto de los derechos
de todos. Y eso sí lo podemos juzgar. 2. Me interesa más que el caso
concreto del señor Dívar, el sistema o condiciones culturales y
sociopolíticas que hacen posible una actuación irregular y reprobable
como ésta y que aparece retratada en la conducta de muchos ciudadanos de
la gestión pública y privada, que son los que mayormente perciben
pingües remuneraciones. 3. La condición de ser católico está
nítidamente expuesta en los principios y valores del Evangelio, que
desde siempre nos advierte contra posibles falsificaciones,
manipulaciones o exterioridades que no cuadran con el seguimiento de
Jesús de Nazaret. 4. Somos muy dados a alzar la voz cuando alguien cae
en desgracia y practicamos a la ligera la crueldad, en lugar de
aplicar el hacha a donde de verdad está el mal y que, de hacerlo, nos
comprometería seguramente a todos.
P: ¿Qué le sugiere entonces la tormenta levantada en torno al Consejo General del Poder Judicial?
R: Pues mire, que era necesaria para derribar el endiosamiento
de los jueces. Son hechura humana como los demás y, cuando fallan, se
creen intocables. La institución judicial es una de las más importantes
de la democracia, pero han abusado. Se creyeron estar por su profesión a
la par de los dioses, pero se dejaron encandilar por la sierpe de su
egoísmo y vanidad humanos.
P: ¿Qué señala como pieza clave de este asunto?
R: Me importan los hechos. Si hay miles y miles de españoles
que no cobran al mes los mil euros; y otros miles y miles que no llegan
ni a eso, ¿cómo es posible que los miembros del Poder General Judicial
cobren al año 84.000 € y su presidente 130.000 €, más que los mismos
presidentes del Gobierno? Ahora se les ha visto que pensaban así: ellos
mismos se hacen la ley para aprobar que no están obligados a declarar
los motivos y gastos de unos viajes que pagamos todos; corporativamente
han ocultado comportamientos y abusos que eran denunciables; y han
declarado a través de su portavoz que ellos siempre han procedido con
independencia y responsabilidad y consideraban una ofensa toda suerte
de crítica.
P: ¿A qué se debe esa prepotencia de los gestores públicos?
R:No entiendo que, en una sociedad democrática,
profesionales públicos del sector que sea, puedan cobrar por su trabajo
veinte, quince o diez veces más que el resto de los ciudadanos. Y no
entiendo que no sean ellos los que, desde su propia conciencia y ética
civil, promuevan una reforma de esa desigualdad escandalosa. Siendo así,
todas sus palabras se las lleva el viento, pues no hay nadie que,
viendo a prójimos cercanos en situaciones de necesidad y miseria como
las que estamos viviendo, se cruce de brazos y no se sienta solidario.
P: Luego, no son solidarios.
R: Todos ellos tienen esa capacidad solidaria, les sobra mucho
de lo que a otros les falta y, no obstante, en lugar de bajar apuntalan
más sus sueldos y no piensan que su nivel de vida, amasado con lo
impuesto (sustraído o robado) al común de los ciudadanos, no les
pertenece y se convierte en insulto. Los representantes de las
instituciones abundan en grandes palabras y prometen mucho, pero no son
creíbles, porque nada como el ejemplo convence. Palabras sin obras no
tienen dignidad.
P: De estos puntos que señala,¿ cuáles considera de mayor urgencia en este asunto que comentamos?
R: La desigualdad, el despilfarro, la injusticia y la
insolidaridad que estamos viviendo provienen de un sistema que fomenta
el egoísmo, la competencia agresiva y el afán insaciable por lo material
y el dinero. Ese sistema opera a nivel global, nos mercantiliza, está
en manos de unos grupos financieros terribles y nos deshumanizan.
Obviamente, es en este mundo neoliberal globalizado donde se plantea el
papel que juega la fe en un ciudadano católico. Y ahí vienen las
interpretaciones de los mismos católicos, unas en línea con el
Evangelio y otras no tanto.
P:¿Cómo saber las que están en línea y las que no?
R: Se puede discernir en qué consiste ser católico simplemente
con abrir el Nuevo Testamento y leer las enseñanzas de Jesús de
Nazaret. Le indico una que determina la identidad precisa de quien
quiera ser seguidor de Jesús:
Un jurista le pregunta a Jesús qué debe hacer para heredar la vida
eterna. El mismo jurista, a instancias de Jesús, contesta “Ama a Dios
con todo corazón y al prójimo como a ti mismo”. “Perfecto”, le responde
Jesús. “Pero, ¿y quién es mi prójimo?” le replica el jurista. Y sigue
la respuesta del Nazareno: “Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, lo
asaltaron, lo molieron a palos y lo dejaron medio muerto. Pasaron por
allí un sacerdote y un clérigo. Y los dos hicieron lo mismo: dar un
rodeo y pasar de largo. Pasó un samaritano, lo vio, sintió lástima, lo
atendió y lo llevo a una posada y lo cuidó”. “Jurista amigo, concluyó
Jesús, ¿cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó en manos de los
bandidos?” “El que tuvo compasión de él”, contestó. “Pues anda,
terminó Jesús, haz tú lo mismo”.
Si alguien se muestra perplejo entre seguir esta pauta u otras para ser un buen católico, que lo diga.
P: Hablamos de personas que realizan muchas prácticas devocionales pero no conectan con las necesidades de la gente.
R: Ahí está la clave. Un culto desconectado de la vida,
desposeído de la pasión por la justicia, en un cristiano es pura
herejía: separa el amor a Dios del amor al prójimo. Hace unos días, me
encontraba en Zaragoza, visité a la Virgen del Pilar y, al salir, me
encontré con un pequeño círculo de gente que, en silencio, a medias
entre la Basílica y el Ayuntamiento, mostraba pancartas que decían: “Iniciativa no violenta, ningún ser humano es ilegal”
. Me sumé y observé cómo los devotos del Pilar, muchos, salían y casi
con miedo, apenas miraban, pasaban y pasaban. ¿Qué era mejor y más
católico arrodillarse ante la Virgen y, a solas o entre rezos y cantos
alabarle o también reconocerle y apoyar aquella iniciativa de tanto hermano proscrito y desatendido en esta Europa financiera y desalmada?
P: O sea que el culto por sí mismo no vale.
R: El también es esencial. El culto es
hermoso, pero cuando va acompañado y transido de amor y de
justicia.,…Pero, me temo, que muchos católicos viven refugiados en el
templo, en los rezos, en las plegarias rutinarias, en las velas e
inciensos , en la adoración nocturna, en las novenas, en las
procesiones, en las misas, sin que oigan el grito que ya los profetas
lanzaban en el Antiguo Testamento: “No os habéis vuelto a mí, porque
practicáis la hipocresía de un culto vano” ( Am 5,21-23 Y en la misma
línea se pronunció el gran profeta de Nazaret: “Ay de vosotros,
juristas, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras
vosotros ni las rozáis con el dedo” (Lc 11,46)
P: Señala usted que hay quien alardea de catolicismo y actúa poco.
R: La buena intención y sinceridad de muchos católicos, de las
que yo no dudo, necesita confrontarse con la práctica y enseñanza de
Jesús. El católico de verdad no es ñoño ni piadosista, sino que trata
de proceder como Jesús: con amor, que supone la justicia, la coherencia y
la solidaridad. Muchos católicos de nuestra sociedad, que militan en
los grandes partidos, debieran exorcizar los demonios de su política y,
por lo menos, no pasar como católico lo que en modo alguno cuadra con
el Evangelio: la desigualdad, la injusticia, la insolidaridad, la
prepotencia y la inmisericordia están en la antítesis del Evangelio.
Benjamín Forcano
Aragonés, de Anento (Zaragoza), sacerdote en 1962,
incardinado con cinco compañeros de su comunidad a la
Prelatura de Pedro Casaldáliga. Teólogo moralista, director por trece
años de la revista Misión Abierta, miembro de la Directiva de la revista
EXODO, confundador (junto con nueve compañeros más) de la Asociación
de Teólogos Juan XXIII; profesor de Teología Moral por más de 25 años en
diversos Centros. Como escritor podemos citar los libros “El Sueño de
los Pobres”, “Nueva Etica Sexual”, “Leonardo Boff”, “El Evangelio como
Horizonte” (3 vol.), “Bernard Häring: su obra y personalidad”, “Yo
creo en la resurrección”, “Homenaje a Pedro Casaldáliga”, Por qué el
terrorismo”, “ Otra perspectiva más tuya”, “Con la libertad del
Evangelio: temas de nuestro tiempo” , “Educación para la ciudadanía y
los derechos humanos”.